En las últimas dos décadas, el Perú ha experimentado una transformación demográfica que redefine su estructura social. La población de 65 años o más ya representa el 9,2% del total en el país, una proporción que más que duplicó el 4,3% registrado en el año 2000. Este cambio, expuesto por Milagros Estrada Ramos, analista de prospectiva económica del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan), anticipa un desafío creciente para los sistemas de salud, cuidado y protección social en el corto y mediano plazo.
La especialista explicó durante una entrevista televisiva que el aumento de este grupo etario debe leerse como un logro, reflejo de mejores condiciones sanitarias y mayor esperanza de vida. La esperanza de vida al nacer alcanzó los 77,7 años en 2023 y las proyecciones apuntan a que ese promedio siga subiendo y se acerque a los 90 años en las próximas décadas. Esta tendencia, que se observa a nivel global y regional, eleva el peso relativo de la población adulta mayor en la sociedad peruana.
El desafío no es solo cuantitativo. Estrada Ramos precisó que el reto actual consiste en permitir que más personas lleguen a edades avanzadas en mejores condiciones de salud y bienestar, lo que implica una presión permanente sobre los servicios públicos.
PUBLICIDAD
Prevalencia de enfermedades crónicas en la tercera edad
Uno de los datos más relevantes difundidos por el Observatorio Nacional de Prospectiva es que el 79,3% de las personas de 60 años o más padece enfermedades crónicas. Esta cifra, basada en estadísticas del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) y citada por Estrada Ramos, incluye afecciones como diabetes, hipertensión, hipertiroidismo y enfermedades respiratorias.
La analista aclaró que la presencia de una enfermedad crónica no implica necesariamente incapacidad para movilizarse o realizar actividades. No obstante, sí supone una necesidad de atención médica continua y frecuente, y no solo una consulta aislada.
Este punto concentra la principal demanda identificada por el diagnóstico presentado por Ceplan: la población adulta mayor requiere más acceso a controles médicos permanentes y a servicios de cuidado. Estrada Ramos diferenció ambas dimensiones al advertir que la atención médica no reemplaza el acompañamiento cotidiano que necesitan quienes han perdido parte de su autonomía.
PUBLICIDAD
Necesidad de servicios de apoyo y traslado para personas con dependencia
Dentro de este contexto, la especialista propuso fortalecer servicios que asistan en el traslado y en las tareas diarias de las personas mayores con dependencia funcional. Además, subrayó la importancia de que las entidades encargadas de diseñar políticas y planes incluyan en sus presupuestos el aumento de los costos asociados a la atención de este grupo, cuya proporción y complejidad seguirán en aumento.
A juicio de Estrada Ramos, la atención médica debe complementarse con servicios de cuidado y acompañamiento, sobre todo en los casos donde la dependencia es parcial o total. La especialista señaló que la mayor longevidad, aunque representa un avance, genera una presión añadida sobre los sistemas públicos y sobre las familias, que suelen asumir la mayor parte de la carga del cuidado.
La publicación del Observatorio Nacional de Prospectiva reúne información proveniente de diversas entidades para describir la situación de las personas mayores y resaltar las brechas en materia de salud, infraestructura y acceso a servicios.
PUBLICIDAD
Pobreza y vulnerabilidad entre los adultos mayores
El diagnóstico presentado por Ceplan también pone de manifiesto las dificultades económicas que enfrenta este segmento de la población. Según los datos expuestos por Estrada Ramos, alrededor del 12% de las personas de 60 años o más en Perú vive en pobreza monetaria, mientras que cerca del 13% se encuentra en pobreza extrema.
Ambos indicadores han aumentado en los últimos años: la pobreza monetaria pasó de valores cercanos al 10% a alrededor del 12%, y la pobreza extrema de cerca del 11% a aproximadamente el 13%. Esta situación limita la capacidad de los adultos mayores para cubrir gastos médicos y otras necesidades básicas, y se traduce en condiciones de vida menos adecuadas para esta etapa.
La vulnerabilidad económica se agrava en áreas rurales, donde las dificultades materiales son mayores. Estrada Ramos mencionó que los tiempos de espera para acceder a una cita médica pueden ser más prolongados, las condiciones de vivienda resultan más precarias y el nivel de desnutrición es alto, aunque no precisó una cifra puntual sobre este último aspecto.
PUBLICIDAD
Acceso desigual a servicios y pensiones
La distancia a los servicios sanitarios y la menor capacidad de pago profundizan la desprotección en amplias zonas del país, una situación documentada en el informe del Observatorio Nacional de Prospectiva. Estrada Ramos remarcó que no toda la población adulta mayor recibe una pensión o algún tipo de apoyo económico.
En consecuencia, la principal responsabilidad de cuidado sigue recayendo en las familias, una carga que tenderá a desbordarse a medida que aumente el número de personas mayores y la necesidad de asistencia especializada.
La analista sostuvo que los responsables de la formulación de políticas públicas deben anticipar el aumento de los costos asociados a la atención y cuidado de este grupo, así como fortalecer la infraestructura sanitaria y social para evitar que la vulnerabilidad se profundice en el futuro inmediato.
PUBLICIDAD
Perspectivas ante el envejecimiento poblacional
El envejecimiento de la población peruana representa un fenómeno estructural que demanda respuestas coordinadas desde el Estado, las familias y la sociedad en su conjunto. El informe del Observatorio Nacional de Prospectiva, compilado a partir de datos del INEI y otras entidades, concluye que el país se enfrenta a una transformación demográfica que traerá consigo desafíos en materia de salud, protección social y calidad de vida de los adultos mayores.
La esperanza de vida seguirá creciendo y, con ello, la proporción de peruanos mayores de 65 años continuará en aumento, exigiendo mayor atención a políticas sostenibles y a la creación de sistemas de apoyo que garanticen un envejecimiento digno, seguro y saludable para toda la población.
PUBLICIDAD