
En los últimos años, la combinación de factores como la precariedad laboral, la presión en el trabajo o la falta de medidas preventivas ha impulsado el aumento de las bajas médicas por problemas de salud mental. Y no es una tendencia puntual. Los datos reflejan un cambio estructural que afecta especialmente a determinados colectivos y sectores productivos, lo que provoca que tanto las empresas como la administración se replanteen sus políticas de prevención y gestión del bienestar laboral.
“Los trastornos mentales ya son la segunda causa de incapacidad temporal en España, y rondan el 20% de las bajas de más de tres meses”, recalca en una conversación con Infobae Francisco Trujillo, profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Universidad Jaume I. Un análisis que coincide con las cifras del último informe de UGT sobre Salud Mental y Trabajo 2025, que apunta a un importante crecimiento de estos procesos en el conjunto del mercado laboral.
Según el análisis del sindicato, en 2024 se registraron en España 671.618 bajas laborales vinculadas a problemas de salud mental, la cifra más elevada desde 2016, año en el que se empezaron a comparar registros y cuando se contabilizaron 283.999 incapacidades por razón de salud mental. La evolución a lo largo de los años muestra un crecimiento sostenido que prácticamente ha duplicado los casos en la última década. Un patrón que se mantiene hasta ahora, ya que los datos parciales de 2025 -correspondientes a los siete primeros meses del año- ya alcanzan las 420.783 bajas, lo que anticipa un nuevo récord al cierre del ejercicio.
Más bajas entre mujeres y menores de 35 años
Pero, además de los datos generales, hay una corriente que preocupa especialmente, y es la de los jóvenes. Así lo subraya Trujillo, quien admite que le llama “especialmente la atención la franja de 25 a 35 años, donde las bajas por salud mental alcanzan unos 4,25 procesos por cada 1.000 afiliados, bastante por encima de otros grupos de edad”. Una generación que, pese a estar en plena etapa laboral y productiva, presenta una mayor vulnerabilidad frente a este tipo de patologías. El experto añade que “en mayores de 55 años cae algo la incidencia, pero no el peso de la depresión en las bajas largas”, lo que da a entender que el problema adopta formas distintas según la edad.
A esto se le añade un sesgo de género. El informe de UGT revela que el 64% de las bajas por salud mental corresponden a mujeres, un dato que apunta a una desigual exposición a factores de riesgo, como la sobrecarga de cuidados o la precariedad. Desde el sindicato insisten en que, aunque los factores individuales influyen, las condiciones laborales desempeñan también un papel determinante en la aparición o agravamiento de estos problemas. Otro de los aspectos destacados por UGT es la duración de las bajas. En 2023, la media de los procesos derivados de trastornos mentales fue 2,5 veces superior a la del conjunto de diagnósticos.
Volver al trabajo tras la baja
“En la reincorporación, el alta la firma de nuevo el médico del sistema público o la mutua y obliga al trabajador a volver, salvo que se plantee una incapacidad permanente o se acuerden adaptaciones”, explica Trujillo. Pero, en la práctica, la vuelta al trabajo no siempre se produce bajo condiciones óptimas. “Sobre el papel, el servicio de prevención puede proponer cambios razonables en puesto, horarios o carga de trabajo; en la práctica, muchos estudios y resoluciones judiciales reflejan que seguimos viendo despidos vinculados —directa o indirectamente— a situaciones de incapacidad temporal por enfermedad”, añade.
Este panorama ha provocado un aumento del volumen de demandas. Según el profesor, los tribunales están respondiendo con mayor contundencia ante este tipo de prácticas empresariales. “Los tribunales reaccionan declarando la nulidad y elevando indemnizaciones por daño moral”, señala, citando como ejemplo una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que elevó de 3.000 a 15.000 euros la indemnización por un despido discriminatorio relacionado con una baja médica.

Por último, Trujillo recalca que “muchas empresas reconocen carencias en evaluaciones de riesgos psicosociales y en formación de mandos”. La falta de herramientas para detectar y gestionar estos riesgos sigue siendo uno de los principales déficits del tejido empresarial. No obstante, el experto también observa ciertos avances: “Empiezan a aparecer buenas prácticas —programas de apoyo psicológico, protocolos de reincorporación gradual, cláusulas de salud mental y desconexión digital en convenios—”.
Asimismo, el informe de UGT identifica los sectores más afectados por este fenómeno. El comercio, la hostelería, las actividades sanitarias y de servicios sociales, las tareas administrativas y auxiliares, la administración pública y la educación concentran los mayores porcentajes de bajas por salud mental. Se trata, en muchos casos, de actividades con alta carga emocional, contacto directo con el público o condiciones laborales exigentes.
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