
Atravesando Francia de este a oeste, el río Loira dibuja a su paso gran parte de la historia del país galo. Su valle, con una extensión de más de 400 kilómetros, es conocido también como el Valle de los Reyes y no es para menos, pues a la orilla de este río, múltiples castillos se suceden dando lugar a uno de los conjuntos monumentales más singulares del mundo. Estas fortalezas y palacios fueron utilizadas por los monarcas como lugares de descanso, coto de caza o incluso de escondites.
En total son 83 los castillos recogidos por la Asociación de Castillos del Loira, y estos cuentan con un valor incalculable gracias a su variedad en estilos y arquitectura. Es imposible quedarse con uno solo, pero el castillo de Chambord es uno de los más impresionantes de todos. Esta fortaleza es una joya emblemática de la arquitectura renacentista francesa.
Construido en el siglo XVI, durante el reinado de Francisco I, este colosal monumento refleja tanto la influencia italiana como las aspiraciones monárquicas de la época.
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Una joya del Renacimiento francés

En el año 1519, el rey Francisco I ordenó la construcción del castillo de Chambord. Sobre un “terreno pantanoso, a orillas del río Cosson y en el centro de un bosque rico en caza” se levantó las aspiraciones de un monarca que quiso hacer de este castillo “un bello, grande y suntuoso edificio”, demostrando así su poderío en Europa. Sin embargo, “como consecuencia de la sexta guerra de Italia, que culminó con la derrota de Pavía, las obras debieron suspenderse entre 1522 y 1526. Al regreso de Francisco I, se reanudaron durante veinte años sin interrupción, hasta su muerte acaecida en 1547″, señalan desde el portal web.
Su arquitectura llama la atención gracias a la mezcla de influencias renacentistas tanto francesas como italianas. De hecho, se piensa que Leonardo da Vinci, quien pasó los últimos años de su vida en Francia bajo el patrocinio de Francisco I, tuvo una influencia significativa en el proyecto, aunque su participación exacta sigue siendo objeto de debate. De este modo, se puede apreciar una estructura basada en el modelo de las fortalezas medievales, con un edificio central de planta cuadrada, denominado donjon, que cuenta con cuatro torres en las esquinas.

En su interior, se distribuyen cinco niveles habitables, cada uno conformado por cuatro apartamentos de planta cuadrangular y cuatro en las torres redondas. Uno de los elementos más destacados del castillo es la impresionante escalera de doble hélice. Esta peculiaridad arquitectónica ha contribuido a la fama de Chambord, y no es para menos, pues se piensa que fue el ingenio de Da Vinci quien la construyó. Este ingenioso diseño consta de dos escaleras que giran en el mismo sentido, pero que nunca se cruzan, permitiendo que dos personas suban o bajen al mismo tiempo sin encontrarse.
Un complejo tan grande como París
Otro de los aspectos que llaman la atención son las impresionantes dimensiones que tiene el castillo. Este cuenta con alrededor de 430 habitaciones, más de 80 escaleras y casi 300 chimeneas. De todas las estancias, son solo visitables 60. Otro aspecto arquitectónico de relevancia es el techo del castillo, una verdadera obra maestra con más de 800 esculturas. Las torres y buhardillas están adornadas de manera exquisita, creando un perfil que algunos comparan con el skyline de una ciudad. Es en este techo que se puede encontrar una terraza panorámica que ofrece vistas impresionantes del territorio circundante.
Pero esto no es todo, pues la caza era una de las pasiones del rey, y Chambord ofrecía un entorno ideal gracias al extenso bosque que lo rodeaba, que abarca aproximadamente 5.440 hectáreas. Este parque es tan grande como el París intramuros, el parque cerrado más grande de Europa, y está rodeado por 32 kilómetros de muros. Además, son muchas las rutas de senderismo que recorren este espacio, conformando así hasta 20 kilómetros de senderos. Tampoco hay que olvidarse de sus jardines a la francesa, los cuales albergan una amplia colección de fauna y flora.

Gracias a todo ello, el Dominio Nacional de Chambord “es un conjunto arquitectónico y natural único en Francia, declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 1981. Es, además, una reserva nacional de fauna silvestre y de caza que, desde el año 1947, alberga numerosos animales representativos de la fauna de Sologne, como las poblaciones de jabalíes y cérvidos”, cuenta desde la web.
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