El entorno social ocupa un lugar central en la vida de cualquier niño. A medida que avanza la infancia y, sobre todo, durante la adolescencia, el grupo de iguales se convierte en un espacio donde encontrar apoyo, sentirse aceptado y construir la propia identidad. Es una etapa en la que la pertenencia cobra un valor especialmente importante.
Sin embargo, esa necesidad de encajar también puede llevar a mantener relaciones poco saludables. A esas edades todavía no existen las herramientas suficientes para identificar cuándo una amistad aporta bienestar o cuándo, por el contrario, está marcada por la manipulación, la falta de respeto o la presión del grupo. Aprender a distinguir unas de otras es un proceso que requiere tiempo y acompañamiento.
Aunque ningún padre puede decidir con quién se relacionarán sus hijos, sí puede ayudarles a desarrollar criterios para elegir mejor a las personas que les rodean. El psicólogo Javier de Haro (@psicologo_teayudoaeducar en Instagram) resume ese aprendizaje en cinco enseñanzas que, según explica, conviene transmitir desde edades tempranas.
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“Tú no puedes elegir los amigos de tu hijo, pero sí que puedes enseñarle estas cinco cosas para que sepa elegirlos bien. Y cuanto antes empieces, mejor”, indica en uno de sus vídeos.
De poner límites a poder expresar la propia opinión
El primero de estos consejos empieza por la propia relación con uno mismo. “Enséñale que la relación más importante que tendrá toda su vida será con él mismo. Y para eso, valorarse, aceptarse y quererse es clave”.
La autoestima constituye la base desde la que se construyen las relaciones con los demás. Un menor que aprende a reconocer su propio valor tendrá más facilidad para identificar conductas que no debería normalizar y será menos vulnerable a aceptar vínculos basados en el miedo al rechazo o la necesidad constante de aprobación.
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El segundo aprendizaje está relacionado con la identidad personal. De Haro defiende la importancia de que los niños comprendan que no necesitan renunciar a lo que son para sentirse parte de un grupo. “Enséñale que siempre desde el respeto puede opinar, puede pensar diferente y puede ser él mismo. Y así tendrá claro que su voz, sus sentimientos y sus necesidades importan y que no necesita ser como los demás”.
Esa capacidad para expresar opiniones propias y respetar las diferencias resulta especialmente relevante durante la adolescencia, cuando la presión del grupo puede influir en la toma de decisiones y en la forma de actuar.
El psicólogo también pone el foco en enseñar a identificar qué comportamientos no tienen cabida en una amistad sana. “Enséñale a respetar y a entender que humillar, manipular, obligar o aprovecharse de los demás no forman parte de una relación sana”. Reconocer estas conductas desde pequeños permite desarrollar relaciones basadas en el respeto mutuo y detectar antes posibles situaciones de abuso o control.
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Pero saber identificar una relación perjudicial no siempre es suficiente. También es necesario aprender a protegerse. Por eso, De Haro considera fundamental enseñar a establecer límites desde el entorno familiar. “Importantísimo, enséñale también a hacerse respetar, a saber decir que no y a poner límites. Y para eso, el primer lugar donde tiene que aprender a hacerlo es en casa y a nosotros”.
Aprender a decir “no” sin sentirse culpable y comprobar que esa negativa es respetada en el ámbito familiar ayuda a trasladar ese comportamiento a otros contextos sociales, reforzando la confianza y la autonomía personal.
La última enseñanza pone el acento en el cuidado de los vínculos positivos. “Enséñale a agradecer, a cuidar y a valorar a las personas que le quieren, que le ayudan o que le hacen sentir bien. Porque no se trata solo de saber construir relaciones, sino también de saber mantenerlas. Y para eso, no hay mejor fórmula que cuidar, agradecer y valorar a los demás”.
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