
La presencia sorpresiva del presidente Nicolás Maduro en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en la Ciudad de México marca un punto de inflexión en la política exterior mexicana y reconfiguró las dinámicas regionales.
El dictador detenido, quien no salía de Venezuela desde que Estados Unidos ofreció en marzo de 2020 un incentivo de 15 millones de dólares por su captura bajo cargos de terrorismo y narcotráfico, aterrizó en la capital mexicana el 17 de septiembre de 2021 para asistir a la reunión de líderes convocada por el país anfitrión.
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Este movimiento se produjo en un contexto marcado por el intento vigente de diálogo entre el chavismo y la oposición, auspiciado por Noruega y alojado en México, así como por el reposicionamiento geopolítico que promovía el entonces presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, al frente de la CELAC.
El viaje de Maduro fue confirmado apenas unas horas antes de su llegada por la Secretaría de Relaciones Exteriores. “Hace unos minutos, se nos confirmó que el presidente Maduro viene volando a México”, anunció la Cancillería mexicana.
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La participación del líder venezolano, a quien precedió la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez, quien arribó durante la tarde con presencia prevista, sorprendió a una región acostumbrada a su ausencia en cumbres internacionales desde 2018, cuando viajó imprevistamente a Nueva York por la Asamblea General de Naciones Unidas.
Buscaba unión regional

En 2019, Maduro voló a Moscú en medio de protestas internas para mostrarse junto a Vladimir Putin. Durante la cumbre, Maduro se enfrentó verbalmente a los presidentes de Paraguay, Mario Abdo Benítez, y de Uruguay, Luis Lacalle Pou, quienes expresaron su incomodidad por su presencia.
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El mandatario venezolano insistió en la necesidad de cerrar heridas y fortalecer la institucionalidad regional: “Debemos pasar la página del divisionismo que se insertó en América Latina, del acoso a la revolución bolivariana y ahora del acoso incesante a la revolución cubana y a la revolución nicaragüense”.
Añadió que, pese a las diferencias, “no vinimos a tirar piedras”. Además, defendió el modelo cubano y respaldó abiertamente a Daniel Ortega en Nicaragua, lo que subrayó las divisiones internas en el bloque.
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La llegada simultánea de Maduro y Miguel Díaz-Canel respondería a la estrategia mexicana de posicionar a la CELAC como contrapeso a la Organización de los Estados Americanos (OEA).
AMLO buscaba promover organismos regionales autónomos

Esta ofensiva regional, adoptada desde que México asumió la presidencia temporal de la CELAC en 2020, buscaba atenuar la influencia estadounidense y promover organismos regionales autónomos.
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La administración de López Obrador revirtió su política exterior tradicionalmente cauta: tras el asilo a Evo Morales y la retórica contra la OEA, el Ejecutivo mexicano había intensificado su protagonismo internacional mediante iniciativas como la diplomacia de vacunas y la cooperación para el desarrollo del Caribe y Centroamérica.
El entonces canciller Marcelo Ebrard fue una figura central en esta estrategia. Ante la pregunta sobre la postura mexicana, respondió enfáticamente: “Adiós a la OEA en su sentido intervencionista, injerencista y hegemonista y que venga otra organización que construyamos en acuerdo con Estados Unidos para el siglo XXI”.
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Por su parte, López Obrador, desde el Zócalo capitalino y ante mandos militares, calificó las sanciones a Cuba como una “perversa estrategia”, afirmando que “de funcionar, se convertiría en un triunfo pírrico y canallesco”.
Durante la cumbre, México se propuso profundizar la cooperación en salud y enfrentar la crisis sanitaria. La gestión mexicana de las vacunas contra la covid-19 ganó visibilidad luego de la denuncia de Ebrard ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en febrero por el reparto desigual de dosis y el acuerdo con Argentina para producir y distribuir la primera vacuna fabricada en la región.
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El país anunció el envío de 300 mil dosis de Astra-Zeneca envasadas en México a Honduras y Bolivia y adelantó que despachó segundas dosis a Jamaica, Paraguay y Belice, así como un primer lote a Nicaragua durante septiembre de ese año, consolidando su política regional de solidaridad sanitaria.
El debate sobre migración y desarrollo regional figuró destacado en la agenda, con la asistencia de altos funcionarios de El Salvador, Guatemala y Honduras, en el marco de la presentación del llamado Plan Marshall para Centroamérica, respaldado por la Cepal y concebido tras la crisis migratoria de 2019.
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La postura de México hacia Venezuela también evolucionó. Tras un periodo de distancia con la crisis venezolana, el Gobierno de López Obrador buscaba una nueva mesa de negociación.
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