El desarrollo de nuevos proyectos mineros en Perú enfrenta demoras que pueden extenderse hasta 14 años, según advirtió Mario Saavedra, gerente general de Multotec en Perú y Chile.
La permisología, la ejecución y la incertidumbre regulatoria se han convertido en factores determinantes que frenan la capacidad del país para capitalizar la creciente demanda mundial de cobre.
El cobre, mineral estratégico en la transición energética
El crecimiento de la demanda global de cobre, impulsado por la electrificación, las energías renovables y el desarrollo de infraestructura, ha generado oportunidades significativas para la minería peruana.
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El cobre se posiciona como un mineral clave en la transición energética, indispensable para la fabricación de vehículos eléctricos, redes eléctricas y energías limpias. Sin embargo, el ritmo de desarrollo de nuevos proyectos en Perú no logra responder a la velocidad que exige el mercado internacional y la transición hacia energías menos contaminantes.
Cartera de proyectos y retos operativos
Actualmente, Perú cuenta con 36 proyectos de inversión minera en cobre, valorizados en aproximadamente 45.500 millones de dólares. Estas iniciativas están principalmente localizadas en regiones como Cajamarca, Apurímac, Arequipa, Moquegua, Cusco, Piura y Áncash.
Según Saavedra, la industria enfrenta una presión creciente causada por la disminución de las leyes minerales, lo que obliga a mover mayores volúmenes de material para mantener niveles competitivos de producción y rentabilidad.
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Las leyes minerales en Chile rondan el 0,6%, mientras que en Perú se sitúan entre 0,7% y 0,9%. Este escenario implica mayores inversiones, operaciones más complejas y la necesidad de aumentar la eficiencia para sostener la producción y cumplir con las expectativas del mercado internacional.
Permisos y regulación: los principales desafíos
Durante un panel en Expocobre 2026, representantes del sector minero coincidieron en que los principales obstáculos para la ejecución de nuevos proyectos radican en la obtención de permisos, la ejecución misma de los proyectos y la incertidumbre regulatoria.
Mario Saavedra señaló que un proyecto minero puede tardar entre 10 y 14 años en concretarse, considerando las etapas de permisos, prospección, ingeniería y construcción.
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El ejecutivo enfatizó que la industria necesita mayor predictibilidad para que las inversiones puedan avanzar con rapidez.
Si se pretende incrementar la producción mundial de cobre desde niveles cercanos a 23 o 24 millones de toneladas hasta alcanzar alrededor de 30 millones hacia 2030, será indispensable acelerar la toma de decisiones, optimizar la gestión de proyectos y reducir los plazos de ejecución.
Colaboración y gestión para destrabar inversiones
Los participantes del panel subrayaron la importancia de fortalecer la articulación entre empresas, Estado y comunidades para destrabar inversiones y facilitar el desarrollo de proyectos estratégicos.
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Se destacó la necesidad de mejorar la gestión, la gobernanza y la eficiencia en la ejecución de proyectos tanto greenfield como brownfield, así como en operaciones de sostenimiento.
La industria minera peruana enfrenta el reto de adaptarse a un entorno internacional cada vez más competitivo y exigente, donde la capacidad de ejecución, la eficiencia operativa y la agilidad en la obtención de permisos serán determinantes para aprovechar las oportunidades que ofrece la transición energética global.