La escalada de contagios por coronavirus vuelve a cambiar el tablero político y hasta descoloca la ofensiva sobre las PASO

Todo parece reducido a las restricciones de circulación. Pero eso mismo desnuda las limitaciones en un delicado cuadro social. El propio énfasis en las cifras de contagiados expone como frívola y extemporánea la discusión sobre los comicios. Y asoma un peligroso discurso que culpa a los jóvenes y elude responsabilidades propias

La ministra de Salud, Carla Vizzotti, principal vocera del Gobierno en la política frente a la pandemia
La ministra de Salud, Carla Vizzotti, principal vocera del Gobierno en la política frente a la pandemia

La cifra de más de 20 mil contagios de coronavirus en un día resulta impactante por sí sola y más grave aún según como sea ajustado el foco con otros datos convergentes. Hubo más de 10 mil casos en la provincia de Buenos Aires, la marca más alta hasta ahora. Pesa sobre todo el Gran Buenos Aires y se anotan las cifras también crecientes en la Capital, con más de dos mil casos. Pero el GBA agrega un dato previo que sólo el vértigo de estos días y una peligrosa indiferencia oficial pueden haber relegado a un renglón olvidado: la pobreza trepó allí por encima del 50 por ciento según el último informe del INDEC. No es sólo difícil la vuelta a restricciones duras por razones económicas generales. Se suman las necesidades y las limitaciones que exponen fríamente esas cifras en la vida diaria.

Es al menos llamativo como en cuestión de horas o en un puñado de días un elemento puede pasar de funcional a contrasentido en materia política. El argumento para discutir ahora, sin demora alguna, la suerte de las PASO se apoya en un único punto: la situación sanitaria, con alerta sobre el crecimiento de contagios. Es lo que se enfatiza a pesar de la imposibilidad de proyectar un cuadro de aquí a agosto. Pero las cifras de nuevos casos, los temores -enormes, sobre todo en el Gobierno- y su proyección angustiante terminan dando un vuelco inesperado al tema. Al revés de lo supuesto, exponen como una frivolidad o un gesto insensible discutir frente a ese cuadro temas de conveniencia electoral.

Durante los últimos días, en el fin de semana, desde el oficialismo se insistió con la módica táctica de mostrarse a la ofensiva con la decisión de postergar las elecciones primarias de agosto a septiembre -y las generales, de octubre a noviembre-, además de exhibir posiciones más duras y partidarias de la cancelación de las PASO. En paralelo, lo que se dejaba trascender trascendía ese punto y avanzaba sobre lo que en todo caso debía ser leído como estrategia: buscar el mejor escenario electoral para el oficialismo.

En esa línea, eran anotados tres elementos básicos. El primero, naturalmente, correr las fechas de las elecciones. El segundo, concentrar el esfuerzo en asegurar una aceleración del plan de vacunación, lo cual resulta imprescindible y expone como contracara la gravedad de la lenta e irregular provisión de vacunas. Y el tercero, apostar a la contención de la inflación y a los “brotes” de la economía en el último cuatrimestre del año.

Las prevenciones en otras franjas políticas venían en ascenso. En Juntos por el Cambio generaba además debate y tensión interna. También Roberto Lavagna dio señales críticas. Y algunos aliados preferirían un acuerdo antes que quedar atados en Diputados a una modificación de la ley electoral como únicos acompañantes del Frente de Todos. Como sea, el oficialismo -tanto Máximo Kirchner como Sergio Massa y Eduardo Wado de Pedro, el funcionario más activo- descuenta que tendría el número para avanzar con el tema en la Cámara baja sin contar con JxC. En todo caso, por supuesto, preferirían sumar consenso.

El oficialismo rechaza que su movida sea fruto de una simple apuesta electoral. Atribuye esa lectura a los sectores considerados más duros de la oposición, pero ese cálculo político fue nutrido desde ámbitos oficiales como una muestra de recuperación de la iniciativa y de manejo de la agenda pública. Esa línea, querida o no por todos, termina jugando en contra de los sectores moderados de JxC, después de la movida que le dio categoría de consenso cerrado o principio de acuerdo a la conversación sobre las PASO con Cristian Ritondo y Jorge Macri que se dio en una mesa armada para anunciar fondos destinados a obras en el GBA.

Horacio Rodríguez Larreta, al llegar a la cita de Juntos por el Cambio. Internas y respuesta al Gobierno
Horacio Rodríguez Larreta, al llegar a la cita de Juntos por el Cambio. Internas y respuesta al Gobierno

JxC mantuvo este lunes una reunión plenaria sin faltazos como otras veces. Asistieron los principales referentes del PRO, la UCR y la CC-ARI, el jefe de gobierno porteño y los tres gobernadores radicales, y los jefes de los bloques e interbloques de Diputados y del Senado. El contexto externo ayudo a disimular criterios enfrentados. La sensación de quedar embestidos y subordinados a la ofensiva oficialista era un prólogo complicado para la oposición. Como resultado, y en medio de críticas por la situación sanitarias y el manejo de las restricciones, se buscó finalmente condicionar una negociación por las PASO sin cerrar la puerta y con la casi convicción de que el oficialismo igual avanzaría solo.

Dijo que el diálogo debe ser formal -es decir, con convocatoria oficial a la coalición- y que en todo caso, debería hablarse de una “mejora estructural” del sistema electoral. Una manera de anunciar que iría a esa mesa con el planteo de la boleta única como principal tema, para no quedar enredado sólo en la fecha de las primarias. Lo de la boleta única también fue reclamado por Lavagna, en lo que aparece además como un intento de reponer la tercera opción y no regalar ese lugar.

La vuelta del coronavirus al tope de la agenda también muestra en política el efecto de un año largo transcurrido desde la primera cuarentena. Hay menos margen social y económico, y más temores frente a lo que se define como segunda ola. Impactan las cifras de contagio. Casi se duplica el número de áreas o departamentos considerados de “alto riesgo” en todo el país, y a la vez llaman la atención los niveles de letalidad menores a lo que sugerirían los números de la expansión del virus, al igual que la ocupación en terapia intensiva. La explicación sencilla es atribuir todo a los descuidos de los jóvenes, un reparto de culpas repetido y riesgoso.

Difícil arriesgar tendencias en medio de la incertidumbre de la pandemia. En cambio, las cifras de pobreza sí dejan lectura inmediata sobre el cuadro social. Un dato: en le segundo trimestre del año pasado -cuarentena dura- llegó al 47%. Hubo una baja temporal y los números volvieron a escalar en el último trimestre: anotó 45%. Eso explica las limitaciones del rebote económico y la fragilidad sobre la que deben moverse las medidas en materia sanitaria.

Se trata de administrar esas restricciones. Las medidas inmediatas giran en torno de la circulación. Se verá hasta qué punto más allá de la letra, mientras la mira apunta a la busca de culpables -ahora, en especial y peligrosamente los jóvenes-, sin balance alguno sobre responsabilidades propias del poder. Lo de las PASO suena de golpe extemporáneo. El cronograma electoral da margen para tratar el asunto al menos hasta mediados de mayo, momento de convocar formalmente a los comicios. Y si se quiere, hasta la segunda parte de junio, etapa para anotar alianzas y candidatos para la competencia interna. Nada urgente.


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