El próximo gobierno del Perú recibirá una economía con señales mixtas: por un lado, una recuperación de la inversión privada y una mejora en algunos indicadores de crecimiento; por otro, desafíos pendientes como el déficit fiscal, la elevada informalidad y la necesidad de elevar la productividad. Para los especialistas, las decisiones tomadas durante los primeros meses de gestión serán determinantes para definir la confianza empresarial y el ritmo de expansión económica.
Jack Zilberman, decano de la Facultad de Negocios de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), señaló a Infobae Perú que el país llega a esta etapa con mejores condiciones de las que refleja la incertidumbre política. Según explicó, el déficit fiscal cayó al 2,2% del PBI en 2025 y la economía cerró ese año con un crecimiento de 3,4%, impulsada principalmente por el gasto privado y la generación de empleo formal.
El desafío fiscal: reducir el déficit sin frenar la inversión
Para Zilberman, el nuevo gobierno deberá evitar que la consolidación fiscal afecte el crecimiento que empieza a recuperarse. Consideró que la reducción del déficit no ocurrirá automáticamente y que existen riesgos vinculados al aumento del gasto público y a problemas estructurales como la situación de PetroPerú.
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“Esa empresa es hoy un agujero fiscal estructural que el nuevo gobierno no puede seguir ignorando”, afirmó. En ese sentido, sostuvo que la reforma de la compañía estatal debe incluir cambios en su modelo de negocio y gobierno corporativo, además de evaluar una mayor participación privada en su gestión.
La economista Claudia Sícoli, Directora de la Carrera de Economía y Negocios Internacionales de la UPC, coincidió en que el ajuste fiscal debe enfocarse en mejorar la eficiencia del gasto corriente. “La reducción del déficit debe generarse en el ahorro público, especialmente en lo relacionado con generar una mayor eficiencia en los gastos corrientes de los tres niveles de gobierno”, explicó a Infobae Perú.
Ambos especialistas apuntaron a que el espacio para aumentar el gasto es limitado, por lo que la inversión privada tendrá un papel clave. Sícoli destacó que sectores como agro, construcción y pesca pueden generar empleo directo e indirecto, mientras que Zilberman resaltó el potencial de minería, infraestructura, turismo y servicios.
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La informalidad y el reto de ampliar la base tributaria
Otro de los principales desafíos será aumentar la recaudación sin afectar a los contribuyentes formales. Zilberman sostuvo que el problema histórico del país ha sido concentrar la presión tributaria en los mismos sectores, mientras una gran parte de la economía permanece fuera del sistema.
“El enfoque correcto no es subir tasas, sino ampliar la base”, afirmó. Para ello, planteó fortalecer las herramientas de la SUNAT, extender la facturación electrónica y modificar los incentivos para que más empresas ingresen a la formalidad.
Sícoli consideró que la solución pasa por promover la formalización empresarial y laboral. Según indicó, aumentar la cantidad de contribuyentes permitiría evitar que el peso tributario continúe concentrándose en quienes ya cumplen con sus obligaciones.
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Respecto a la microempresa, Zilberman advirtió que los costos asociados a la formalidad pueden convertirse en una barrera. “Contratar formalmente implica cargas adicionales del 50-60% sobre el salario base”, explicó, señalando que para muchos pequeños negocios asumir estos costos resulta complicado.
Productividad, salario mínimo y confianza empresarial
Los especialistas también analizaron el impacto del salario mínimo y las condiciones que enfrentan las empresas pequeñas. Zilberman señaló que el problema no está en el concepto del salario mínimo, sino en que debe guardar relación con la productividad de cada sector.
“Un salario mínimo que sube por decreto político, sin correlato en la productividad real de los sectores que lo deben pagar, no protege al trabajador; lo expulsa al mercado informal”, indicó.
Sícoli agregó que el incremento de la remuneración mínima puede afectar especialmente a las micro y pequeñas empresas, debido a que gran parte del tejido empresarial peruano pertenece a este segmento. Por ello, consideró necesario impulsar capacitación, acceso a tecnología y financiamiento productivo.
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Sobre las señales iniciales que debería enviar el próximo presidente, Zilberman afirmó que la primera decisión será la conformación del equipo económico. “El equipo económico comunica más sobre las intenciones de un gobierno que cualquier discurso de toma de mando”, sostuvo.
Finalmente, ambos expertos coincidieron en que el escenario político también influirá sobre el dólar y las expectativas empresariales. Zilberman explicó que una administración percibida como continuista podría mantener mayor estabilidad cambiaria, mientras que un gobierno con señales de mayor incertidumbre podría generar presiones sobre el tipo de cambio. Sícoli añadió que los mensajes contradictorios podrían afectar la confianza del sector privado y elevar la cautela de los inversionistas.