La economía española resistirá mejor que la media europea el impacto de la crisis energética. La Comisión Europea prevé que el PIB avance un 2,4% en 2026, cuatro décimas menos que el año anterior, pero todavía con un ritmo sólido apoyado en el consumo, el empleo y la inversión. Sin embargo, el encarecimiento de la energía elevará la inflación hasta el 3% y amenaza con enfriar la actividad en los próximos trimestres, especialmente si el conflicto en Oriente Medio se prolonga.
Las previsiones económicas de primavera publicadas este jueves por Bruselas sitúan a España entre las economías con mejor comportamiento de la Unión Europea. Mientras el PIB español crecerá un 2,4% este año, la Comisión calcula que la economía de la eurozona apenas avanzará un 0,9% y que el conjunto de la UE lo hará un 1,1%. Para 2027, el crecimiento español se moderará al 1,9%, todavía por encima del 1,2% previsto para la zona euro.
El Gobierno ha celebrado las previsiones: “La Comisión Europea confía en que España mantendrá el liderazgo económico en la Unión Europea en los próximos años”, ha señalado el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, dirigido por Carlos Cuerpo.
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Economía también subraya que el avance previsto para España casi triplica el crecimiento de la zona euro en 2026 y queda muy por encima del esperado para otras grandes economías del área monetaria: Alemania crecerá un 0,6% este año y un 0,9% en 2027; Francia, un 0,8% y un 1,1%; e Italia, un 0,5% y un 0,6%.
El consumo y el empleo sostienen la actividad
Bruselas atribuye la resistencia española principalmente a la demanda interna. El consumo de los hogares seguirá creciendo gracias al avance del empleo, la llegada de población inmigrante y el bajo endeudamiento de las familias. Es decir, aunque los precios vuelvan a presionar el bolsillo de los consumidores, el mercado laboral seguirá actuando como colchón.
La inversión también contribuirá al crecimiento, apoyada en la buena situación financiera de las empresas y en la ejecución del Plan de Recuperación. En cambio, las exportaciones netas restarán crecimiento en 2026 por la evolución incierta de las ventas de bienes al exterior, antes de tener un efecto prácticamente neutro en 2027.
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El principal riesgo está en el contexto internacional. La Comisión advierte de que el encarecimiento de los viajes puede afectar al turismo procedente de destinos lejanos, especialmente por el aumento de los combustibles y posibles disrupciones en el transporte. También señala que una prolongación de las tensiones geopolíticas podría deteriorar la confianza de hogares y empresas, retrasar inversiones y aumentar el ahorro por precaución.
El encarecimiento del petróleo y el gas golpea la inflación
La crisis energética que condiciona estas previsiones no responde a un único factor. La Comisión la vincula al conflicto en Oriente Medio y, en particular, a la interrupción de parte de los flujos internacionales de petróleo y gas natural licuado. Según Bruselas, el cierre virtual del estrecho de Ormuz -no una clausura formal, sino una caída muy intensa del tráfico por el aumento del riesgo en la zona- ha reducido en torno a un 15% los flujos marítimos de petróleo y un 20% los de gas natural licuado, mientras los daños en infraestructuras energéticas de la región han golpeado especialmente a productos refinados como el diésel o el combustible de aviación.
El impacto en los mercados ha sido rápido. Entre finales de febrero y finales de abril, las hipótesis técnicas utilizadas por la Comisión recogen un aumento del 50% en los precios del gas y del 65% en los del crudo. Aun así, Bruselas subraya que esta crisis no es idéntica a la de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania provocó una fuerte tensión en el mercado europeo del gas. Ahora el shock afecta sobre todo a materias primas negociadas a escala global, como el petróleo y el gas natural licuado.
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Para España, Bruselas prevé que la inflación armonizada suba del 2,7% en 2025 al 3% en 2026, impulsada por el encarecimiento de la energía y por su traslado gradual a los alimentos y a los bienes industriales. La inflación bajaría al 2,5% en 2027, a medida que se modere la energía, aunque los servicios seguirán con precios al alza.
El Ejecutivo sostiene que la elevada penetración de las energías renovables y las medidas aprobadas para responder al encarecimiento energético actúan como amortiguador frente al shock. Economía lo ha designado como el “escudo renovable”, aunque la Comisión Europea advierte de que la subida del petróleo y del gas seguirá trasladándose a los precios en España durante este año.
El paro bajará del 10%
El mercado laboral seguirá siendo uno de los principales apoyos de la economía española. Bruselas calcula que la tasa de paro bajará del 10,5% en 2025 al 9,9% en 2026, lo que supondría situarse por debajo del 10% por primera vez desde 2008. En 2027, el desempleo descendería de nuevo, hasta el 9,6%.
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No obstante, la Comisión introduce un matiz: el mercado laboral seguirá creando empleo, pero con menos intensidad que en los últimos años. La desaceleración de la economía irá reduciendo el ritmo de creación de puestos de trabajo y la bajada del paro será más lenta. Según las previsiones, el empleo crecerá un 2,3% en 2026 y un 1,4% en 2027, frente al 0,4% previsto para la zona euro en ambos ejercicios.
En materia fiscal, Bruselas prevé que el déficit público se mantenga en el 2,4% del PIB en 2026 y baje al 2% en 2027. La deuda pública, por su parte, descendería del 100,7% del PIB en 2025 al 99,6% este año y al 98,9% el próximo ejercicio, situándose por debajo del umbral del 100%.