Estas son las personas que no deben comer sardinas en lata

Este alimento cuenta con importantes ventajas nutricionales, pero deben consumirse con moderación

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Una receta con una lata de sardinas (Adobe Stock)

Entre las conservas más populares en nuestras despensas se encuentran las sardinas en aceite, un bocado lleno de sabor y de propiedades nutricionales para la salud: fuente excelente de proteínas de alta calidad, ácidos grasos omega-3, calcio, vitamina D y vitamina B12, además de minerales como el selenio, el fósforo, el hierro y el zinc. Sin embargo, pese a su elevado valor nutricional, no son un alimento recomendable para todo el mundo ni conviene consumirlas sin tener en cuenta algunas condiciones de salud.

La Fundación Española de la Nutrición (FEN) destaca que las sardinas en aceite mantienen prácticamente todas las propiedades de las sardinas frescas. Además, al estar conservadas en aceite de oliva o vegetal, aumentan su contenido en grasas insaturadas, consideradas beneficiosas para la salud cardiovascular. No obstante, este mismo proceso también incrementa su aporte calórico y de grasa respecto al pescado fresco.

Uno de los aspectos que merece mayor atención es su alto contenido en sodio. Según los datos de la FEN, 100 gramos de sardinas en aceite contienen unos 650 miligramos de sodio, una cantidad elevada si se tiene en cuenta que la recomendación diaria no debería superar los 2.000 miligramos. Una ración habitual, de unos 82 gramos, aporta más de 530 miligramos de sodio, aproximadamente una cuarta parte del máximo aconsejado.

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Quiénes no deben comer sardinas en lata

Por este contenido en sodio, las personas con hipertensión arterial deberían consumirlas con moderación, especialmente si siguen una dieta baja en sal. Lo mismo ocurre con quienes padecen insuficiencia cardíaca, enfermedad renal o retención de líquidos, patologías en las que el exceso de sodio puede dificultar el control de la enfermedad.

Otro punto a considerar es su contenido en colesterol, puesto que estas conservas aportan alrededor de 100 miligramos de colesterol por cada 100 gramos. Aunque esta cifra es relativamente elevada, la FEN recuerda que el efecto del colesterol presente en los alimentos sobre los niveles de colesterol en sangre es menor que el producido por las grasas saturadas. De hecho, el pescado contiene menos grasas saturadas que otros alimentos de origen animal, como embutidos, mantequilla, quesos curados o tocino, por lo que sigue siendo una opción más saludable dentro de una dieta equilibrada.

Aun así, las personas con hipercolesterolemia o con un elevado riesgo cardiovascular deberían controlar las cantidades y priorizar una alimentación variada, adaptada a las recomendaciones de su profesional sanitario.

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Uno de los pescados más sanos y completos es también el más barato: “Una ración casi cubre el 100% de los objetivos nutricionales del día”.

Sardinas en aceite, un alimento muy calórico

También conviene prestar atención al aporte energético. Las sardinas en aceite proporcionan 224 kilocalorías por cada 100 gramos, una cifra superior a la de las sardinas frescas debido al aceite de cobertura. Aunque sus grasas son mayoritariamente saludables, quienes necesiten controlar su peso o reducir la ingesta calórica pueden optar por escurrir parte del aceite antes de consumirlas o elegir conservas al natural cuando sea posible.

Dejando a un lado estos casos, las sardinas en aceite son un alimento con importantes ventajas nutricionales, pues destacan especialmente por su contenido en calcio, ya que pueden consumirse junto con la espina, que se ablanda durante el proceso de elaboración. Una ración aporta más de 300 miligramos de este mineral, aproximadamente un tercio de las necesidades diarias de un adulto. Además, la presencia de vitamina D favorece la absorción y el aprovechamiento del calcio y el fósforo.