Las elecciones autonómicas del 15 de marzo en Castilla y León suponen un nuevo intento del PSOE por disputar el liderazgo de una comunidad donde el Partido Popular ha encadenado gobiernos durante casi cuatro décadas. Aunque los socialistas ganaron los comicios de 2019, no consiguieron gobernar y la hegemonía del PP se ha mantenido desde 1987. Sin embargo, el desgaste de la última legislatura por la ruptura del gobierno entre PP y Vox ha alterado un escenario político tradicionalmente estable en una comunidad extensa y demográficamente envejecida, donde cuestiones como la despoblación, los servicios públicos y el equilibrio territorial han vuelto a situarse en el centro del debate.
En ese contexto, Carlos Martínez Mínguez (Soria, 1973) encabeza por primera vez la candidatura del PSOE a la Presidencia de la Junta tras casi dos décadas como alcalde de la capital soriana. Secretario general del PSOE de Castilla y León desde 2025 y dirigente de perfil marcadamente municipalista, Martínez llega a esta cita electoral con el objetivo de trasladar a escala autonómica el modelo político que le ha permitido gobernar Soria desde 2007, con cuatro mayorías absolutas consecutivas.
En conversación con Infobae, el candidato socialista defiende la necesidad de “cambiar 40 años de inercia política” en Castilla y León y plantea una agenda centrada en vivienda, servicios públicos y lucha contra la despoblación. Con una trayectoria construida casi exclusivamente en la política local y un perfil que él mismo define como “ni sanchista ni tudanquista”, Martínez afronta su primer examen autonómico con la intención de convertirse en la alternativa socialista al largo ciclo de gobiernos del PP.
Pregunta: ¿Qué sensaciones está percibiendo en la campaña? ¿Cómo están los ánimos de los votantes?
Respuesta: Llevamos más de un año pisando territorio desde que asumimos la nueva ejecutiva autonómica el 23 de febrero del año pasado. No hemos hecho más que estar en la calle, con la gente, y ese pulso está siendo muy bueno. No se trata solo de ir de campaña, sino de mantener un diálogo permanente con colectivos y ciudadanos, como hicimos durante los incendios del pasado verano o en las reuniones sectoriales que hemos celebrado. La campaña lo único que añade es más foco mediático. La receptividad que percibimos es positiva y el pálpito que tenemos es que existe una pulsión de cambio. La gente entiende que, si todo sigue igual, la inercia y el declive de la comunidad van a continuar. Y también percibe que Mañueco es muy malo y no ha estado a la altura de lo que Castilla y León necesita.
P: Fue alcalde de Soria durante casi 20 años, con cuatro mayorías absolutas. ¿Cómo pretende trasladar esa experiencia municipal a la gestión autonómica?
R: Es una cuestión de escala, pero también de convicciones. Cuando uno quiere impulsar un proyecto político lo primero es reconocer los problemas reales y afrontarlos sin excusas. Castilla y León es una comunidad envejecida, dispersa y con un grave problema de despoblación que no es casualidad, sino el resultado de años de políticas equivocadas. Hemos perdido a uno de cada tres castellanos y leoneses, que han tenido que marcharse por falta de oportunidades. Por eso nuestro programa pivota sobre tres ideas: el derecho a quedarse, el derecho a volver y el derecho a venir. Para lograrlo hay que cambiar el modelo territorial y planificar servicios e inversiones. Hablamos de un “Territorio 30 minutos”, basado en cabeceras de comarca que concentren servicios públicos, transporte que garantice la movilidad e infraestructuras que atraigan empresas. Frente a eso, el actual Gobierno sigue presentando ocurrencias como ayudas de 3.000 euros para abrir un bar, que pueden quedar bien en un tuit pero no constituyen un proyecto de comunidad.

P: En varias provincias se ha visto un flujo importante de votos que se ha ido hacia plataformas regionales. ¿Por qué cree que está ocurriendo estos? ¿Le pedirías a estas personas el voto útil al PSOE?
R: Soy muy respetuoso con todas las opciones políticas, pero aquí hay dos modelos claros: el del Partido Popular, que representa la continuidad, y el del Partido Socialista, que plantea un cambio de rumbo. Las dinámicas localistas pueden ser comprensibles, pero en un mundo globalizado necesitamos estructuras políticas que tengan capacidad de influencia en Europa, en Madrid o en los organismos internacionales. Durante años el Partido Popular ha aplicado una estrategia de “divide y vencerás”, fomentando que cada provincia mire solo por lo suyo. Eso debilita la idea de comunidad y facilita que surjan formaciones localistas. Pero, al final, las opciones reales de gobierno siguen siendo dos: o el Partido Socialista o el Partido Popular, en este caso acompañado por la extrema derecha, que todavía es más grave.
Encuestas, pactos y escenario electoral
P: Las encuestas que se han publicado en los últimos días estiman variaciones, pero todas dan esa ventaja al PP con Vox. ¿Cómo interpreta estas cifras y cuál es la lectura política que quiere hacer al respecto?
R: Yo siempre digo que las encuestas son como el horóscopo: si te dicen salud, dinero y amor, pues estupendo, pero la realidad es la que es. Lo importante es interpelar a la ciudadanía y explicar que, si queremos cambiar las dinámicas de Castilla y León, hay que romper con cuarenta años de inercia política. Los datos de organismos como la OCDE nos dicen que, si no hacemos nada, la comunidad puede perder 500.000 habitantes más hasta 2050. Y eso tiene mucho que ver con la falta de planificación: seguimos sin una Ley de Ordenación del Territorio actualizada y sin una ley específica de despoblación. Mientras tanto, comunidades comparables como Castilla-La Mancha han ganado población porque han desarrollado políticas de ordenación territorial y servicios comarcales. En la calle percibimos ganas de cambio. Llegamos a estas elecciones con un proyecto y un equipo sólidos y con la convicción de que podemos ganar.
