
En la vida hay cosas que son transparentes y otras que no, pero resulta difícil encontrar algo que cumpla con las dos condiciones a la vez. En nuestro país estas situaciones pasan y el Registro de Exportaciones es un claro ejemplo. Tenemos un “registro que no registra”. Algo que está abierto pero a su vez, cerrado.
La matriz agroexportadora nos obliga a tener un Estado que favorezca y agilice los complejos trámites y protocolos que demandan los mercados de exportación para las materias primas y alimentos. En el caso de los granos, además se debe cumplir con el requisito especial de declarar cada operación en el Registro de Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE). Con ese trámite empiezan más de la mitad de las divisas que genera nuestra economía. Pero lo llamativo es que en Argentina pasan semanas que el “registro no registra” mientras los buques se siguen cargando y los compradores esperando varios meses para que lleguen.
En el caso del maíz, por ejemplo, durante todo el mes de octubre y la primera quincena de noviembre, casi no se registraron operaciones disponibles de la campaña 2020/21. Si bien con el trigo este comportamiento viene funcionando hace meses con períodos de intermitencia, se acentuó en la última quincena de octubre y la primera de noviembre donde casi no hubo solicitudes. Y de golpe en la semana post elecciones legislativas, los movimientos se concentraron en 30 mil toneladas por día, casi como la cuotificación de las exportaciones de carne. Y en esta primera semana de diciembre, la tendencia sigue siendo la de un “un registro que no registra”. Nos preocupa y nos llama la atención.

No es la primera vez que desde la Sociedad Rural Argentina manifestamos nuestra preocupación por el intervencionismo y/o acuerdos informales que se vienen plasmando en el comercio de granos y que no sólo afectan los ingresos del productor, sino también las decisiones de inversión, el uso de los recursos naturales y la estabilidad macroeconómica del país. Necesitamos reglas claras que nos lleven a producir y exportar más, porque es la única manera de poder combatir las deudas pendientes de nuestra sociedad.
Los productores necesitamos recuperar el normal funcionamiento de los mercados, y tener un registro de DJVE activo, porque cuando se distorsiona la puja natural por parte de los compradores para la exportación y el consumo interno, germina la falta de transparencia en los precios que recibimos quienes producimos.
Un “registro que no registra” trae confusión, genera dudas y sospechas en las que pareciera que algunos ganan y otros perdemos.
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