
A las puertas de la costa belga y en las proximidades de Brujas hay un pueblo que se ha consolidado como una de las localidades flamencas más cautivadoras por su conservación de la herencia medieval. Lissewege es reconocida como uno de los lugares más bonitos de Flandes y conquista a todos aquellos visitantes que buscan calma y autenticidad.
La conocida “aldea blanca” experimenta la esencia de la Flandes histórica, con una riqueza patrimonial única que crean una imagen de viviendas encaladas, adornadas con flores y contrastando con los sólidos edificios de ladrillo rojo. En sus calles se conserva ese carácter tradicional gracias a la armonía arquitectónica cuidada y preservada.
Un lugar lleno de historia y espiritualidad
Este entorno tan particular refleja una continuidad histórica que se remonta al inicio del segundo milenio, un período en el que el pueblo se convirtió en una parada esencial para los peregrinos que transitaban por la ruta de Santiago de Compostela.
El protagonismo monumental del pueblo recae en la iglesia de Nuestra Señora de la Visitación. Es un imponente templo gótico inicial, levantado en el siglo XIII, que domina el perfil del pueblo y regala, desde lo alto de sus 264 escalones, unas vistas panorámicas hacia la costa. También, su vista a la antigua Abadía de Ter Doest es de admirar, ya que es donde se conserva intacta una granja cisterciense de dimensiones sobrecogedoras y una atmósfera casi espiritual.
Ambos escenarios representan hitos arquitectónicos, pero también atestiguan el pasado de esta parada flamenca.
Paisaje natural, gastronomía local y creatividad
Lissewege revela una simbiosis perfecta entre el agua y el cielo. Está emplazada en pleno corazón de los polders, unas llanuras extensas ganadas al mar y delimitadas por diques, tan característicos del paisaje belga.
Desde sus orillas, el canal Balduino enlaza Brujas con el mar del Norte, invitando a paseos serenos en los que predominan los pastos verdes poblados de vacas y aves migratorias, que encuentran en este entorno un refugio de tranquilidad.

El entorno natural en el que se enmarca Lissewege potencia la dimensión artística del municipio. La oferta cultural se despliega desde el Museo de los Santos y su colección peculiar hasta las diferentes galerías de arte locales. Año tras año, el tradicional recorrido de las “Esculturas en la Aldea Blanca” refuerza la identidad creativa del lugar.
Para completar esta experiencia flamenca, hay que darse un paseo por su oferta gastronómica. Una referencia imprescindible dentro de Lissewege es el restaurante Ter Doest, donde la cocina de proximidad da forma a platos generosos ideales para completar la visita a este enclave tan singular de Flandes.
Lissewege es una localidad auténtica, donde la historia medieval, el arte contemporáneo y el paisaje natural conviven en equilibrio a escasa distancia de la capital belga.
Cómo llegar a Lissewege
Lissewege se encuentra a tan solo 11 kilómetros de Brujas. Para llegar desde la capital de Flandes Occidental hay diferentes métodos de transporte: autobús, tren e incluso bicicleta. La primera opción es el autobús a través de la línea 791. Por otro lado, en tren se puede acceder en la línea que se dirige hacia Zeebrugge, donde tiene una parada.
Finalmente, este trayecto es también una de las rutas tradicionales para las personas amantes de la bicicleta, ya que se encuentra a poco más de 10 kilómetros, como se citó anteriormente.
Un lugar sencillo de llegar desde Brujas en la que cada visita es un contraste entre las casas blancas, las edificaciones de ladrillo y la serenidad de los canales, que ofrece una experiencia inalterada por el paso del tiempo. De esta forma se ha consolidando como uno de los lugares imprescindibles para quienes exploran la región flamenca.
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