¿Exclusión financiera? Casi el 40% de mujeres adultas en Perú sigue fuera del sistema financiero formal

La falta de educación financiera y el acceso desigual a tecnología están impidiendo que las mujeres peruanas aprovechen el auge de los pagos digitales

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El uso de pagos digitales en Perú crece, pero la mayoría de las mujeres aún prefiere retirar el dinero en efectivo. REUTERS/Daniel Becerril/File Photo
El uso de pagos digitales en Perú crece, pero la mayoría de las mujeres aún prefiere retirar el dinero en efectivo. REUTERS/Daniel Becerril/File Photo

Una vendedora de tejidos en Puno administra el presupuesto familiar, utiliza el celular para recibir pagos pero termina retirando el dinero y usando efectivo.

Casos como el suyo se repiten en todo el país: miles de mujeres peruanas se encuentran entre la banca digital y la economía informal, sin lograr una verdadera autonomía financiera.

El avance de la digitalización ha sido notable, pero la brecha de género en el sistema persiste y no se resuelve solo con más tecnología, de acuerdo con un análisis de Global66.

La digitalización no llega igual para todas

Un reporte de Mastercard sobre inclusión financiera en América Latina revela que el número de fintechs creció 340% desde 2017 y 3 de cada 4 usuarios en la región asegura haber reducido su dependencia del efectivo. En Perú, el Banco Central de Reserva (BCR) reporta que cada adulto realiza en promedio 1,6 pagos digitales al día.

Son cifras que muestran progreso, pero también evidencian una deuda pendiente: según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), al cierre de 2025 el 60,1% de las mujeres adultas tenía una cuenta financiera, aunque entre quienes solo terminaron la secundaria el acceso caía al 47,2%.

Fintechs crecieron 340% en la región, pero menos de la mitad de las peruanas con secundaria accede a servicios bancarios. Créditos: Plan International
Fintechs crecieron 340% en la región, pero menos de la mitad de las peruanas con secundaria accede a servicios bancarios. Créditos: Plan International

María José Artacho, Country Manager de Global66 en Perú, explica que el acceso a cuentas bancarias o aplicaciones móviles no significa necesariamente autonomía económica.

Las herramientas digitales pueden permitir ahorrar tiempo y dar el primer paso hacia la independencia financiera, pero su verdadero impacto depende de la educación y el acompañamiento.

Por ejemplo, el reporte de Mastercard detalla que el 55% de las usuarias peruanas encuestadas reconoce que las fintech les ofrecieron productos antes inaccesibles, detalla Artacho.

La brecha educativa y su impacto en el acceso

El nivel educativo marca una diferencia clave: entre las mujeres con educación superior universitaria, el acceso a servicios financieros alcanza el 87,2%, mientras que para quienes solo terminaron la secundaria baja a menos de la mitad.

Esta disparidad, según Artacho, revela que la inclusión financiera requiere estrategias diferenciadas y no solo el despliegue de tecnología o la apertura de cuentas.

Tener una cuenta bancaria no es suficiente si solo se utiliza para retirar efectivo. El reto es que las mujeres puedan gestionar gastos, ahorrar de manera programada, construir historial crediticio y acceder a financiamiento, explica.

La diferencia entre una cuenta pasiva y una verdadera herramienta de gestión está en la educación financiera, y en el diseño de productos que se adapten a las realidades de la informalidad laboral y la sobrecarga de tareas que enfrentan muchas mujeres.

Simplificar, acompañar y crear soluciones útiles

Las empresas del sector financiero tienen la responsabilidad de ofrecer productos simples, canales accesibles y soluciones que no dependan solo del historial tradicional, un estándar que deja fuera a quienes han estado años fuera del sistema formal.

Para Global66, medir el éxito solo por la cantidad de cuentas abiertas no resuelve la brecha: el foco debe estar en cuántas mujeres realmente ahorran, acceden a crédito formal y gestionan su economía con herramientas que les sirvan a largo plazo.

Así, la inclusión financiera femenina sigue siendo un desafío de diseño, de entendimiento y de seguimiento. El sector ya cuenta con diagnósticos y reportes, pero lo que las mujeres buscan no es un discurso más, “sino productos y servicios que funcionen para ellas y les permitan avanzar hacia la autonomía económica”.