Más que “la amante de Simón Bolívar”: Manuela Sáenz, la libertadora olvidada y precursora de la independencia

La historia no fue del todo justa con “La Sáenz”, quien luchó mano a mano con el “Libertador de América” y Antonio José de Sucre. Su casa permanece en Pueblo Libre y es un recuerdo de la apasionante gesta libertadora en Perú.

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Manuela Sáenz de Vergara y Aizpuru, conocida también como Manuelita Sáenz. Foto: Andina
Manuela Sáenz de Vergara y Aizpuru, conocida también como Manuelita Sáenz. Foto: Andina

La independencia del Perú fue un periodo difícil y convulsionado que duró más tiempo del que se recuerda, y tuvo protagonistas notables que han pasado a la historia por su labor patriótica e ideas libertarias que alimentaron los ideales de un pueblo oprimido por muchos años.

Actualmente existe mucha data de estos personajes, además, se mencionan en todas las clases de historia y sus nombres son de conocimiento general, casi patrimonio público. Ejemplos hay muchos, bien podríamos mencionar al máximo exponente, don José de San Martín y su ejército libertador, quien proclamó a viva voz el discurso independentista que quedó en la memoria nacional.

Por otro lado, tenemos al no menos popular aunque bastante cuestionado, Simón Bolívar. Lo cierto es que la lista es larga, sin embargo, existen personajes menos conocidos, cuyo mérito les ha sido arrebatado y desaparecieron con el tiempo, o simplemente fueron reducidos a una imagen que decía muy poco sobre su verdadera participación en la gesta libertadora.

Tal es el caso de Manuela Sáenz, a quien actualmente se le recuerda (mal) como la amante de Bolívar, un título que no le hace justicia a su fascinante historia e ideas que contribuyeron en la independencia del Perú.

Su historia

Manuela Sáenz de Vergara y Aizpuru nació en Quito, en 1797, como fruto de una relación adúltera entre sus padres Simón Sáenz y Joaquina Aizpurú, ambos representantes de la aristocracia española. Su ferviente espíritu transgresor la llevó a escapar del lugar donde era educada por las monjas a la edad de 17 años.

Su juventud transcurrió en el campo, indomables espacios donde aprendió a montar a caballo y vivir la libertad, escandalizando a la sociedad con sus formas que estaban por encima de los convencionalismos de la época asignados a las mujeres.

Fue influenciada por el movimiento a favor de la independencia de América, que rechazaba los privilegios que excluían a los ciudadanos criollos. Vio las ejecuciones de más de un patriota en su país y fue desde siempre señalada como ‘bastarda’. En conjunto, su personalidad, que incluía el placer por la aventura, el riesgo y una profunda valentía, según algunos de sus biógrafos, la llevó inevitablemente a involucrarse con los ideales de su época.

Su encuentro con Bolívar

En la imagen,  el “Libertador de América” Simón Bolívar. Foto: archivo particular
En la imagen, el “Libertador de América” Simón Bolívar. Foto: archivo particular

Quiso el destino que en 1822 la joven Manuela conociera a Simón Bolívar en Quito. Ella tenía apenas 24 años y él 39. Este encuentro marcó por completo su vida, ya que abandonó a su entonces esposo para viajar a Lima con el libertador.

Una leyenda sobre su vida le dio un título que mantiene hasta hoy. La “libertadora del libertador”, le decían, ya que habría salvado la vida de Bolívar en Santa Fe, Bogotá (Colombia) cuando este tuvo que esconderse debajo de un puente para evitar ser asesinado.

Su estadía en Lima nuevamente destacó por romper completamente el delicado equilibrio que marcaba la pauta para las mujeres, conservadoras e ‘incapaces’ de realizar actos escandalosos. La reputación que se ganó en la capital, donde todos la conocían como la amante de Bolívar, está mencionada en las tradiciones de Ricardo Palma, donde la compara con Rosa Campusano, quien compartía sus días con el libertador don José de San Martín.

