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¿Por qué las escoltas escolares que inventó Porfirio Díaz promovían la discriminación a los alumnos de México?

La SEP decidió cambiar las reglas para la selección de jóvenes que protagonicen esta ceremonia patriótica

Niños de escolta con uniforme, banda roja y guantes blancos rinden honores a la bandera de México. Fondo con edificio escolar y más alumnos.
La escolta es una tradición en casi todas las escuelas de México (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La escolta escolar que Porfirio Díaz instituyó hace más de un siglo convirtió un ritual cívico colectivo en un sistema de selección por promedio, donde una cifra en la boleta determinaba quién representaba a la patria y quién quedaba fuera. La SEP eliminó ese criterio en 2026.

Seis cadetes muertos y un dictador que los inmortalizó en las aulas

El 13 de agosto de 1847 los cadetes del Colegio Militar decidieron unirse a la batalla contra los invasores
Los Niños Héroes son Juan Escutia, Vicente Suárez, Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Fernando Márquez y Juan de la Barrera. Crédito: Secretaría de la Defensa Nacional

La escolta escolar nació como homenaje. Porfirio Díaz, nacido en Oaxaca en 1830, era prácticamente contemporáneo de los seis cadetes del Colegio Militar que murieron defendiendo el Castillo de Chapultepec frente al ejército estadounidense en 1847: Juan de la Barrera, Agustín Melgar, Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, Vicente Suárez y Juan Escutia tenían entre 14 y 20 años.

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Ya en la presidencia, Díaz instruyó a las autoridades educativas para que cada escuela primaria y secundaria del país formara una escolta de seis alumnos —uno por cada cadete caído— destinada a rendir honores a la bandera cada lunes. El número replicaba de forma deliberada aquella guardia juvenil.

El promedio como único criterio dejó fuera a la mayoría

Seis niños vestidos con uniforme escolar y gorra posan de frente; una niña al centro sostiene la bandera de México, todos saludan con la mano en el pecho.
Un grupo de estudiantes de primaria, parte de la escolta, rinde homenaje a la bandera de México durante una ceremonia cívica en el patio de su escuela. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El problema no estaba en el origen del ritual, sino en quién podía participar. Desde su implantación, el lugar en la escolta quedó reservado a los alumnos con el mejor promedio del salón. Eso convirtió una ceremonia cívica en un filtro semanal que excluía a la mayoría del grupo.

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El promedio escolar mide la capacidad de un estudiante para responder exámenes bajo un formato estandarizado. No mide disciplina, memoria auditiva, habilidad para el trabajo en equipo, liderazgo ni ninguna de las competencias que la propia escolta requiere: postura, coordinación, práctica constante y presencia frente al grupo.

Un alumno con calificaciones bajas en matemáticas o español podía tener exactamente las aptitudes que la ceremonia demandaba. Otro con promedio de 10 podía carecer de ellas por completo. La boleta no distinguía entre ambos: el número mandaba.

En el porfiriato construyeron un sistema educativo pensado para formar a una élite dirigente, no para incluir a toda la población. La instrucción pública se organizó desde arriba: el conocimiento medible y verificable era el único reconocido.

En ese esquema, un alumno de familia con recursos —con tiempo para estudiar, con acceso a libros, con padres letrados— partía con ventaja frente a uno que trabajaba fuera del horario escolar o que hablaba una lengua indígena como primera lengua. El promedio capturaba esa desigualdad y la premiaba como si fuera mérito individual.

La SEP rompe con más de un siglo de exclusión por número

Infografía que presenta una escolta escolar de estudiantes desfilando con la bandera de México, acompañada de secciones sobre sus funciones y valores.
Una infografía detalla las funciones y los valores formativos que las escoltas escolares promueven en México, con foco en el civismo y la disciplina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

A partir del ciclo escolar 2026-2027, las escuelas bajo la Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México integran la escolta mediante un mecanismo rotativo. La actualización de la Guía Operativa establece que la selección debe realizarse “sin distinguir a los estudiantes por su promedio académico” y bajo criterios de “igualdad, inclusión, participación y no discriminación”.

El cambio generó debate. Académicos de la UNAM y de la Universidad Panamericana señalaron que participar en la escolta requiere preparación técnica y práctica constante, y que un esquema rotativo no garantiza por sí mismo una distribución equitativa. Un sector de padres sostiene que retirar el promedio como criterio elimina un estímulo al esfuerzo escolar.

Otro sector argumenta que el mérito académico nunca debió condicionar el acceso a un acto cívico que, por diseño original de Díaz, pertenecía a todos los alumnos del país por igual.

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