Tres generaciones de dos familias vecinas han estado enfrentadas durante 50 años para evitar talar un roble: “Pobre de él si se atreve a cortarlo”

Actualmente, está catalogado en Google Maps como “Árbol Monumental Roble”

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Cabaña de techo de paja blanca con cartel 'SALE AGREED', rodeada de arbustos verdes y árboles, bajo un cielo azul brillante. Un poste eléctrico a la derecha
Tres generaciones de dos familias enfrentadas durante 50 años por un roble, (Captura Google Maps)

Durante más de medio siglo, una familia ha estado pagando cada año para proteger un roble centenario, sin saber que el árbol siempre había estado en su propia tierra. Lo que parecía un negocio con el vecino resultó ser, en realidad, un curioso error de propiedad que mantuvo viva una disputa familiar durante tres generaciones.

Valido Capodarca, pionero en la búsqueda de árboles monumentales en Italia, descubrió este caso en 1985 y lo documentó en su libro Emilia Romagna, ochenta árboles que salvar. “Quien llevaba décadas pagando alquiler por algo que le pertenecía”, tituló Capodarca al medio Vallecchi, resumiendo en una historia digna de comedia y de lección insólita sobre la memoria y los acuerdos.

Durante tres generaciones, una familia de Capanna Foresta, en el municipio de Gaggio Montano (norte del país) pagó una cuota anual para evitar que su vecino talara el roble. Sin saberlo, esa familia era la dueña legítima de la parcela donde echaba raíces la planta. Tal como le narró el subcomandante forestal a Capodarca, “hace mucho tiempo, quien creía ser el dueño del roble decidió talarlo”.

El vecino, convencido de que el árbol pertenecía al otro, pero profundamente ligado sentimentalmente a él, aceptó abonar cada año una suma para garantizar su supervivencia. “El acuerdo se transmitió de padres a hijos, y de ellos a los nietos”, recordó Capodarca. Este pacto, oral y transmitido de generación en generación, se truncó abruptamente cuando el propietario de tercera generación amenazó con cortar el roble: “¡Basta de cuotas, lo cortaré!”, amenazó.

Vista exterior del Chalet Villa La Robla, una casa antigua de paredes blancas, tejado de tejas, hiedra en la fachada, balcón y ventanas verdes, con un jardín y un coche negro
Los pagos se sucedieron de padres a hijos durante 50 años. (Imagen Ilustrativa)

El centímetro que cambió la historia

La resistencia del nieto que pagaba las cuotas derivó en una táctica inesperada. Tras revisar documentos de propiedad, decidió solicitar la intervención de un técnico municipal. “Si en tiempos de nuestros abuelos el roble estaba en el límite, durante todo este tiempo su tronco habrá crecido y puede que incluso una pequeña parte haya invadido mi propiedad. Si tan solo un centímetro está de mi lado, ese centímetro es mío, ¡y pobre del vecino si se atreve a talarlo!“, dijo el nieto a Capodarca.

El peritaje confirmó lo que nadie esperaba: “El roble, en su totalidad, y siempre lo había sido, pertenecía a alguien que llevaba décadas pagando alquiler por algo que le pertenecía”, según el técnico municipal.

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Del conflicto a un patrimonio protegido

Aunque en 1985 la paz parecía lejana debido a amenazas de apelación, la historia del roble continuó. Gracias a nuevas fotografías tomadas por la naturalista Paola Campori, Capodarca pudo constatar años después que el ejemplar seguía vivo y en buen estado. “Los propietarios son ahora de cuarta generación, bisnietos de los contendientes originales… El roble sigue allí, intacto y magnífico, dividiendo los dos jardines… Lo importante es que, por una razón u otra, el roble sigue vivo", relató.

Actualmente, el roble ha trascendido la disputa privada para convertirse en patrimonio público protegido. Está catalogado oficialmente por la Región de Emilia Romaña y aparece señalizado en Google Maps como “Árbol Monumental Roble” en la zona de Capanna Foresta, un testimonio vivo de la historia familiar, la perseverancia y la justicia natural.