El accidente de Uharte-Arakil vuelve a la memoria en Navarra tras las imágenes de Adamuz

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Javier Rodrigo

Pamplona, 20 ene (EFE).- Fue un 31 de marzo de 1997, Lunes de Pascua, a falta de un par de minutos para las ocho menos cuarto de la tarde. La noticia sobre la tragedia corrió como un reguero de pólvora, primero en la Sakana y después en toda Navarra, en todo el país y en todo el mundo: el intercity ‘Miguel de Unamuno’ había descarrilado a las altura de Uharte-Arakil.

Ha sido la mayor catástrofe ferroviaria de Navarra, con 18 muertos y 115 heridos, y una de las mayores de España. Este siniestro ha vuelto a ser recordado por muchas de aquellas víctimas y personas que fueron entonces atendidas, al ver las imágenes del grave accidente de tren en la localidad cordobesa de Adamuz ocurrido el pasado domingo, que se ha cobrado la vida de al menos 41 viajeros.

Pello Obregozo era el párroco de Uharte-Arakil en 1997 y guarda unos recuerdos muy vívidos de la catástrofe. En ese momento estaba celebrando la misa y al terminarla, cuando le dieron la noticia, cogió la bolsita en la que guardaba los elementos para dar la extremaunción y salió corriendo hacia la estación de tren.

El párroco, que también tiene estudios sanitarios, ha comentado a EFE que, al llegar, le impresionó ver el tren descarrilado, con dos vagones volcados. Junto a un amigo sacerdote, de Etxarri-Aranatz, estuvo dando la extremaunción y bendiciendo los cadáveres puestos en fila a un lado.

Los heridos estaban siendo trasladados a unas naves industriales cerca de la estación y Pello se trasladó hasta ese lugar para tratar de ayudar por sus conocimientos médicos. "Fue una evacuación rapidísima. Ningún herido murió, ninguno. Todos se salvaron", ha subrayado.

Anabel Garciandía es miembro de Cruz Roja y especialista en atención psicológica a víctimas en accidentes y catástrofes. La de Uharte-Arakil de 1997 fue su primera intervención y después ha participado en los dispositivos establecidos por las inundaciones de Badajoz (5 y el 6 de noviembre de 1997), el naufragio de una embarcación en el lago de Banyoles (8 de octubre de 1998) y los atentados de la estación de Atocha del 11 de marzo de 2004.

Las imágenes del accidente de Adamuz le han devuelto a la memoria muchos recuerdos: "Con todas las escenas que hemos visto se remueven todas las emociones, se revuelve todo lo que llevas dentro. Han pasado muchos años, pero, como son situaciones fuertes, ahí están".

"Recuerdo la sensación de miedo, de ansiedad, un poco agobio mientras ibas en el coche repasando todo lo que tenías que hacer", ha rememorado.

¿Cómo debe actuar un psicólogo al llegar al escenario de una catástrofe con víctimas? Según Anabel, hay que "observar, tener claro a dónde tienes que ir, tener claro que vas a intentar ayudar, que no tienes una palabra mágica para disminuir el dolor y el sufrimiento de la gente".

En cualquier caso, ha apuntado, es fundamental intervenir cuanto antes, porque "todas esas emociones tienen que salir, son una bomba de relojería, tienen que salir por alguna parte", ya que "se pueden enquistar y podemos encontrarnos, con el tiempo, con un estrés postraumático".

Una de las autoridades que primero se desplazó al lugar de la tragedia fue el entonces presidente de la Comunidad Foral, Miguel Sanz, quien ha recordado a EFE que "fue muy duro, pero también, en contrapartida, la respuesta ciudadana canalizada por el Gobierno de Navarra fue tremenda, también por el Gobierno de España y los gobiernos autonómicos".

El expresidente, que ese día recibió por primera vez una llamada del rey Juan Carlos I desde que había accedido al cargo en el Gobierno de Navarra, ha valorado especialmente que "la sociedad navarra se volcó" para atender a las víctimas, "incluso cediendo preferencias en las asistencias hospitalarias". EFE

(foto) (vídeo)