
Una compañía privada con sede en Estados Unidos e Israel obtuvo USD 60 millones en 2025 para desarrollar un sistema de geoingeniería solar, cuyo alcance global y potencial impacto ecológico han generado preocupación en torno a su regulación y transparencia.
El desarrollo de tecnologías para modificar la radiación solar es presentado por Stardust Solutions como una herramienta fundamental para que los gobiernos tomen decisiones informadas ante el avance de la crisis climática. Esta postura coincide con el debate en la comunidad científica internacional sobre la necesidad de investigar alternativas frente a la insuficiencia de las políticas de descarbonización, según reportó The Atlantic.
De acuerdo con la información publicada por la empresa en su sitio web, el objetivo de su plan es enfriar el planeta mediante la liberación en la estratósfera de partículas inertes y abundantes en la naturaleza, capaces de reflejar la luz solar y reducir la temperatura global de forma rápida y reversible, bajo un esquema de gobernanza responsable.
Dudas sobre la falta de transparencia del proyecto de Stardust Solutions
La propuesta de Stardust Solutions se basa en bloquear la radiación solar mediante partículas diseñadas en laboratorio que, según la compañía, evitarían los efectos nocivos asociados históricamente a los aerosoles sulfúricos utilizados en experimentos de geoingeniería, como la destrucción de la capa de ozono y la generación de lluvias ácidas.
Según The Atlantic, la empresa publicó sus principios rectores y un marco de actuación de 14 páginas para la experimentación segura de sus procedimientos. Sin embargo, Stardust aún no ha precisado cuál es el compuesto que planea liberar en la estratósfera ni ha divulgado detalles técnicos sobre su investigación.
Por su parte, Cynthia Scharf, investigadora principal del Centre for Future Generations de Bruselas, advirtió al medio estadounidense: “Nadie sabe qué pretenden introducir en la estratosfera con fines lucrativos”. Además, cuestionó los documentos difundidos por la empresa: “Repiten elogios despreocupados a la transparencia, la seguridad y la gobernanza informada”. Esta falta de información es relevante, ya que una intervención climática global podría acarrear costos elevados, riesgos ecológicos imprevistos y la prolongación del uso de combustibles fósiles.
No obstante, el CEO de la empresa, Yanai Yedvab, científico nuclear, explicó en diálogo con The Atlantic que los detalles sobre la partícula serán revelados “en los próximos meses”. Al mismo tiempo, aseguró que la empresa no realizará pruebas de campo hasta que existan normativas específicas y que el plan operativo prevé fases iniciales exclusivamente en laboratorio y modelos computacionales, con una posible ampliación a pruebas controladas únicamente cuando los marcos regulatorios lo permitan.

La falta de regulación internacional y el debate sobre la supervisión de la geoingeniería
La ausencia de criterios internacionales precisos constituye uno de los ejes centrales del debate sobre la geoingeniería. Holly Jean Buck, especialista en el tema y autora del libro After Geoengineering, señaló en diálogo con The Atlantic que el marco propuesto por Stardust es “solo de referencia. Estos abundan en el ámbito académico. Los principios rectores parecen ser conceptos genéricos de los que la comunidad investigadora ya ha estado hablando”.
Actualmente, no existe una regulación internacional unificada para los experimentos de geoingeniería, lo que ha derivado en incidentes de alto perfil. En 2012, un empresario estadounidense realizó una prueba con hierro en la costa oeste de Canadá que, según la Organización de las Naciones Unidas, violó normas ambientales. En 2022, una empresa emergente llevó a cabo un experimento no autorizado en México utilizando dióxido de azufre.
El propio Yedvab comparó la necesidad de regulación de la geoingeniería con la de la industria farmacéutica, donde la aprobación de nuevas tecnologías depende de organismos independientes y estatales. “Uno no cree a una empresa farmacéutica cuando asegura que encontró una cura para el cáncer que es segura. Para eso existen entes reguladores y cuerpos independientes”, explicó.
En la actualidad, de acuerdo con The Atlantic, Estados Unidos no cuenta con una agencia que ejerza un rol similar al de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) en materia de geoingeniería. Ante esta ausencia, Stardust inició gestiones de lobby en Washington, contratando a la firma Holland & Knight para informar a congresistas sobre su labor y la necesidad de una supervisión robusta, según detalló Yedvab al medio especializado E&E News en noviembre.
El desafío: geoingeniería sin clientes definidos y con riesgos de dependencia estructural
Los documentos de Stardust establecen que la empresa no ofrecerá su tecnología a actores no estatales ni a quienes actúen de manera irresponsable. Por lo tanto, el producto solo podrá ser adquirido por gobiernos nacionales o por agencias multilaterales como las Naciones Unidas. En relación con este punto, Yedvab recordó en The Atlantic el Protocolo de Montreal de 1987: “Esperamos que los gobiernos se unan en unos años para permitir la toma de decisiones internacionales sobre la gestión de la radiación solar, tal como lo hicieron con el Protocolo de Montreal”.
Según organizaciones ambientalistas, la geoingeniería podría no resolver el calentamiento global y, en cambio, perpetuar la dependencia de combustibles fósiles y crear una estructura de dependencia tecnológica. Una vez iniciada la modificación climática a gran escala, detener el proceso podría resultar inviable durante décadas o incluso siglos. En ese escenario, el mundo se vería forzado a sostener generaciones de compensación climática artificial, con el costo asociado de contratar a empresas como Stardust Solutions para garantizar la habitabilidad del planeta en caso de que la transición energética siga siendo insuficiente.
Frente a estas críticas, Yedvab afirmó: “Esta tecnología permitirá a las personas vivir más o menos la vida a la que aspiran, la vida a la que están acostumbradas. Queremos asegurarnos de que nuestros hijos vivan en un mundo donde no sufran los horrores del cambio climático. Si bien esta no es la única herramienta y deberíamos contar con todas las opciones disponibles, creo que es una herramienta que permite abordar ambos problemas simultáneamente”.
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