España deja en el aire su participación en la cumbre organizada por Starmer para abordar la reapertura del estrecho de Ormuz

Exteriores insiste en la desescalada y evita aclarar si acudirá a la reunión impulsada por Londres en plena crisis energética global

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (REUTERS/Yves Herman)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (REUTERS/Yves Herman)

España mantiene en el aire su participación en la cumbre internacional convocada por el Gobierno británico para abordar la crisis en el estrecho de Ormuz. Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores señalan a Infobae que “la posición de España de no hacer nada que contribuya a la guerra actual se mantiene. Y abogamos por la desescalada, el diálogo y el respeto al derecho internacional”, sin que por el momento despejen la incógnita sobre su eventual asistencia al encuentro.

La ausencia de España en esta cita —o la incertidumbre sobre su eventual participación— se produce en un momento especialmente delicado, con el estrecho de Ormuz prácticamente bloqueado tras semanas de enfrentamientos en el marco del conflicto entre Irán y la coalición formada por Estados Unidos e Israel.

Una cumbre sin España, por ahora

La reunión, impulsada por el primer ministro británico, Keir Starmer, está prevista para este Jueves Santo y se celebrará en formato virtual bajo la coordinación de la ministra de Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper. El encuentro reunirá a representantes de unos 35 países con el objetivo de analizar medidas diplomáticas y políticas que permitan restablecer la libertad de navegación en una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo.

Sin embargo, España no figura entre los países confirmados. Fuentes del Ministerio de Exteriores británico han confirmado a ABC su ausencia en la lista de participantes, aunque no han aclarado si el Gobierno español no fue invitado o si decidió declinar la invitación.

La composición de la cumbre responde en gran medida al grupo de países que suscribieron el pasado 19 de marzo un comunicado conjunto en el que se condenaban los ataques de Irán contra buques comerciales y contra infraestructuras energéticas en el Golfo. España no firmó ese documento, a diferencia de otros socios europeos como Francia, Alemania, Italia o Países Bajos, así como potencias internacionales como Japón, Canadá o Australia.

En ese texto, los firmantes advertían de que las interferencias en la navegación internacional y la interrupción de las cadenas de suministro constituyen una amenaza directa para la paz y la seguridad internacionales, al tiempo que manifestaban su disposición a contribuir a garantizar un tránsito seguro por el estrecho.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto público en el Palacio de la Audiencia de Soria (Concha Ortega Oroz - Europa Press)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto público en el Palacio de la Audiencia de Soria (Concha Ortega Oroz - Europa Press)

En este contexto, las autoridades iraníes habían mostrado disposición a permitir el tránsito de embarcaciones españolas, en línea con la posición de Madrid de distanciamiento respecto al conflicto, lo que reduce, al menos por ahora, el impacto directo del bloqueo sobre España y explicaría, en parte, su ausencia en una cumbre para tratar la apertura del corredor energético.

La crisis energética y el bloqueo de Ormuz

El estrecho de Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico, es una arteria clave para el suministro energético global, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo transportado por vía marítima. Desde el inicio de las hostilidades a finales de febrero, el paso ha quedado prácticamente cerrado por la acción de las fuerzas iraníes.

El impacto es inmediato: cerca de un millar de buques permanecen bloqueados en la zona, mientras que el tráfico marítimo se ha reducido de forma drástica. Apenas algo más de un centenar de embarcaciones han logrado atravesar el estrecho desde el inicio del conflicto, una cifra que equivale al volumen habitual de tránsito en un solo día en condiciones normales.

El propio Starmer ha advertido de la complejidad de la situación y de las dificultades para restablecer la normalidad. “No será fácil”, reconoció el líder británico, quien subrayó que incluso en caso de un alto el fuego, las labores para garantizar la seguridad del tránsito marítimo podrían prolongarse en el tiempo.

El plan que se debatirá en la cumbre contempla una combinación de herramientas diplomáticas, coordinación internacional y, eventualmente, planificación militar para asegurar el paso una vez cesen los combates. Tras la reunión política, Londres prevé convocar a responsables militares para analizar cómo movilizar capacidades que permitan reabrir el estrecho en condiciones de seguridad.

Margarita Robles asegura que una decisión del Gobierno no supone "una ruptura del vínculo trasatlántico ni un abandono de nuestra responsabilidad", pero establece una condición clave sobre el uso de las bases militares.

La iniciativa se enmarca además en un contexto de divergencias entre Estados Unidos y algunos de sus aliados europeos. Washington ha presionado para una mayor implicación internacional en la ofensiva contra Irán, mientras que países como Reino Unido han insistido en que no se trata de “su guerra” y han apostado por una respuesta centrada en la estabilidad económica y la seguridad marítima.

En este escenario, la posición española se alinea con una estrategia de cautela y distanciamiento respecto a cualquier iniciativa que pueda interpretarse como un respaldo indirecto a la escalada militar. La incógnita sobre la participación de España en la cumbre refleja, en última instancia, el delicado equilibrio que trata de mantener el Gobierno entre la presión internacional, la estabilidad energética y su propia línea diplomática en un conflicto de alcance global.