España es un país único en cuanto a su fauna y flora: según datos compartidos por la Fundación Biodiversidad, nuestro país cuenta con el 30% de todas las especies endémicas de Europa. La pérdida de este importante patrimonio natural supondría, por tanto, la desaparición de algo único e irremplazable.
Este proceso de declive, lamentablemente, ya ha comenzado. Diversas amenazas, como la contaminación, el cambio climático o la sobreexplotación están llevando hasta el borde del punto de no retorno a miles de especies. En los ríos y mares de la península Ibérica, esto se observa con demasiada claridad.
Algunas de estas especies endémicas del territorio ya se encuentran declaradas como en peligro de extinción en nuestro país. Es el caso del jarabugo (Anaecypris hispanica), un pequeño pez de menos de diez centímetros que solo habita en el suroeste peninsular, principalmente en la cuenca del Guadiana, aunque también en el Guadalquivir existe una pequeña población. Sobre todo se concentra en zonas de Extremadura, pero hay registros en Andalucía y Castilla-La Mancha.
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En peligro de crítico de extinción
Según los datos ofrecidos por la investigadora Estíbaliz Díaz —presidenta de la Sociedad Ibérica de Ictiología (SIBIC)— durante la presentación de la Lista Roja Nacional de España en el Congreso de los Diputados en mayo, el jarabugo ha sufrido una reducción de un 70 % en su población en los últimos seis años, lo que son tres generaciones de esta especie.
No solo eso, sino que su distribución también ha mermado considerablemente: su presencia en las subcuencas se ha reducido un 50 %, debido especialmente a la construcción de presas. Estas barreras fluviales acaban por fragmentar las poblaciones, lo que provoca que no haya intercambio y que, por tanto, “si hay un evento de contaminación, una sequía importante, puede que estas poblaciones en las subcuencas desaparezcan”.
La amenaza no termina ahí. Teniendo en cuenta la tendencia de la especie, la SIBIC estima que dentro de tres generaciones el declive proyectado será mayor al 90 %.
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Este pez endémico se encuentra incluido en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y catalogado como “en peligro de extinción” en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. Sin embargo, por todos estas causas y teniendo en cuenta los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), los expertos de la SIBIC consideran que debería calificarse como “en peligro crítico”, que es el nivel de amenaza más elevado y el previo a la extinción en estado salvaje.
Las amenazas del jarabugo
El jarabugo se enfrenta a cuatro de los cinco grandes componentes que ponen en peligro la biodiversidad en todo el mundo. Tal y como señala Díaz, solamente se libra de la sobreexplotación, ya que no es una especie pesquera. Así, se ve afectado por la pérdida de hábitat —potenciada en parte por la sobreexplotación hídrica y la construcción de presas—, las especies invasoras, el cambio climático y la contaminación.
Esta última es especialmente problemática para los peces de río, ya que se encuentran “confinados”: “A diferencia de los animales terrestres o incluso de los peces marinos o las aves, si hay un evento de contaminación o una sequía, no tienen escapatoria”. También esto les afecta con respecto al cambio climático, puesto que, mientras que las especies marinas migran hacia el norte en busca de aguas más frías, esta estrategia no puede ser llevada a cabo por ellos.
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El panorama en los ríos de España es “desolador”
Según señaló Díaz en mayo en el Congreso de los Diputados, “los peces son nuestros canarios en los ríos”. Al igual que estas aves fueron utilizadas en las minas durante décadas para identificar posibles gases inodoros peligrosos —por su respiración tan rápida, se desmayaban mucho antes de que los mineros notasen la amenaza—, los peces son los bioindicadores de la salud de los enclaves fluviales.
“Si desaparecen los peces, nos están dando una señal muy clara de que algo está pasando en ese ecosistema”, explica la directora de la SIBIC. “Y esta señal lleva años sonando. Si un ecosistema no es capaz de albergar una población de especies sanas, tampoco será apto para los seres humanos”.
La situación de estos hábitats es crítica. El 30 % de las especies dulceacuícolas (de aguas dulces) y diádromas (que migran entre aguas dulces y saladas para completar su ciclo de vida) de todo el mundo se encuentran en alguna de las categorías de riesgo de extinción de la UICN.
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El panorama en España es mucho más “desolador”: el 76 % de estas especies se encuentra dentro de estos niveles de amenaza. Tras evaluar los 56 peces dulceacuícolas y diádromos de nuestro país, observaron que solamente tres están en “preocupación menor”.
Así, el jarabugo no es el único que se enfrenta a un futuro preocupante: el samaruc (Valencia hispanica), que habita en los humedales costeros de la Comunidad Valenciana; la anguila europea (Anguilla anguilla), o el salmón atlántico (Salmo salar) ven cada vez más mermadas sus poblaciones por la calidad de las aguas en las que pasan toda o gran parte de su vida.