Madrid, 8 ene (EFE).- Emma Suárez encarna a una mujer adicta al alcohol en 'Desmontando un elefante', que se estrenará el viernes. Pero la película no trata su adicción, sino su reconstrucción, en donde habita el gran reto del personaje: "Enfrentarse a la vida" desde "el miedo a vivir".
Suárez (Madrid, 1964) ha atendido a EFE este miércoles junto a Natalia de Molina, coprotagonista de una producción en la que también interviene Darío Grandinetti. Es el debut como director de Aitor Echeverría.
El cineasta, 48 años, define 'Desmontando un elefante' como "una película positiva que habla de reconstrucción y de una familia con un problema que no quería ver pero que va visualizando poco a poco". La adicción de Marga (Emma Suárez), una arquitecta de éxito a la que el alcohol está destruyendo, es el problema.
Inicia una terapia de rehabilitación y se enfrentará a su propia voluntad, indomable casi siempre y fuente de potentes tensiones familiares, en especial con su hija Blanca (Natalia de Molina).
La adicción al alcohol es el problema que hilvana la trama: el "elefante en la habitación", dice Suárez, a pesar de que "la sustancia", como la llama la actriz, no aparezca en ningún momento del metraje.
Porque la película no explora la adicción. Examina la reconstrucción. "Marga no se quiere nada y tiene un miedo a vivir terrible. Es alguien que se ha escapado de sí misma gracias a un hábito que es una sustancia. Debe desprenderse de eso y enfrentarse a la vida y enfrentarse a quien es", relata.
Al reto se le interpondrán amenazas, no solo el miedo. El "rechazo social" y la compleja aceptación de su propia familia son otras, ya que a la aparente desidia del marido se le unirá el paulatino malestar de Blanca, una bailarina profesional.
Natalia de Molina comenzó a construir su personaje un año antes del rodaje. Tuvo que aprender a bailar como una profesional consumada de danza contemporánea.
Cuenta que el proceso que empezó de manera "inocente", por eso de cumplir un sueño de su infancia, el baile, se fue tornando más y más exigente, pues al entrenamiento se sumó la organicidad de un personaje a quien la relación con la madre adicta le va arrebatando espacios de libertad y de expresión.
"Y llega un momento en que se bloquea, que ni siquiera puede respirar", señala De Molina, para quien 'Desmontando un elefante' toca también el riesgo de descomposición personal y laboral al que se enfrentan los familiares de las personas adictas.
Más en una familia como la de Marga, a la que le cuesta comunicar, hablarse. Querer.
También Emma Suárez hubo de preparar concienzudamente su personaje, para lo que acudió a numerosas sesiones terapéuticas con profesionales y familiares, lo que le resultó "determinante".
El material de la actriz, así como el que fue acumulando Aitor Echevarría, permitieron confeccionar un personaje tremendamente riguroso.
También distante. Dice el director que Marga "se encuentra en una situación de máxima vulnerabilidad porque afronta una reconstrucción estando muy frágil, con poca energía, y esa poca energía se la dedica solo a ella y le cuesta ser empática y cariñosa".
Entonces se despliega por 'Desmontando un elefante' un mapa de relaciones familiares. O de "tensiones" familiares, como apunta Echeverría, orgulloso del resultado de su primera película como director. "Porque es honesta, creo, y porque quiere mostrar la complejidad del ser humano y de sus relaciones". EFE
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