Comercio exterior en la industria gráfica: logística y anticipación en un entorno cambiante

Julián Bernigola, técnico superior en comercio exterior y analista en una importadora de la industria gráfica, examina la importancia del transporte y la capacidad de adaptación

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Julián Bernigola es técnico superior en comercio exterior y analista en una importadora de la industria gráfica (Foto: Movant Connection)
Julián Bernigola es técnico superior en comercio exterior y analista en una importadora de la industria gráfica (Foto: Movant Connection)

Al referirse a la dinámica actual del comercio exterior, Julián sostiene que “hoy lo más importante es que la mercadería llegue en tiempo y forma, porque ahí se juega la competitividad”. En esta entrevista, recorre su trayectoria en distintos puestos, los retos del negocio gráfico y la relevancia del movimiento de productos en un escenario global en transformación.

¿Cómo fue tu recorrido en comercio exterior y qué te aportó cada etapa?

Soy técnico superior en comercio exterior y actualmente me desempeño como analista de comercio exterior en una importadora de la industria gráfica. Arranqué trabajando en forwarders, en empresas de servicio, donde estuve en distintas posiciones operativas. Eso me dio una base muy importante porque vivís el día a día de la operación con múltiples clientes, cada uno con sus urgencias y sus problemas.

Hoy estoy del otro lado, dentro de una empresa que importa insumos gráficos, y me encargo de todas las operaciones logísticas, desde que la mercadería sale de origen hasta que llega. Ese recorrido te da una visión mucho más completa.

¿Qué habilidades considerás clave para un profesional del sector?

Hay tres cosas fundamentales. Primero, el conocimiento de la normativa aduanera. Segundo, todo lo técnico y documental, que también es esencial. Y tercero, algo que en Argentina es clave, es lo financiero. Cada decisión que tomás implica dinero, y si no lo tenés en cuenta, podés generar costos inesperados.

A eso se suma la planificación, hacerlo de la forma más eficiente posible es fundamental.

¿Y a nivel personal, qué habilidades te resultaron más útiles?

El comercio exterior es multitasking puro. Tenés que poder cambiar de tarea constantemente, adaptarse a imprevistos y tener la predisposición para resolver lo que aparezca.

También, es clave tener cintura operativa. Muchas veces las cosas no salen como estaban previstas y ahí tenés que actuar, resolver o escalar el problema. Y algo muy importante, sobre todo cuando empezás, es preguntar.

Consultar antes de tomar decisiones. Esa capacidad se va desarrollando con el tiempo, pero es fundamental.

¿Qué te dio la formación académica y qué te dio la práctica?

La academia te da el contexto, te muestra las herramientas, los conceptos, las posibilidades, te prepara para entender en qué te estás metiendo, pero la realidad está en la práctica. Ahí aprendés a resolver problemas, a corregir errores, a manejar situaciones reales que no siempre están en los libros.

¿Qué diferencias encontraste entre trabajar en un forwarder y en una empresa?

Es muy diferente. Cuando das un servicio, tenés muchos clientes y cada uno con sus problemas, sus urgencias y sus expectativas. Tenés que dar respuestas rápidas, hacer seguimiento constante y, sobre todo, tener empatía.

Hoy el cliente busca que del otro lado haya alguien que entienda su situación. En cambio, cuando estás del lado de la empresa, sos quien contrata el servicio. Entonces cambia la perspectiva.

Ahora sos vos el que exige, el que necesita respuestas, el que espera que se cumpla lo acordado. Y haber pasado por los dos lados ayuda mucho, porque entendés mejor las urgencias.

"La industria gráfica hoy está en un proceso de reconfiguración", asegura Julián (Foto: Shutterstock)
"La industria gráfica hoy está en un proceso de reconfiguración", asegura Julián (Foto: Shutterstock)

¿Cómo se vincula la industria gráfica con el comercio exterior?

La industria gráfica hoy está en un proceso de reconfiguración. Pasamos de un contexto con muchas restricciones a una mayor apertura, que permite incorporar insumos del exterior. Eso ayuda a mejorar la industrialización, pero también genera más competencia.

Se trabaja con proveedores de distintos países, incluso algunos en contextos complejos. Por ejemplo, hay proveedores en zonas afectadas por conflictos internacionales, lo que impacta directamente en la logística. Por eso es clave estar informado y anticiparse. Ver qué puede pasar y ajustar la operación antes de que el problema aparezca.

¿Te tocó enfrentar situaciones complejas en ese contexto?

Sí, por ejemplo con proveedores en zonas de conflicto. En un caso puntual, hubo que rediseñar toda la operación. La mercadería no podía salir directamente desde origen, entonces se coordinó para que se enviará primero a un depósito en Estados Unidos. Desde ahí se pudo importar.

Fue una gestión intensa, de negociación con el proveedor y de búsqueda de alternativas logísticas para cumplir con los tiempos. Ese tipo de situaciones muestran lo importante que es tener flexibilidad y capacidad de reacción.

¿Qué rol juega la logística en todo esto?

La logística es central. Es un mundo muy dinámico, donde pasan cosas todo el tiempo. Es estresante, pero también muy interesante. Tenés que anticiparte, estar preparado para imprevistos y tener siempre una alternativa.

Además, hay muchos actores involucrados: transportistas, despachantes, operadores, proveedores. Coordinar todo eso es clave. Al final, lo que el cliente necesita es que la mercadería llegue.

¿Qué aprendiste sobre la comunicación en este trabajo?

Que es fundamental. Primero, el inglés es básico para cualquier profesional del sector. Después, entender los tiempos de cada país. Saber cuándo podés esperar respuesta y cuándo tenés que estar disponible.

Muchas veces no hay horario. Si necesitás resolver algo urgente, tenés que estar. Y también es clave construir una buena red de contactos. Nunca sabés cuándo vas a necesitar ayuda o cuándo alguien te puede dar una solución.

Para cerrar, ¿qué reflexión te gustaría compartir?

Creo que hay un desafío importante para varias industrias, como la textil o la gráfica, en este contexto de apertura. El crecimiento de las compras por courier y la mayor competencia externa generan presión sobre la producción local. Sin embargo, Argentina tiene capacidad, tiene calidad y puede competir.

Lo que hace falta es acompañar con medidas que permitan desarrollar esa capacidad, sobre todo desde lo impositivo y lo estructural. Si eso se logra, hay mucho potencial para integrarse mejor a las cadenas globales y crecer.