En los últimos meses, se ha registrado un aumento de los accidentes aéreos, tanto en vuelos comerciales como privados o militares. Uno de los más sonados ha sido el que ocurrió el pasado 29 de enero, cuando un avión militar impactó con una aeronave de American Airlines en la que viajaban 64 personas, segundos antes de que el avión de pasajeros aterrizara en el aeropuerto nacional de Washington. Ambos aparatos se precipitaron al río Potomac, causando la muerte de todos los integrantes. Este incremento en los incidentes ha preocupado a los pasajeros, especialmente a los que son más reacios a coger un avión.
Según los últimos datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA por sus siglas en inglés), un 25% de los viajeros tiene miedo a volar en algún grado, y un 5% de ellos sufre verdadera fobia a hacerlo. Pero lo cierto es que el avión es el medio de transporte más seguro del mundo. “Las estadísticas lo confirman. En 2023, hubo solo un accidente en 40 millones de vuelos. En 2024, hasta ahora, ha habido cuatro accidentes con víctimas mortales en otros 40 millones de vuelos. Cada accidente es trágico, pero si analizamos los números, la aviación sigue siendo el medio de transporte más seguro”, explica Pedro Durán, comandante de Airbus, a Infobae España.
Durán lleva 24 años volando y hoy es comandante en la flota del Airbus A320, pero también ha volado el A330, A340 y A350. Su dilatada experiencia la combina con una labor de divulgación en redes sociales, con la que ayuda a los viajeros a que pierdan el miedo a volar. “Este suele ser un problema de gestión de la ansiedad. Puede originarse por múltiples razones: una mala experiencia previa, el miedo transmitido por alguien cercano, como un padre a un hijo, o incluso por el entorno, ya que a veces un pasajero con miedo puede influir en quienes están a su lado”, detalla.
Pero no siempre es así, pues también depende de la situación del viajero y del ambiente en el que se encuentre. Durán señala que “hay momentos en la vida en los que una persona puede volverse más aprensiva. A muchas mujeres les sucede después de dar a luz. Es un estado de alerta natural, similar al que tienen los animales con sus crías. En ese momento, la persona puede empezar a preocuparse más por su seguridad, pensando: Si me pasa algo, ¿cómo se quedarían mis hijos?”.
Una falta de conocimiento

Los motivos por los que un viajero puede tener miedo a volar son diversos, pero ”todos tienen algo en común. Surge de una percepción de peligro que, en la mayoría de los casos, no se corresponde con la realidad”. Pero no solo eso, pues, en general, los pasajeros no están bien informados de los factores y consecuencias sobre los peligros reales que puede haber en un avión. Un ejemplo claro son las turbulencias, uno de los aspectos más frecuentes en un viaje y que más preocupan a los pasajeros.
“Es totalmente el desconocimiento de lo real, de lo que realmente es una turbulencia y cómo afecta al avión. Un avión está diseñado para soportar incluso las turbulencias más extremas que se puedan encontrar en la naturaleza. No existe ninguna turbulencia capaz de romper un avión moderno, y de hecho, nunca ha ocurrido”, detalla Pedro Durán. Lo cierto es que las turbulencias no son nada agradables y pueden crear algo de preocupación, pero, “si entiendes que no tienen consecuencias fatales, se vuelven mucho más llevaderas”.
Sin embargo, el desconocimiento de la realidad provoca que cuando el viajero experimenta este tipo de situaciones se ponga en lo peor. A esto hay que sumar también “la amplificación de las redes sociales y los titulares sensacionalistas que contribuyen a la desinformación. Se habla de ‘vacíos de aire’, ‘bolsas de aire’ o de que ‘el avión cayó en un pozo de aire’, conceptos que no existen y que son malas traducciones o interpretaciones erróneas”, afirma el piloto de Iberia.
“Nunca hay que dejar de volar”

Al igual que las turbulencias, el fallo de un motor es otro de los factores más comunes que pueden crear cierto miedo en los viajeros. Sin embargo, estas situaciones, a pesar de ser delicadas, están totalmente previstas y entrenadas. “Los aviones están diseñados para volar sin problema con un motor menos. No solo pueden seguir volando, sino también despegar con un motor inoperativo si fuera necesario”, asegura el comandante. De hecho, no es nada usual que esta situación ocurra, pues “cada año fallan unos 150 motores en todo el mundo”.
Además, los accidentes por fallo de un motor son todavía menos comunes, ya que “en los últimos 16 años solo ha habido dos accidentes donde un fallo de motor jugó un papel relevante: el amerizaje en el Hudson en 2009, cuando ambos motores se apagaron tras un impacto con unas aves, y un caso reciente aún en investigación”. Estos dos datos demuestran que, “por sí solo, un fallo de motor no provoca un accidente”.
Aun así, es inevitable en ocasiones perder ese miedo a volar o ponerse nervioso al subirse en un avión. De hecho, muchos pasajeros no viajan a algunos destinos por esta circunstancia o eligen otros medios de transporte como el coche o el tren, aunque eso signifique realizar trayectos muchos más largos o más caros. Sin embargo, esta situación se puede trabajar y superar gracias a todas las ayudas que están disponibles a día de hoy. Asimismo, Pedro Durán señala que lo primero es tomar conciencia del problema y decidir enfrentarlo, pero afirma que una de las cosas fundamentales es “no dejar de volar. Si empiezas a evitar volar, el problema puede empeorar y derivar en una fobia, lo que hace más difícil superarlo”.
A su vez, la información es primordial, pues, para algunas personas, “aprender sobre aviación es suficiente para reducir su miedo”. Lo que hay que evitar es que ese temor se transforme en una fobia, y en ese caso la terapia es crucial. “Yo recomiendo combinar ambas estrategias, ya que la información y el apoyo profesional pueden marcar la diferencia”, detalla el comandante de Iberia.
“La seguridad es la prioridad número uno en la industria”

La tripulación de un avión también es relevante para ayudar a los pasajeros y tranquilizarlos en diferentes situaciones como el despegue o el aterrizaje. De hecho, está formada con los conocimientos suficientes para tratar una situación como puede ser un cuadro de ansiedad o incluso un ataque de pánico. En este caso, lo primero es identificar que de verdad se trata de un ataque de pánico, ya que “al principio, los síntomas pueden confundirse con otros problemas médicos, como un infarto. Por eso, si una persona sabe que es propensa a sufrir este tipo de situaciones, puede ser útil avisar a la tripulación al embarcar”.
Además, cuando se detecta un caso así, la tripulación activa un protocolo de seguridad, en el que “un miembro atiende al pasajero, otro informa al comandante, se solicita la presencia de un médico a bordo y, si se confirma que es un ataque de pánico, se busca apoyo de algún psicólogo con experiencia en el tema”. Todo está perfectamente coordinado para acompañar al viajero y que pase el tiempo que suceda lo mejor posible.
En este sentido, la aviación cuenta con una cultura de seguridad que cubre todos los aspectos que pueden influir en un vuelo. “La seguridad es la prioridad número uno en la industria. Todo el mundo que trabaja en aviación lo lleva en el ADN”, detalla Pedro Durán. Todo gira en torno a la seguridad: desde el diseño de los aviones y los aeropuertos hasta el entrenamiento de los actores implicados. Cada detalle está medido y comprobado al milímetro, con revisiones exhaustivas tanto de los aviones como de los propios pilotos. Según Durán, “no hay una industria igual”.
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