Hace poco menos de un año, Jon Rahm vivía su momento vital más culmen. En lo deportivo había ganado el Masters de Augusta, que le abría las puertas de por vida a un selecto club. Y lejos del campo era un modelo de valores y coherencia, un líder respetado tanto por rivales como aficionados. Hasta que decidió emprender rumbo al LIV, lo que en tantas ocasiones había criticado. “No puedo comentar nada de los detalles, es un negocio privado y se mantendrá privado. Ha sido una gran oferta. El dinero está genial, pero lo que he dicho antes es cierto, no juego al golf por dinero, sino por el amor al juego”, iniciaba.
“Pero como marido y padre debo aprovechar estas oportunidades. Ha sido un factor, pero hay otros. Ser parte de un equipo, ser un capitán, liderar a mis compañeros es especial. Ojalá algunos niños en el futuro crezcan siendo aficionados de mi equipo”, zanjaba. Mensaje lanzado un año después de su alegato a favor del PGA Tour. “Esta es mi respuesta oficial, la única vez que hablaré de esto, donde estoy declarando oficialmente mi lealtad al PGA Tour. Tres días para mí no es un torneo de golf, y sin corte. Es así de simple. Quiero jugar contra los mejores del mundo en un formato que ha existido durante cientos de años”, explicaba.

A cero desde su fichaje por el LIV
Su marcha al LIV cambió las cosas y el reencuentro esta semana con sus excompañeros del PGA Tour no ha sido todo lo cordial que como le hubiera gustado al jugador de Barrika. “Sí, he notado actitudes hostiles, pero me lo esperaba, mis amigos han seguido siendo mis amigos, pero alguno con los que tenía una relación muy cordial, no me han mirado ni a la cara, son cosas que pasan, si alguien cambia su opinión de mí es un tema suyo, no mío, sabía que iba a pasar, pero no sabía quién…”.
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Jon Rahm terminó la última jornada con 76 golpes, un resultado de +9 que le deja empatado en el puesto 45º, entre otros con su compatriota José María Olazábal. La peor participación en su historia en este torneo desde que lleva jugando el Masters desde 2017 de forma ininterrumpida. Desde que firmó por el LIV Golf por 550 millones de euros hace cuatro meses, el golfista español no ha levantado título individual alguno. Desde que se enfundara la chaqueta verde en Augusta en 2023, el de Barrika ha ganado la Ryder y ha sido campeón por equipos en dos de las paradas del LIV. Pero a nivel individual, nada.
“¿No he ganado en un año? Es verdad, pero he estado peleando por ello en todos los torneos del LIV. A mí no me preocupa eso. En el golf pierdes o ganas por detalles. Tampoco soy Tiger. Ese momento al que mucha gente se refiere fueron tres meses el año pasado”, afirmaba el golfista tras cerrar su participación en un Masters en los que las sensaciones con los palos no han sido las mejores. Bien es cierto que ha terminado en el top 5 en todos los torneos del LIV que ha disputado, lo que da muestras de su regularidad, pero también lo es que todavía no ha ganado ninguno.
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