
Sol, playa, arena y una increíble oferta turística son algunos de los aspectos que definen a Ibiza. La isla balear es conocida por su increíble ocio nocturno, el cual reúne a los mejores artistas y músicos del mundo, pero es mucho más que eso, pues atesora un patrimonio histórico y natural envidiable. De hecho, si hay algo que define a Ibiza es su naturaleza, pero sobre todo la sal. Históricamente, la sal ha sido el motor principal de la economía de la isla gracias a sus recursos y condiciones únicas y a día de hoy se han convertido en sus mayores atractivos turísticos.
Esto es gracias a Ses Salines, que declarado Parque Natural en 2001, se ha consolidado como uno de los enclaves imprescindibles para los visitantes de Ibiza. Este espacio protegido abarca cerca de 3.000 hectáreas terrestres y 13.000 marinas, extendiéndose entre el sur de Ibiza y el norte de Formentera. Su territorio incluye el brazo de mar que separa ambas islas, hogar de las praderas de posidonia oceánica, reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999. Este ecosistema es fundamental para la pureza de las aguas, la biodiversidad marina y el paisaje característico de las costas pitiusas.
Un legado de oro blanco
La explotación de las salinas de Ibiza comenzó en la época fenicia, alrededor del 600 a.C., y durante siglos constituyó la principal fuente de riqueza de la isla. Fenicios, cartagineses, romanos, musulmanes y cristianos mantuvieron una producción ininterrumpida de sal, que era utilizada como conservante de alimentos y moneda de cambio. En la etapa musulmana, entre los siglos XII y XIII, se intensificó la explotación de los estanques, un proceso que se perfeccionó tras la reconquista catalana.
Se introdujeron innovaciones como compuertas, nuevos estanques y mejores infraestructuras de embarque. En el siglo XIX, la sal se convirtió en el principal recurso de financiación de la isla y su explotación fue gestionada por la Universitat de Ibiza hasta 1715, cuando pasó a manos de la Corona. En 1871, las salinas fueron subastadas y adquiridas por la empresa Fábrica de Sales de Ibiza. Desde 1898, son gestionadas por Salinera Española, una empresa de Mallorca que aún conserva su actividad. La industria vivió su máximo esplendor en el siglo XIX, cuando llegó a emplear a 1.000 personas, aunque en la actualidad solo trabajan unas 20.
Biodiversidad y paisajes únicos
Los estanques de Ses Salines representan la mayor zona húmeda de Ibiza, con 400 hectáreas. Albergan 178 especies de plantas y 210 de aves, entre ellas los flamencos, que destacan por su plumaje rosado, derivado de su dieta basada en el crustáceo Artemia salina. Estos ecosistemas incluyen playas, cordones dunares con sabinas centenarias, acantilados y estanques que, vistos desde las alturas, forman un mosaico de colores que varía entre tonos azules, verdes y rosados.

La tonalidad de los estanques está ligada a la salinidad del agua y a los microorganismos que la habitan, como el alga Dunaliella salina y la bacteria Halobacterium salinerum, responsables de los colores rosados intensos. Los estanques se dividen en tres tipos: calentadores, concentradores y cristalizadores, donde la sal se extrae durante septiembre y octubre. Pero esto no es todo, pues Ses Salines conserva un importante patrimonio histórico.
Así, entre los puntos de interés se encuentran las playas de Es Codolar, Ses Salines y Es Cavallet; la cala de Sa Sal Rossa; las torres defensivas de Es Carregador y Ses Portes; y la iglesia de Sant Francesc. Junto a esta última se ubica el Centro de Interpretación del Parque Natural, donde los visitantes pueden aprender sobre la flora, fauna e historia de las salinas.
Las rutas que atraviesan el parque permiten explorar los estanques y las torres de defensa, siendo especialmente destacada la caminata hacia la Torre de Ses Portes, situada entre las playas de Ses Salines y Es Cavallet. Este recorrido combina vistas panorámicas, historia y una conexión única con el entorno natural.
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