En los últimos años, la relación entre las personas y sus mascotas ha cambiado de forma significativa, hasta el punto de que perros y gatos ocupan un lugar cada vez más central en la vida cotidiana. Para muchos propietarios, ofrecerles todas las comodidades posibles es una forma natural de demostrarles afecto.
Sin embargo, no todas las conductas que nacen del cariño tienen un efecto positivo sobre el bienestar de los animales. Algunas costumbres ampliamente normalizadas pueden responder más a las necesidades emocionales de los dueños que a las de las propias mascotas. Esa diferencia, aunque a menudo pase desapercibida, puede influir en su comportamiento y en su calidad de vida.
Los especialistas en comportamiento animal recuerdan que querer mucho a un perro o a un gato no siempre significa entender qué necesita realmente. Respetar su naturaleza, sus límites y sus formas de relacionarse resulta tan importante como proporcionarles alimento, atención veterinaria o tiempo de juego.
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El veterinario Alfredo Molina (@alfredomolinavet en TikTok) advierte de que muchas de las prácticas más habituales entre los propietarios parten de la mejor de las intenciones, pero pueden acabar siendo contraproducentes. “Le estás haciendo mucho daño a tu mascota, pero como lo haces con amor, eso hace que sea difícil de ver”, afirma.
El problema detrás de la humanización de las mascotas
Según el experto, existen gestos cotidianos que se interpretan como muestras de cariño y que, sin embargo, no siempre benefician al animal. “Le das la comida que te comes tú sin parar porque le encanta. Permites que marque las normas en casa porque también es su hogar. Le pones ropita porque hace frío o lo disfrazas porque es carnaval. Le hablas de tus problemas durante horas porque es quien mejor te entiende. Lo tratas como a un niño pequeño que nunca va a crecer”, enumera.
Molina reconoce que detrás de estas conductas no suele existir mala intención. Al contrario. “Y sé que todo eso lo haces con el máximo amor. Lo veo cada día en consulta”. Precisamente por ello considera que el problema puede pasar inadvertido para muchos propietarios, convencidos de que cuanto más humanicen a su mascota, mejor estarán cuidándola.
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No obstante, el veterinario insiste en que los animales tienen necesidades distintas a las de las personas y que tratarlos como si fueran humanos puede impedir que desarrollen comportamientos propios de su especie. “Le estás negando una de sus cosas más importantes: dejarlo ser lo que es”, explica.
En el caso de los perros, la estabilidad y la previsibilidad desempeñan un papel fundamental en su bienestar emocional. “Los perros necesitan estructura, jerarquía, las normas claras. Necesitan saber cuál es su puesto en el grupo porque eso les da seguridad”. Cuando esos referentes desaparecen, pueden surgir diferentes alteraciones del comportamiento. “Aparece la ansiedad, aparece la agresividad, aparecen esos problemas de comportamiento que nunca sabes de dónde vienen”.
El veterinario asegura que esta situación es más frecuente de lo que muchas personas imaginan y que la ha observado en numerosas ocasiones durante su trayectoria profesional. “Por desgracia, he visto muchísimos animales con estrés viviendo en casas donde los querían muchísimo”, afirma.
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Para Molina, el afecto no debe confundirse con la ausencia de límites ni con satisfacer todos los deseos del animal o del propietario. Considera que una convivencia saludable pasa por comprender cuáles son las necesidades reales de cada especie y actuar en consecuencia con tu mascota. “El amor sin límites no es amor completo, es la mitad del amor. Querer y cuidar bien a un animal es darle lo que necesita, no solo lo que a ti te hace sentir bien”.