El sismo de magnitud 7.2 registrado este jueves 20 de agosto a las 13:00 horas sacudió gran parte del territorio peruano y generó alarma en varias regiones. El epicentro se ubicó en Coracora, provincia de Parinacochas, región Ayacucho, a una profundidad de 108 km. Hernando Tavera, jefe del Instituto Geofísico del Perú (IGP), descartó daños estructurales en la zona epicentral hasta el momento de su reporte y explicó los factores técnicos que determinaron el comportamiento del movimiento.
Según Tavera, la profundidad del sismo fue determinante para entender por qué se percibió en lugares tan distantes como Lima, Abancay, Arequipa, Ica y Puno. “El sacudimiento del suelo se ha percibido a distancias bastante grandes”, señaló. En Coracora, la población salió rápidamente a las calles, asustada, pero sin reportes de colapsos. En los cerros aledaños se registraron desprendimientos de tierra y piedras que generaron polvareda, y en la zona de Nazca se produjo un corte del servicio eléctrico.
Por qué se sintió tan lejos
La profundidad de 108 km es el factor central para comprender el alcance del sismo. A mayor profundidad, las ondas sísmicas viajan por una mayor extensión del territorio antes de alcanzar la superficie, lo que explica que el movimiento se haya percibido desde la costa hasta el altiplano. Tavera precisó que esta misma profundidad es la que amortigua el impacto directo sobre la zona epicentral.
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“El daño en zona epicentral va a suceder cuando los suelos no tienen buenas condiciones, las estructuras no tienen buenas condiciones”, explicó el jefe del IGP. Lo que sí ocurre con frecuencia en estos eventos, independientemente de la profundidad, es el desprendimiento de tierra y piedras en los cerros, que fue exactamente lo que se registró en los alrededores de Coracora.
La intensidad medida por el IGP en Coracora fue de entre 3 y 4 en su escala interna, un valor que indica que la población salió a espacios abiertos con susto pero sin daños mayores. Cuando ese valor supera ese umbral, advirtió Tavera, es cuando se puede comenzar a hablar de afectación estructural.
Los daños en la zona epicentral
Uno de los puntos que Tavera subrayó con mayor énfasis fue la relación entre magnitud y daño, que no es directa ni automática. “Los daños estructurales ocurren cuando los sismos generan altos niveles de sacudimiento del suelo. No está directamente asociado a la magnitud del sismo”, afirmó.
Este punto es clave para entender por qué un sismo de 7.2 puede no generar colapsos mientras que uno de menor magnitud, pero más superficial y en suelos con peores condiciones, puede ser devastador. La calidad de las construcciones y la composición del suelo son los factores que, en última instancia, determinan el nivel de destrucción.
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El jefe del IGP también descartó cualquier relación de causalidad entre el sismo de magnitud 3.6 registrado en Arequipa a las 8:30 horas del mismo día y el de Ayacucho. “La única relación que tienen es que han sido generados por el mismo proceso geodinámico que tenemos frente a la zona costera”, indicó, pero aclaró que no es posible afirmar que uno disparó al otro.
La relación con el Cinturón de Fuego
El Perú forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas de mayor actividad sísmica y volcánica del planeta. Tavera recordó que en esta región los sismos ocurren de manera permanente y que el evento del 20 de agosto no es una anomalía sino una expresión más de esa dinámica. “Desde la ciencia no podemos ni decir que no va a haber más sismos o va a haber más sismos. No podemos, porque no controlamos a la naturaleza ni tampoco tenemos una bola de cristal”, sostuvo.
Ante la consulta sobre si el sismo de Ayacucho podría anticipar un evento de mayor magnitud cerca de Lima, Tavera fue categórico: la ciencia no permite ese tipo de predicciones. Lo que sí reafirmó es que los sismos seguirán ocurriendo donde siempre han ocurrido. “Vivimos en un país sísmico, eso es lo que tenemos que tener muy claro en la cabeza”, dijo.
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Qué hacer ante un sismo
Más allá del análisis técnico, Tavera aprovechó la entrevista para insistir en la cultura de prevención como la herramienta más efectiva frente a la sismicidad permanente del país. Su recomendación principal fue realizar simulacros domésticos todos los fines de semana, dedicando apenas quince minutos a revisar el estado de la vivienda, identificar rutas de evacuación y localizar las zonas de seguridad estructural dentro del hogar.
“Si hacemos [el simulacro doméstico] cada sábado, cada domingo en quince minutos, al final vamos a tener una cultura de prevención”, señaló. Y ante la consulta sobre si es correcto esperar a ver si un sismo se intensifica antes de actuar, fue directo: “Apenas se comienza a movilizar el suelo, inmediatamente es que uno tiene que buscar sus zonas de seguridad y eso se llama cultura de prevención”.
Citó como modelo la respuesta de la población japonesa, que ante cualquier movimiento, por pequeño que sea, se desplaza de inmediato a los puntos de seguridad. Esa conducta, dijo, es el resultado de años de práctica sistemática y es el estándar al que el Perú debe aspirar.
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