Suiza, enclavada en el corazón de Europa, ofrece algunos de los paisajes naturales más espectaculares y variados del continente. Con sus icónicos Alpes cubiertos de nieve, valles profundos, y lagos cristalinos, el país se ha convertido en un referente mundial para los amantes de la naturaleza. Así, son muchos los que se acercan a disfrutar de todos estos lugares, los cuales, algunos son mundialmente conocidos, mientras que otros permanecen ocultos.
En este sentido, en las alturas de Val Piora, en el cantón suizo de Ticino, se ubica uno de los secretos mejor guardados del país. Se trata del Lago di Cadagno, una laguna que, a simple vista, podría parecer otro lago alpino de color verde esmeralda. Sin embargo, este pequeño lago de montaña, con poco más de 400 metros de ancho y 20 metros de profundidad, ha captado la atención de científicos de todo el mundo debido a su singular estructura y propiedades únicas.
Así, tal y como explica el profesor de biología Raffaele Peduzzi al medio local L’Illustré, el Lago di Cadagno es meromíctico, un término que describe la permanencia de sus capas de agua, que nunca se mezclan. Esta característica excepcional lo convierte en un laboratorio natural para estudiar las condiciones que dieron origen a la vida en la Tierra.
Tres capas, un ecosistema único

El Lago di Cadagno , según explica el profesor, está compuesto por tres capas de agua claramente diferenciadas. La primera, hasta una profundidad de 11 metros, está formada por agua clara y rica en oxígeno que desciende de los arroyos del macizo del San Gotardo y el paso de Lukmanier. Filtrada por las rocas de granito, esta agua contiene mínimas cantidades de sales y proporciona un entorno ideal para peces y plancton. La situación cambia radicalmente en las profundidades del lago, donde la segunda capa, denominada “zona muerta”, carece de oxígeno y está saturada de sales minerales provenientes de manantiales subterráneos.
Estas aguas, ricas en piedra caliza y azufre, son inhóspitas para peces y humanos, pero albergan microorganismos ancestrales que transforman las sales de azufre en sulfuro de hidrógeno tóxico. Entre ambas capas existe una tercera, formada por una alfombra de bacterias de 1,5 metros de grosor. Estas bacterias, consideradas de las primeras en realizar fotosíntesis en la Tierra, filtran el sulfuro de hidrógeno y generan nutrientes que sostienen la vida en la capa superior. Los pigmentos fotosintéticos de estas bacterias tiñen el agua de un tono rojo rosado, añadiendo un matiz fascinante al ya resplandeciente verde del lago.
Un legado científico

De acuerdo con L’Illustré, Raffaele Peduzzi comenzó a investigar el Lago di Cadagno en la década de 1980, revelando su estructura meromíctica y su singular ecosistema. Desde entonces, más de 400 publicaciones científicas han abordado este fenómeno. Investigadores internacionales han señalado que el lago presenta condiciones similares a las que existían en los océanos primitivos, hace entre 500 y 3.500 millones de años.
“Estudiar el Lago di Cadagno es como viajar en el tiempo”, explica Sandro Peduzzi, hidrobiólogo e hijo de Raffaele, quien continúa la labor de investigación. “Su análisis nos permite entender etapas cruciales de la evolución de la vida en el planeta”.
Entre los descubrimientos más recientes se encuentra la identificación de tres especies desconocidas de bacterias del azufre, una de las cuales ha sido bautizada como Tiocystis cadagnonensis. Además, estudios franco-suizos han revelado que el lodo del fondo del lago podría ser un precursor del petróleo, abriendo nuevas líneas de investigación sobre los procesos biológicos y geológicos en ambientes extremos.
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