Carlos Ordinas, experto en neurociencia: “Que tu hijo no te haga caso no es desobediencia, es confusión”

Las instrucciones ambiguas pueden llevar a los niños a interpretar las órdenes como sugerencias y dificultar la convivencia

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Carlos Ordinas, experto en neurociencia,
Carlos Ordinas, experto en neurociencia, habla sobre cómo evitar la desobediencia infantil (Composición Infobae)

La desobediencia infantil genera inquietud en muchos hogares y escuelas, donde padres y docentes buscan comprender el origen de estos comportamientos y encontrar estrategias eficaces para guiar a los niños.

Los debates sobre disciplina y límites suelen centrarse en métodos, recompensas o castigos, pero la neurociencia ha comenzado a aportar nuevas claves sobre la manera en que las palabras y el tono de voz influyen en la respuesta de los más pequeños. Muchos especialistas coinciden en que la comunicación clara contribuye a reducir los conflictos y a mejorar la dinámica familiar.

Quienes lidian a diario con la desobediencia infantil suelen buscar explicaciones y soluciones urgentes. El experto en neurociencia Carlos Ordinas plantea en su TikTok (@carlosordinasfit) una causa inesperada: “Cuando terminas las instrucciones con un ‘¿vale?’ o un ‘¿okey?’ estás activando los circuitos de toma de decisión del niño, en lugar de los circuitos de obediencia”. Según Ordinas, en esos momentos el cerebro infantil interpreta la orden como una sugerencia, y cada “¿vale?” al final de frases como “Es hora de lavarse los dientes, ¿okey?” abre la puerta a la confrontación.

Instrucciones claras evitan la confusión

El lenguaje utilizado para dar instrucciones cobra una importancia central. La forma en la que los adultos formulan sus mensajes puede marcar la diferencia entre una respuesta cooperativa o una reacción de rechazo. “Su cerebro empieza a procesar lo que le dijiste como una opción, no como un límite”, advierte Ordinas.

Recomienda sustituir esas frases abiertas por directrices firmes, dejando claro el límite: “Habla claro: es hora de lavarte los dientes, vemos un episodio más y apagamos”. Así, la claridad en el mensaje reduce la ambigüedad y facilita la cooperación.

Un padre con su hijo.
Un padre con su hijo. (Freepik)

En el contexto cotidiano, las luchas de poder a menudo se desencadenan por malentendidos en la comunicación. La reacción de resistencia se agrava, explica el neurocientífico, en los niños “que ya dan problemas en las transiciones”.

Ante estos casos, Ordinas señala un mecanismo sencillo pero clave: “Dale a su cerebro ocho a diez segundos antes de repetirlo. Un cerebro en desarrollo necesita tiempo para procesar”. Este intervalo permite que el niño asimile la información y responda sin sentirse presionado.

Calma y entorno adecuado

La prisa o la insistencia excesiva pueden aumentar la tensión, por lo que resulta útil dar espacio para que el niño comprenda la instrucción. Para reforzar la comunicación, el especialista sugiere sumar acercamiento físico y contacto visual, porque “contacto físico suave y contacto visual ayuda a que le llegue la información”.

Además, recomienda evitar distracciones en el entorno, como pantallas o ruidos, para que el mensaje sea más efectivo. Si aún se requiere confirmación, basta con pedir un “Entendido”. Así, la cortesía no se pierde: “No estás siendo maleducado, descortés, grosero. Estás ayudando a que las expectativas queden claras”, matiza Ordinas.

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Desde su perspectiva, mantener instrucciones simples debe ir acompañado por el cuidado del entorno para el aprendizaje: “Apoya su habilidad para aprender con una alimentación rica en omega tres, cúrcuma y colina”, concluye el experto en neurociencia.

Estos elementos, presentes en alimentos como el pescado azul, algunas semillas, especias y huevos, contribuyen al desarrollo cerebral y pueden favorecer la capacidad de atención y la regulación emocional, aspectos esenciales en la educación infantil. Así, la intervención sobre el lenguaje, el tono y el entorno alimenta la posibilidad de establecer límites efectivos y comprensibles para los niños, promoviendo relaciones familiares más armoniosas.