La inminente entrada en vigor del acuerdo sobre Gibraltar genera ilusión pero también inquietud y temores

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El 23 de junio de 2016 el 96% de los gibralteraños votaron a favor de permanecer en la UE pero su voto no fue suficiente para que prosperara el 'Brexit'. Ahora, diez años después de aquella consulta y como consecuencia de la salida de Reino Unido de la UE, verán como la Verja y los controles fronterizos que durante años han sido un quebradero de cabeza desaparecen gracias al acuerdo entre Londres y Bruselas y cuya aplicación provisional está previsto que se produzca a partir del 15 de julio.

En la frontera, ya están en marcha las obras para desmontar el paso fronterizo donde actualmente la Policía Nacional por un lado y la Policía gibraltareña por otro controlan los pasaportes, mientras que en las calles de Gibraltar todos parecen estar expectantes por ver cuándo por fin desaparece la Verja y no se terminan de creer que será en apenas tres semanas. Algunos incluso, hablan de otoño y recuerdan que ya antes se dieron fechas que no se cumplieron.

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Sin embargo, entre los 'llanitos' son muchos los que no ocultan su temor por el hecho de que al suprimirse los controles entren en el Peñón más amigos de lo ajeno y delincuentes, habida cuenta de que el índice de criminalidad es bajo y la prisión local, con capacidad para unos 40 reclusos, solo tiene una decena de presos --los reos condenados a penas más largas son enviados a Reino Unido--.

Así, Carlos, conductor de autobús, reconoce que le preocupa que lleguen "más carteristas y okupas" mientras que el propietario de una de las innumerables joyerías en Main Street, la principal arteria comercial de Gibraltar, coincide en que quizá puedan llegar más ladrones de los que lo hacen a día de hoy.

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El ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, es plenamente consciente de esta circunstancia y de la preocupación que hay entre los alrededor de 34.000 residentes y por eso ha tomado medidas para minimizar este riesgo.

En un encuentro con un grupo de medios españoles, entre ellos Europa Press, sostiene que este temor es "el efecto psicológico de lo que nos hizo Franco" cuando en 1969 decidió cerrar la Verja, que no reabrió para peatones hasta 1982 y al tráfico rodado hasta 1985.

"Franco nos encerró, dividió a familias e hizo que muchas personas que vivían en la zona y trabajaban en Gibraltar tuvieran que emigrar" a otros países "porque aquí ya no había trabajo", denuncia, subrayando que los gibraltareños se quedaron "enjaulados" entre la frontera y el mar.

PARAÍSO DE SEGURIDAD

Irónicamente, subraya, en un análisis que comparten otros gibraltareños, aquello generó "un gran sentido de seguridad" hasta el punto que recuerda que sus padres no cerraban por la noche la puerta de casa y su padre dejaba puestas las llaves en el coche, porque ¿quién iba a robar un coche que no podía sacar del Peñón? "Era un paraíso de seguridad", resume.

La reapertura de la frontera en 1982 también generó "un poco de miedo". "Porque de pronto esa jaula, cuando se abre, no solamente permite que el pájaro vuele, sino también permite que entren otros pájaros", ilustra, esgrimiendo que también se sintió la misma inseguridad cuando se permitió que todos los ciudadanos de la UE pudieran entrar libremente en Gibraltar.

Así las cosas, pone de relieve que hoy en día "el crimen es internacional". "Creo que nuestros niños están más en riesgo por lo que puede entrar en su habitación de noche en el móvil que lo que puede entrar andando por la frontera", subraya, si bien quiere dejar claro que como padre de tres hijos, no hará "absolutamente nada que les pueda poner en peligro".

De ahí el que se haya invertido en cámaras de reconocimiento facial para instalarlas en la zona norte del aeropuerto y en las principales vías del Peñón y poder identificar eventualmente a personas buscadas. A esto se suma una red de cámaras en todo el territorio para que las fuerzas del orden puedan garantizar la vigilancia y la protección de la ciudadanía.

SUBIDA DE PRECIOS

Pero el acuerdo también suscita otros temores, ya que prevé que en Gibraltar se aplique un nuevo impuesto, similar al IVA, que partiendo del 15% alcanzará el 17% en tres años y que busca acabar con el desequilibrio fiscal con respecto al Campo de Gibraltar, lo que traerá aparejada una subida de precios.

A algunos como Ana, nacida en España, residente en Gibraltar y que pronto aspira a obtener la ciudadanía gibraltareña, les preocupa que como resultado de ello su poder adquisitivo se va a ver reducido. En los comercios que jalonan Main Street también hay incertidumbre sobre cómo les va a afectar este nuevo impuesto, al margen de que en algunos casos aún no tienen claro cómo se va a implementar y a partir de cuándo.

El propietario de la joyería dice que él es de naturaleza optimista y cree que aunque suban los precios --las joyas solo pagan ahora un 3% de impuesto, de ahí que sea el principal negocio en Main Street--, como seguramente ahora sean más quienes acudan a visitar Gibraltar, seguirá vendiendo lo mismo o incluso más. "Muchos españoles ahora no vienen por miedo a las colas", subraya.

En una de las numerosas tiendas que venden licores y tabaco sus dependientas coinciden en que aunque igual ahora los españoles que van al Peñón en busca de estos productos porque son más baratos que en el Campo de Gibraltar disminuyen, vaticinan que aún seguirá resultando algo más económico y que los clientes británicos y europeos que llegan también a diario se mantendrán.

LOS TRABAJADORES TRANSFRONTERIZOS, LOS MÁS CONTENTOS

Pero sin lugar a dudas, quienes más lo celebran son los alrededor de 15.000 trabajadores transfronterizos que cada día tienen que cruzar la Verja para ir a trabajar. "Ese día me hacen reina", bromea Daniela, camarera y residente en Campamento, que cruza todos los días en patinete para evitar las colas.

También Sandra, que trabaja igualmente en hostelería, se muestra muy contenta. Ahora, coge cada día un autobús en La Línea hasta la frontera y entra a pie porque en ocasiones había días que tenía que echar varias horas y llegaba tarde al trabajo. En el caso de Lola, que trabaja en un estanco, acude cada día a su puesto de trabajo en moto y cree que a partir del 15 de julio todo será más fácil.

En realidad, la supresión de la Verja será una vuelta a la realidad que había antes del cierre por Franco, cuando los habitantes de uno y otro lado cruzaban sin pensarlo y las familias podían visitarse sin temor a tener que invertir horas o incluso, como ocurrió durante el cierre, coger un ferry a Tánger para ir de ahí a Algeciras para poder visitar a algún familiar en La Línea y luego hacer lo mismo en sentido inverso.

GIBRALTAR SEGUIRÁ SIENDO GIBRALTAR

No obstante, aunque se recupere la fluidez, los gibraltareños dejan claro que no cambiarán de opinión respecto a formar parte de España --ya han dicho que no en dos referendos--. "Que la gente no quiera que exista una frontera no debe confundirse con que quieran un cambio de soberanía", advierte Alfred Bassadone, empresario y miembro de la Cámara de Comercio de Gibraltar.

Por su parte, la ministra de Sanidad y Negocio de Gibraltar, Gemma Arias-Vasquez, llamada a tomar el relevo el próximo otoño a Picardo al frente de su partido y como ministra principal, no ve riesgo de una españolización de los gibraltereños.

"Tengo plena confianza en que el gibraltareño seguirá siendo muy gibraltareño o incluso más en el futuro", asegura, incidiendo en que los españoles no se sienten "menos españoles" porque no haya frontera con Francia como tampoco "los franceses se sienten menos franceses".

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