
Para los que amamos el continente americano, Argentina siempre ha sido un mercado para la inversión española, pero las compañías que son miedosas por naturaleza analizan la evolución de la economía argentina, y muy especialmente del conjunto de la sociedad. En los últimos años, la aguda crisis que se está viviendo en Argentina, donde la caída del PIB es constante, las exportaciones e inversiones españolas han seguido el mismo camino, reduciéndose año tras año hasta alcanzar cifras que no se conocían desde 1996.
Con unos datos de inversión en el pasado superiores a los 500 millones de euros, y que en 2020 se han reducido en un 80%, alcanzando poco más de 105 millones de euros, centrados en telecomunicaciones, algunos servicios financieros, metalurgia, industria automovilística y algo en el sector energético; la devaluación del peso y un panorama político que preocupa y mucho a las empresas españolas puede provocar que acabemos este año con una inversión aún inferior a la de años anteriores, quién sabe cercano a los 20 millones de euros.
Argentina, como otros muchos países, entiende que para frenar esta caída una de las herramientas es aumentar el PIB, indicador de la evolución del consumo privado, las inversiones, el gasto público y la balanza comercial. Los países buscan atraer inversión extranjera, fomentar el crecimiento de las compañías nacionales, reducir las trabas burocráticas o el cobro de impuestos, pero se olvidan de activar una palanca que podría hacer crecer el PIB un 15% y solo en dos años.
Si se elimina la brecha de género en el mundo laboral, en solo dos años se conseguiría ese crecimiento de dos dígitos, pero además ayudaría a mantenerlo al añadir la visión de la mujer en la toma de decisiones críticas. En España, aquellas empresas que están lideradas por mujeres, que apuestan por el talento y el liderazgo femenino, tienen una relación directa con el aumento de su rentabilidad y la creación de valor.
En Argentina nos encontramos con la misma fuerza y liderazgo femenino. Su resiliencia, constancia y la correcta toma de decisiones, que favorecen el poder mantener la fortaleza emocional en todo momento, son el reflejo de un estilo de liderazgo empático, comunicativo y colaborativo. Así son las empresas lideradas por mujeres, empresas humanas que están cambiando el mundo.
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