“Decididamente Rosa Campusano era toda una mujer; y, sin escrúpulo, a haber sido yo joven en sus días de gentileza, me habría inscrito en la lista de sus enamorados...platónicos. La Sáenz, aun en los tiempos en que era una hermosura, no me habría inspirado sino el respetuoso sentimiento de amistad que le profesé en su vejez. Campusano fue la mujer-acápite. La Sáenz fue la mujer-hombre”, escribió el autor de Tradiciones Peruanas.
"La Sáenz" destacaba también por su gran belleza. Foto: Revista Mariátegui
"La Sáenz" destacaba también por su gran belleza. Foto: Revista Mariátegui

Algunos de sus méritos los explica magistralmente el libro Mujeres Peruanas, el otro lado de la historia, de Sara Beatriz Guardia:

“Condecorada con la Orden del Sol, el 11 de enero de 1822 por el General San Martín en reconocimiento por su entrega a la lucha independentista. Coronela del Ejército de la Gran Colombia por su destacada participación en la Batalla de Junín en 1824, cuando recorrió a caballo la agreste cordillera andina con Simón Bolívar. Luego prosiguió la campaña con el general Antonio José de Sucre, cuando Bolívar tuvo que regresar a Lima para combatir un motín. El general Sucre le escribe a Bolívar detallando la Batalla de Ayacucho, y solicitando reconocimiento a Manuela Sáez por su valor en la Batalla de Junín y en la Batalla de Ayacucho”.

Desafortunadamente, estas historias han quedado opacadas por la fama que el tiempo le ha atribuido a la famosa “Manuelita”, como la llamaba cariñosamente en sus cartas el libertador.

Se sabe actualmente, mediante el archivo histórico, que Simón Bolívar compartía con ella no solo un amorío muy intenso, sino un vínculo de camaradería y la reconocía como una gran guerrillera, compañera de armas de ideas sumamente avanzadas para la época en que vivía.

Era inteligente y culta, ilustrada e intelectual. Injustamente reducida a ‘la amante de Bolívar’, dejando atrás su presencia como una patriota y precursora de la independencia del Perú.

La casa de Manuela Sáenz en Lima

Un espacio que todavía queda como el recuerdo de la estadía de Manuela Sáenz en Lima es su vivienda en el distrito de Pueblo Libre; la cual se dice que la habría adquirido para estar más cerca de ‘su amado’.

No obstante, en ese espacio se llevaron a cabo tertulias políticas con destacados personajes como Bolívar y Antonio José de Sucre, además de otros generales y mujeres involucradas con la independencia.

Conspiración e ideas nuevas para hacer realidad la libertad del Perú se gestaban tras esas paredes que actualmente lucen como lo hacían en aquellos días: pisos de madera, mobiliario, utensilios de cocina y otros enseres son solo algunos de los objetos que guardan las memorias de Manuela Sáenz.

En su casa se mantienen algunos cuadros que dan cuenta de la forma en que se desarrollaba la vida cotidiana dentro de la vivienda. La hermosa casona hoy es un centro cultural imperdible para todos los entusiastas y guarda una curiosidad.

Estatua de Simón Bolívar en Pueblo Libre. Foto: Andina
Estatua de Simón Bolívar en Pueblo Libre. Foto: Andina

En la plaza principal de Pueblo Libre se levanta un monumento en honor a Simón Bolívar. ¿Hacia donde mira el monumento? Es la pregunta que uno debe hacerse para apreciarlo mejor. No es a la Quinta de los Libertadores, que se encuentra también en esa zona; ni siquiera a la municipalidad de la comuna. La estatua mira directamente hacia la casa de Manuela Sáenz, la “libertadora del libertador”, tal vez, como un reflejo del gran amor y admiración que siempre le profesó Bolívar a “Manuelita”.

La muerte de Manuela Sáenz en Paita

Tras la muerte de Simón Bolívar, “La Sáenz”, como también la conocían, perdió todo tipo de derechos. Ya en su país de origen la campaña de desprestigio en su contra fue tan fuerte que terminó encarcelada y posteriormente desterrada. Continuó su vida en el puerto de Paita.

Era 1835, por aquel entonces tenía 38 años y estuvo acompañada de su esclava Jonatás, con quien administraba una pequeña tienda en el soleado puerto. Jamás recuperó sus bienes ni reclamó la dote que su esposo, James Thorne, le devolvió después de su muerte.

Pasó sus días recibiendo algunas visitas de personas que admiraban a Bolívar, con quienes compartía sus memorias y recordaba el pasado glorioso, así como algunos escritores, como Herman Melville, futuro escritor de Moby Dick, y Ricardo Palma.

Murió el 23 de noviembre de 1856, producto de una epidemia de difteria, solo unas horas después de Jonatás. Su casa y pertenencias fueron quemadas para evitar esparcir la enfermedad. Con ella, rodeada de la brisa marina y el olor a arena, se fueron las memorias de la estigmatizada “libertadora del libertador”, que vale la pena recordar y valorar como una importante figura de la independencia peruana.