Salvador Ruiz
Grazalema (Cádiz), 16 feb (EFE).- Vecinos de Grazalema (Cádiz) que han vuelto este lunes a su pueblo, tras once días desalojados por unas lluvias extraordinarias que ocasionaron peligro de hundimientos por el colapso del acuífero, afrontan la primera noche de retorno con sus casas, en algunos casos, patas arriba.
Ese es, literalmente, el panorama que Paqui tiene por delante. Apiló, antes de la evacuación, el sofá encima de una mesa en la primera estancia del inmueble, pero no se queja del actual estado precario de su vivienda en una céntrica calle.
Cuenta a EFE que está relativamente acostumbrada a episodios parecidos, aunque ninguno como este: brotaba el agua del suelo desde la entrada hasta el patio, tuvo que pedir a los bomberos que rompieran un escaloncillo en la fachada para dar salida a lo acumulado antes de que siguieran con su labor en zonas más necesitadas. A ella no le llegaba el agua al interior, sino al revés.
Encima del sofá está el bombo del hijo, que toca en la banda de música del pueblo, y el traje de 'Miguelete' para la recreación histórica de las fiestas de octubre. Había que protegerlos para conservar las tradiciones locales cuando recuperen la normalidad.
En medio del lío, abrazos de reencuentro con vecinos. Ha llegado Mari Luz, cocinera del colegio que está pendiente de la plataforma educativa ´Séneca' para saber cuándo debe volver al trabajo, aunque el centro estaba sin luz.
Explica a EFE que vive en la 'zona cero' del pueblo, donde aún no se puede acceder, un área conocida como 'Los Corrales'.
Desconoce si en su vivienda hay luz, dejó la nevera y todo conectado, pero en su casa no entró el agua porque vive en un tercero.
Más crudo lo tiene Antonio, dueño de uno de los cinco supermercados del pueblo, una ferretería y una fábrica de licores y mermeladas. Detalla a EFE que el almacén central de los tres negocios está en el sótano del súper y se inundó: el agua alcanzó una altura de cuatro metros y ahí están los motores de las máquinas.
Reventó la cámara de aire de sus paredes y espera a los peritos del seguro para valorar los daños, hay material inservible y está sin luz.
"Una catástrofe muy grande, tensión e impotencia de no poder hacer nada", son los sentimientos a flor de piel que expresa.
Paqui señala que este es el cuarto episodio parecido que recuerda, en los anteriores el agua brotaba por el desagüe del patio y casi rutinariamente repetía la misma acción, subía a su abuela, que vivía en la planta baja, hasta la superior. Y el sofá lo colocaba encima de la mesa.
Otros vecinos comentan que pasan unos caños o tuberías antiguas por debajo del suelo de la zona y las construcciones nuevas "han cerrado" esas conducciones.
A Paqui le viene a la memoria que su bisabuelo tenía un corcho donde dejaba sus zapatos para que no se le mojaran, que -de alguna forma- convivían con el agua algún día que otro "y luego se secaba".
Hay puertas que aún siguen fortificadas con tablones, trapos y todo lo que pudo ponerse en la batalla contra el agua.
Grazalema, 'uno de los pueblos más bonitos de España', tiene su casa consistorial presidida ahora por dos pancartas: una con el lema 'Bienvenidos a casa' y otra con un 'Gracias por vuestra ayuda' a todos los que han arrimado el hombro.
Muchos vecinos dejaron abiertas las puertas de sus casas para que siguiera saliendo el agua que brotaba por donde podía aquel 5 de febrero. Esta noche mientras unas siguen sin cerrarse, en otras sí se hará, pero la humedad y el destrozo se mantiene dentro.
La iglesia ha repicado campanas y está abierta e iluminada, pero vacía. Y la naturaleza del entorno de la sierra sigue su curso, varias ciervos cruzan tranquilamente la carretera que lleva al pueblo ya caída la noche. EFE
(foto)


