Adicciones y salud mental: un tabú de la política

Los casos se multiplican y gran cantidad de familias sufren las consecuencias de un ser querido con problemas de adicción. La situación actual nos convoca a reflexionar sobre esta enfermedad y generar soluciones que acaben con tanto dolor

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Joven con problema de adicciones (Infobae)
Joven con problema de adicciones (Infobae)

Un joven ataca a su abuelo por la noche con un palo de hockey hasta dejarlo gravemente herido, un rockstar recibe un disparo policial cuando tiene una excitación psicomotriz producto del consumo problemático, un joven corre desnudo por una avenida muy transitada tras un abuso de drogas. Para gran parte de la población se trata de un espectáculo televisivo. Todos lo vemos, nadie se mete. No es un tema de conversación en la mesa de los argentinos, se ubica fuera de la agenda que copan la inflación y la inseguridad.

Pero los casos se multiplican y solo algunos llegan a un conocimiento masivo por la difusión mediática, la cual suele estar cargada de inexactitudes o errores en la conclusión de los hechos por falta de conocimiento y de consulta a expertos.

Todos conocemos personas que consumen o han consumido algún tipo de sustancia, pero suele suceder que solo los que tienen una relación directa con quienes realizan algún abuso de éstas, se interesan en cómo poder ayudar.

Claudio Grecco es Terapeuta Neurocognitivo especializado en adicciones y trabaja en el tema desde 1985 brindando charlas y capacitaciones. Según explica Grecco, que integra el órgano consultivo del Consejo Social de la Ciudad que presido, muchas veces las familias, o algún miembro de ésta, intenta ponerse en el lugar de “salvador” de la persona que sufre la adicción. De esta forma, crea una codependencia; desde el amor, intenta recuperar al otro, pero obstaculiza los sentimientos y la voluntad del adicto. En cambio, un mejor rol que puede tomar un allegado es el de “ayudador” que intenta acompañar a la persona en el camino de su recuperación tomando la distancia correcta.

Sin embargo, uno de los grandes problemas con el que se encuentran las familias es que la ambulancia que viene a socorrer a quien tiene una reacción producto del consumo problemático, llega con enfermeros, a veces en compañía de un médico, y en contados casos, con un psiquiatra que es quien está especializado para intervenir ante una situación de este tipo.

Sumado a esto, hoy la Ciudad de Buenos Aires cuenta con una sola unidad toxicológica y de salud mental para adultos que funciona en el Hospital Juan A. Fernández, mientras que en la Provincia no hay ninguna.

En el Hospital Posadas, que depende del Ministerio de Salud de la Nación, por citar un ejemplo, el primer turno disponible para psiquiatría es dentro de seis meses. Entonces, ante una necesidad de atención tan urgente, ¿cómo accede a la salud una persona con un padecimiento producto de consumos problemáticos?

“Se necesitan comunidades terapéuticas para personas que no tienen recursos. Hoy, quienes tienen acceso a la salud por medio de prepagas, tienen muchas más posibilidades y, aun así, no tienen un tratamiento adecuado asegurado en muchos casos”, asegura Marina Charpentier, madre de Chano, líder de Tan Biónica.

Según Marina, integrante de La Madre Marcha, una agrupación que acompaña a madres y familiares de personas adictas, el paciente, su familia y el equipo terapéutico deben trabajar en conjunto para lograr la recuperación.

“Los docentes y fuerzas de seguridad carecen de adecuada capacitación en el abordaje de la salud mental. Es fundamental que estas personas, si están ante un caso de consumo problemático, puedan tener algún elemento para ayudar”, explica Marina. En 2021, un policía arribó a su casa, luego que un vecino denunciara que “un hombre se encontraba agresivo” en su vivienda. Su hijo “Chano”, estaba teniendo un “cuadro de excitación psicomotriz” por lo que un policía le disparó en el abdomen provocando la pérdida de un riñón, el bazo y parte del páncreas. Casos como este se repiten en los últimos años; una parte del trabajo en salud mental en el país pareciera haber caído en manos de la policía.

