El mercado del GLP en Perú atraviesa días clave tras semanas marcadas por el alza de precios y problemas en la distribución. Este combustible, fundamental para millones de hogares y negocios, ha generado preocupación en los consumidores debido a su impacto directo en la economía familiar. Sin embargo, nuevas señales desde el sector energético apuntan a un posible alivio en el corto plazo.
De acuerdo con especialistas y autoridades, el abastecimiento de GLP comenzaría a normalizarse en los próximos días, lo que podría reflejarse también en una reducción progresiva de los precios. La mejora estaría vinculada principalmente a la resolución de problemas logísticos que afectaron la descarga y distribución del combustible en el país, especialmente en el litoral.
¿Por qué subiría y luego bajaría el precio del GLP en Perú?
El exdirector de Hidrocarburos del Ministerio de Energía y Minas, Erick García, explicó a Exitosa que uno de los factores determinantes en la reciente volatilidad del precio del GLP ha sido la dependencia parcial del mercado internacional. Según detalló, alrededor del 70% del GLP que consume el país proviene de la producción nacional, principalmente de los líquidos de gas natural procesados, mientras que el 30% restante es importado.
Esta dependencia hace que el costo del combustible esté sujeto a variables externas, como la coyuntura internacional y conflictos geopolíticos, incluyendo la actual crisis en Medio Oriente, que influye en los precios globales de los hidrocarburos. A ello se suma la logística interna, un elemento clave que en las últimas semanas generó retrasos en la cadena de suministro.
Uno de los principales cuellos de botella ha sido el puerto del Callao, punto estratégico para la recepción del GLP importado y del que se produce en Pisco. Las restricciones provocadas por oleajes anómalos obligaron al cierre temporal de puertos, impidiendo la descarga oportuna de los buques. Esta situación redujo la disponibilidad del producto en plantas de almacenamiento y distribución.
En paralelo, se registró un aumento en la demanda de GLP debido a usuarios que migraron temporalmente desde el gas natural, generando un embalse de consumo que presionó aún más el sistema de distribución. Este escenario contribuyó a la percepción de escasez y al incremento de precios en distintos puntos del país.
No obstante, en los últimos días se han registrado avances importantes. La descarga de nuevos cargamentos de GLP ya se encuentra en marcha, y se espera que durante este fin de semana las plantas cuenten con suficiente producto para retomar el flujo regular hacia distribuidores y consumidores.
Desde el Ejecutivo, el sector Energía y Minas informó que los despachos se vienen regularizando progresivamente, tras la llegada de buques con importantes volúmenes de GLP. Este refuerzo en el suministro busca estabilizar el mercado y garantizar el abastecimiento para hogares, comercios y transporte.
Alta dependencia de Camisea expone fragilidad del sistema de GLP en Perú
La reciente crisis del GLP en Perú dejó al descubierto una realidad estructural: más del 70% del abastecimiento nacional depende directamente del sistema de Camisea, lo que lo convierte en el eje central del suministro energético. Cuando esta infraestructura sufrió una interrupción de casi dos semanas, el impacto fue inmediato en todo el país, afectando tanto a hogares como a sectores productivos que dependen de este combustible.
Durante ese periodo, la reducción de la oferta obligó a recurrir a importaciones e inventarios disponibles, aunque estos no lograron cubrir completamente la demanda interna. Esto generó un escenario de escasez, incremento de precios y dificultades de distribución, evidenciando que el sistema carece de una capacidad de respuesta rápida ante contingencias. Especialistas del sector energético ya habían advertido que esta alta concentración vuelve vulnerable al mercado frente a fallas operativas.
Además, la paralización provocó un fuerte estrés logístico, con plantas sobrecargadas, demoras en el transporte y problemas para abastecer de manera equilibrada a distintas regiones. En la práctica, esto se tradujo en largas colas para conseguir balones de gas, menor disponibilidad del producto y un impacto directo en el costo de vida de los ciudadanos, especialmente en sectores que dependen diariamente del GLP para cocinar o trabajar.