
Y llegamos al 22. A medida que nos acercamos a la meta se agigantan las dudas. Inversamente proporcional a lo racional. Tal vez de eso se trate. ¿Qué priorizará el electorado el domingo: lo racional o lo emocional? Los candidatos presidenciables tienen un enorme problema con la palabra. Y la palabra es la columna vertebral de la vida en sociedad y de todo mensaje político. Es –hasta hoy- irremplazable en un intercambio de comunicación política entre los candidatos y los ciudadanos. Milei es preverbal. Ha preferido reemplazarla por el rugir de una motosierra. Bullrich manifiesta enorme dificultades en la sintaxis. Massa la tiene devaluada.
Argentina ha perdido la cultura del trabajo ¿Está sepultando la cultura de la palabra? Con la caída de la palabra la institucionalidad se extingue, entre tantas otras cosas fundamentales. Es increíble el reduccionismo al que ha llegado la política. Los presidenciables no pueden transmitir la perspectiva de futuro.
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Javier Milei apela a romperlo todo y refundar desde las cenizas. Patricia Bullrich demoró hasta encontrarse con ella como candidata y en los últimos días intentó sumando a Rodríguez Larreta y Fernán Quirós, ir al estado pre-coalición, es decir unir al PRO. El radicalismo, al menos en una porción importante, no se sienten conmovidos por la candidata. En Sergio Massa aparecen algunas particularidades. Por estas horas resulta primordial para sus intereses que Bullrich recupere la totalidad de los votos de Rodríguez Larreta dado que quien no está con Bullrich se va con Milei. La otra particularidad es que de llegar, sería su propio heredero. Massa tampoco se encontró como candidato hasta transcurridas las PASO.
En lo económico el proyecto que resulta más claro es el expresado por Carlos Melconian, una especie de “Cavalismo” aggiornado. De Milei, no se sabe. Y en cuanto a Massa, de pasar al ballotage, necesitará concretar en hechos su anuncio de gobierno de unidad nacional.
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Argentina no es la excepción. Los ciudadanos del mundo atraviesan una gran desilusión por la política. En esta definición presidencial argentina, los votantes que atraviesan el túnel del desencanto, lo hacen de distintas formas. Algunos ven la luz en lo lúdico, principalmente en el juego de la destrucción, en lo mesiánico, en lo procaz. Otra parte se aferra a lo que no le convence, pero le suena más sensato. ¿Qué viene después del domingo? De haber un ganador en primera vuelta, habrá que ver si pertenece o no al sector liberal o a las coaliciones. A partir de ahí, las reconfiguraciones de los espacios. Si hay ballotage, habrá que ver entre quienes será. Si fuera entre el sector libertario y una de las coaliciones, la que queda afuera sufrirá más rápidamente el desmembramiento que ya se vaticina. Si alguna de las coaliciones es la elegida para gobernar, igualmente tendrá reacomodamientos. Nada quedará igual. Es inevitable.

Quien triunfe el 22 o el 19 de noviembre, si no dialoga “hasta que duela” - parafraseando a la Madre Teresa - no tendrá la fortaleza política necesaria para aplicar programa alguno. Y sin un programa que contenga no sólo el aval de la mayoría sino los problemas principales que desvelan a la sociedad argentina, habrá iteraciones de conflictos, camino contrario a cualquier expectativa de mejora.
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En este desorden político, en los últimos días comenzó a agitarse un rumor dentro del sector federal de Schiaretti/Randazzo, sobre actitudes favorables a Javier Milei. Esta cronista consultó a los actores. Los libertarios dicen tenerlo en consideración. Desde el socialismo, no sólo descartan esta posibilidad sino creen que Schiaretti cumplirá un rol clave en la Argentina que viene; y especialmente de ganar el libertario, dado que creen se avecinarían conflictos importantes. Por otro lado, dentro del sector peronista mayoritario en “Hacemos por nuestro país”, cuentan que reina el desencanto porque las cúpulas del espacio quieren un triunfo de Javier Milei y estarían dispuestos a ayudarlo en un eventual gobierno.
Lo cierto es que llegamos a las elecciones sin un liderazgo alternativo a Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri. En este último caso, no jugó -salvo en estos últimos días-, abiertamente por la candidata que él eligió. En el caso del peronismo, cuya peor elección la realizó en las ultimas PASO, uno de los principales problemas fue ocultar las grietas feroces que habitaron en el gabinete de Alberto Fernández y no dirimir los proyectos alternativos. El Presidente fue lo que no quiso ser: el equilibrista que al final se calló de la soga.
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De mantener Axel Kicillof el gobierno de la provincia de Buenos Aires, pasaría a ser el principal bastión de un peronismo que ya no es el ordenador de los conflictos sociales.
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