Todo este sombrío panorama es posible en parte por la subejecución presupuestaria del dinero destinado a la Salud Mental. Según lo establece la ley de 2012, el 10% del presupuesto de Salud debe destinarse al área, pero hace diez años que no supera el 3%.

Además, instruye a las provincias a realizar el mismo cálculo en su previsión anual.

La Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), que analiza este, entre otros temas, concluye que la suma de los recursos destinados a los dos hospitales monovalentes en salud mental (Colonia Montes de Oca y Laura Bonaparte), de la actividad de “Apoyo y Promoción de la Salud Mental” del Ministerio de Salud de la Nación y de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación (Sedronar), desde 2012 nunca superó el 3%.

“Estas 4 entidades son las que analizamos anualmente desde ACIJ ya que pueden identificarse en el presupuesto nacional. No obstante, existen recursos destinados a salud mental que no están desagregados y que, por lo tanto, no pueden analizarse. Igualmente, no son montos significativos que alteren demasiado el porcentaje”, explicaron desde la ACIJ al sitio Chequeado.

“¿Qué tiene que hacer un adicto en una cama al lado de un recién operado del corazón?”, se pregunta Charpentier, quien resalta que en gran parte de los nosocomios no existen equipos especializados.

Desde La Madre Marcha, piden al Congreso que se modifique la legislación actual en el tema. La ley vigente plantea dos grandes trabas para los familiares: la persona no puede ser internada sin su consentimiento y debe ser internado en hospitales generales. En muchos casos, la alteración mental que sufre producto del nivel de adicción que tiene lo lleva a no prestar consentimiento o tomar real dimensión de su problema, por lo que manifiesta su rechazo a la internación. En otros casos, relatados por familiares, se presenta “limpio” de cualquier sustancia al examen del equipo terapéutico y evita el tratamiento o internación.

“Es muy doloroso el camino que tuve que transitar. Ya todos saben que perder un hijo es el dolor más grande que existe en la Tierra. Necesitamos una nueva ley específica de adicciones porque no digo que mi hijo no hubiese fallecido, pero si yo hubiese tenido los recursos para poderlo internar seguramente ese día no fallecía”, afirmó Stella Maurig, durante nuestro primer evento de Mujeres que Transforman. Stella, por la sanción de la actual normativa, no pudo internar a su hijo ante una nueva recaída. “Nunca quise quedarme en mi casa, siempre quise luchar por los hijos de las demás mamás”, asegura Maurig, fundadora de La Madre Marcha.

Por su parte, Charpentier comenta: “A mí no me alcanza con que mi hijo hoy esté bien, porque yo sé que hay otra mamá sufriendo. Quiero multiplicar, ayudar, acompañar y por eso, salí a decir ‘si, tengo un hijo con esta enfermedad’ y somos una familia que padece está enfermedad que es la adicción. Sin vergüenza”.

Desde mi asunción al frente del Consejo Social de la Ciudad de Buenos Aires, trabajamos en ejes que creemos fundamentales sobre el tema. Necesitamos una ley de abordaje integral respecto de las adicciones y los consumos problemáticos, con foco en la prevención, la educación y el acceso a la salud. Esta nueva norma debe contemplar la integridad de la persona en su contexto familiar, social y comunitario. No obstante, nada es posible sin la ejecución presupuestaria prevista en la ley y sin tener garantizados los recursos para fortalecer organizaciones del tercer sector, que asistan y contengan a las personas sumergidas en este flagelo.

Además, estamos impulsando el Programa Nacional de Educación y Prevención sobre las Adicciones y el Consumo Indebido de Drogas (Ley 26.586) para su ejecución en todos los establecimientos educativos, primero de CABA y luego a nivel Nacional.

Por último, trabajamos para la creación de unidades de toxicología en hospitales públicos de CABA con un criterio clínico-terapéutico, que sean un puente hacia el tratamiento. Toda esta tarea la seguiré desarrollando desde mi primer día como Senadora Nacional por la Provincia de Buenos Aires.

Todo lo hacemos porque mientras que una vida sufre, ese dolor no puede ser un tema tabú. Hablemos, trabajemos, solucionemos.

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