En un discurso con sabor a poco, la única vara posible es el cumplimiento de la ley y el respeto por la separación de poderes

Las consideraciones discursivas en relación a otro poder del estado, el Judicial, no son propias del Jefe de Estado

Alberto Fernández y Cristina Kirchner en la apertura de sesiones ordinarias (Comunicación Senado)
Alberto Fernández y Cristina Kirchner en la apertura de sesiones ordinarias (Comunicación Senado)

En palabras de Víctor Hugo (1802-1885): “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, oportunidad”. Quedó atrás el discurso presidencial de apertura de cesiones ordinarias del Congreso de la Nación correspondientes al año en curso, y con ello otra oportunidad perdida para curar a una nación enferma.

En poco más de dos horas el titular del Poder Ejecutivo Nacional nos dio su visión en relación a su propia gestión de gobierno, además de adelantar su posición respecto de lo que está porvenir, en un año marcado por las elecciones de medio término.

El discurso en sí, más allá de su extensión de 67 páginas, ha dejado sabor a poco, en tanto la grieta salvaje que nos divide como sociedad fue ensanchada un poco más, en lugar de intentar cerrar las heridas viejas. Es claro que se habló por la propia tropa cuidando el voto. Y esto es un grosero error, en tanto se es Presidente de la Nación, o sea de todos los argentinos, no solo de quienes lo votaron.

Las consideraciones discursivas en relación a otro poder del estado, el Judicial, no son propias del Jefe de Estado, quien debe ser el principal custodio de la ley y, en particular, de la división de poderes. Así como un juez, hecho y derecho, debe hablar por sus sentencias, un presidente hecho y derecho en modo alguno puede arremeter, con argumentos propios de la grieta, en contra del Poder Judicial de la Nación. Esa vara debe ser bien alta. Impasable para quien ose saltarla.

Es una obligación constitucional del Presidente de todas y todos los argentinos velar por la independencia de los poderes, porque esa división y su respeto a ultranza nos hará mejores como nación, pero sobre todas las cosas, nos entregará algo de luz, en lugar de lo que hoy se avisara como un pozo cada vez más profundo.

Una cosa es el discurso en sí mismo, y, otra muy diferente lo que se observa en los hechos. Se puede escribir una hermosa arenga en 67 páginas, pero bajar eso a la realidad de los hechos es harina de otro costal.

La maratón de problemas que debemos enfrentar todos los habitantes de esta nación empobrecida por largas décadas de fracasos continuados, vuelven a poner sobre el tapete la corrupción que atraviesa transversalmente a nuestra nación. Y, precisamente, una de las formas mas eficientes para combatir la corrupción nacional y popular, es el empoderamiento del Poder Judicial. Debemos entender de una buena vez por todas que la independencia del Poder Judicial nos dará un futuro mejor que el que hoy tenemos.

(Presidencia)
(Presidencia)

Intentar su debilitamiento mediante el escarnio discursivo es un error. Mucho más grosero si se la hace en el discurso presidencial de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional. Hablar de fiscales procesados cuando la propia compañera de banco tiene en su haber un prontuario de mayor envergadura es tanto como intentar apagar un incendio con un balde de nafta. Nada bien se hace a la sociedad con ese tipo de señalamientos a dedo.

No tenemos como cultura nacional el respeto por la justicia, en un país donde cumplir la ley sigue siendo una opción, cada uno trata de salvarse como puede. El escándalo de las vacunas preferenciales es una muestra más del poco apego que tenemos por el cumplimiento de las normas que rigen la vida en sociedad.

Por caso, el Poder Judicial de la Nación tiene como tarea mejorar su imagen de cara a la sociedad, pero es una tarea propia de este poder del Estado, quedando para el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación la interacción con el Poder Judicial, además de ser el canal natural de comunicación entre ambos poderes. Esa es la forma en que se debe tratar un tema, que pareciera de menor importancia frente a los otros graves problemas que enfrentamos (salud, economía, seguridad, educación), pero que resulta de fundamental trascendencia para empezar a sanar una nación dividida por la grieta.

Es por la independencia del Poder Judicial de la Nación que debemos velar, y, en esta tarea, el Presidente debe dar el ejemplo.

Tiene la obligación legal de ser el primero en la fila a la hora de empoderar a la justicia, porque precisamente, es el poder del Estado encargado de dirimir las disputas de manera civilizada y en paz, algo que en el far west se hacía a los tiros.

Algo de sabiduría japonesa: Si no es tuyo no lo tomes. Si no es correcto no lo hagas. Si no es verdad no lo digas. Si no sabes calla.


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