
Los negocios de hoy no pueden concebirse sin tecnología. El último año y medio en situación de pandemia evidenció que nos encontramos en un mundo cada vez más dinámico y heterogéneo, disruptivo y complejo. Y en todo este tiempo se ha fortalecido la necesidad de contar con organizaciones adaptables, donde la combinación de tecnología con el rol de las personas es crítico.
La llegada del coronavirus repercutió en todas las escalas y ámbitos. Atravesó las formas de comunicarnos, trabajar, estudiar, comerciar y prácticamente toda actividad humana. Se impuso la digitalización en procesos de todo tipo y de nuestra vida cotidiana en general. De esta manera, el nuevo contexto cristalizó un cambio que progresivamente se venía dando en los últimos años. La transformación digital de las organizaciones fue emergiendo. Quedó muy claro que ya era ineludible.
Estos cambios repercuten en las organizaciones, pero también en el tipo de profesionales que se requieren en función de las demandas emergentes. Actualmente, los perfiles más buscados son aquellos que articulan conocimientos tecnológicos y de negocios, y no pierden de vista el contexto de acción. Profesionales aptos para una constante adaptación y autosuperación. Perfiles de mucha profundidad en su área de expertise, que además tienen capacidad de comprender e influir sobre muchas de las actividades de una organización.
La velocidad y los cambios de los tiempos que vivimos lleva a que estos nuevos profesionales deban ser ágiles; es decir, contar con conocimientos técnicos para poder armar un producto, pero poder entender las necesidades de la sociedad. Por lo tanto, no solo es importante que posean los conocimientos técnicos. Deben ser perfiles curiosos, que sepan identificar potenciales problemas y proponer rápidamente soluciones, que se sientan cómodos con la ambigüedad.
En resumen, los profesionales del nuevo mundo deben poseer habilidades técnicas, contextuales, emocionales y de liderazgo. Ser capaces de gestionar el crecimiento desde la integración estratégica y definitiva del cambio, para crear organizaciones saludables, competitivas y sostenibles. Profesionales que sepan aprovechar la sobreabundancia de datos, sin perder de vista el ecosistema en el que está inscripta su organización.
La formación de esos perfiles requiere de propuestas educativas innovadoras y disruptivas. Propuestas que se adecúen a las nuevas demandas de formar protagonistas que, entendiendo el contexto imperante, inspiren y potencien cualquier organización, hoy y a futuro.
En Argentina comienzan a aparecer Universidades que comprenden esta necesidad del mercado. Un ejemplo es el ITBA, que cuatro años atrás lanzó la Licenciatura en Analítica Empresarial y Social, -una carrera que forma graduados capaces de tomar decisiones vitales a partir del buen uso de los datos, que se desempeñan tanto en ONGs, empresas multinacionales, ente gubernamentales y startups- y que acaba de presentar la Licenciatura en Gestión de Negocios, -una propuesta con un plan flexible y adaptable, que permite profundizar en áreas como tecnología y datos, finanzas y criptoeconomía, gestión de productos y servicios, marketing y relaciones públicas, y gestión y emprendedurismo-. Estos perfiles son demandados actualmente y en el futuro su necesidad será más notoria.
Como sucede siempre, las propuestas educativas vienen a acompañar y a veces a adelantarse a las necesidades que se van generando. La tecnología es sin duda, una usina de transformación, y todos -hasta los que lideran una gran empresa, quienes se desarrollan una pyme o cuentan con un comercio-, se concientizaron en esta pandemia respecto a que las herramientas tecnológicas son fundamentales. Por eso, la demanda de profesionales que puedan gestionar y comprender esta nueva realidad es tan necesaria ahora. Y lo será más adelante.
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