P: Estos mismo sondeos estiman que los partidos a la izquierda del PSOE podrían quedarse fuera de las Cortes. Si el PSOE necesitase apoyos para gobernar, ¿con quién estaría dispuesto a pactar?
R: Cuando uno quiere gobernar tiene que estar dispuesto a hablar con todo el arco parlamentario. Es verdad que hablar con la extrema derecha es muy difícil, por no decir imposible, porque su agenda choca frontalmente con la del PSOE, por ejemplo en cuestiones como el diálogo social o el papel de los sindicatos. Pero la democracia consiste en negociar y buscar consensos. Yo he gobernado con mayoría absoluta y también sin ella, y siempre hemos sido capaces de llegar a acuerdos y hacer concesiones. Además, muchas de las propuestas que planteamos responden a problemas muy concretos que vive la gente. Y la realidad es muy clara: yo soy consciente de que mis hijos van a tener que salir de Soria mañana si quieren estudiar y de que tenemos listas de espera para cualquier especialidad médica. La mala planificación hace que falten unos 5.000 profesionales de enfermería y entre 2.000 y 3.000 médicos. Formar un médico lleva diez años, solo tenemos dos facultades y, además, les pagamos menos. Así es imposible resolver el problema si no se reconoce y se actúa.
Vivienda, sanidad y despoblación: las propuestas del PSOE
P: Uno de los mayores problemas actuales, ya no solo en Castilla y León sino en España, es la vivienda. Desde el PSOE han criticado el Plan de Vivienda que ha sacado adelante la Junta, pero ¿qué iniciativas concretas tiene para que la vivienda sea accesible, sobre todo en zonas rurales pero también en las urbanas?
R: Hace poco volvió a conocerse un ejemplo de cómo entiende Mañueco la vivienda pública: viviendas de protección con piscina que se venden sin sorteo a concejalas del Partido Popular en Palencia. Se deja la vivienda protegida en manos de la especulación del mercado y se permite incluso que los alquileres superen el precio máximo autorizado en más de 100 euros para familias vulnerables. Cuando el Partido Popular llegó al gobierno en 1987, ocho de cada diez viviendas tenían algún tipo de protección; hoy apenas es una de cada cien.
Desde el PSOE planteamos asumir de verdad las competencias autonómicas en esta materia mediante la creación de un consorcio de vivienda y suelo de Castilla y León, integrado por la Junta, ayuntamientos y diputaciones, con presupuesto consolidado y un plan estratégico a diez años. Los ayuntamientos son quienes planifican el suelo y las diputaciones tienen un papel clave en una comunidad donde la mayoría de municipios tiene menos de 5.000 habitantes.
Ese consorcio tendría cuatro líneas de actuación. Primero, reconocer el derecho subjetivo a la vivienda con una ayuda de 350 euros para facilitar la emancipación cuando no exista una alternativa pública. Segundo, adquirir suelo y promover vivienda pública para crear un parque permanente. Tercero, activar las viviendas vacías garantizando el cobro y la conservación a los propietarios, pero gravando fiscalmente a los grandes tenedores que mantengan viviendas fuera del mercado del alquiler. Y cuarto, impulsar la rehabilitación de viviendas a cambio de que se incorporen a la bolsa pública de alquiler.
“Yo soy consciente de que mis hijos van a tener que salir de Soria mañana si quieren estudiar”
P: Este verano, Castilla y León sufrió una oleada de incendios que afectó a casi toda la comunidad. ¿Cómo evalúa la gestión de Mañueco en esta situación y qué propuestas tienen desde el PSOE para gestionar este tipo de catástrofes?
R: León, Zamora, Salamanca, Palencia y Ávila. Cinco de las nueve provincias de Castilla y León ardieron aquel verano, con León como la más afectada. Aquella situación dejó al descubierto el desprecio del señor Mañueco hacia los profesionales que se jugaron la vida en la extinción de los incendios, una tragedia en la que fallecieron cinco personas. Ese desprecio se vio antes, durante y después de la emergencia. Antes, cuando los profesionales reclamaban sueldos dignos, mejores condiciones y un dispositivo permanente durante todo el año y la Junta calificaba esas demandas de despilfarro. Después vimos lo que realmente es un despilfarro: un presidente de vacaciones mientras el territorio ardía.
Posteriormente intentaron salvar la cara con una nueva ley tramitada deprisa y corriendo en el Parlamento que no cuenta con el respaldo ni de los agentes medioambientales ni de los profesionales del sector. Frente a eso, el PSOE propone un dispositivo público y permanente durante todo el año, con parques comarcales de prevención y extinción que permitan una respuesta inmediata. Además, defendemos una nueva ley de gestión forestal que permita que los recursos del monte generen retorno económico en los territorios que los han conservado durante generaciones.
Mañueco, corrupción y la campaña contra el “sanchismo”
P: Además de la gestión de los incendios, otra de las sombras del Gobierno del PP en Castilla y León es la ‘trama eólica’, uno de los mayores casos de corrupción de la región. ¿Cree que todo esto ha afectado a la imagen del PP o que ya se ha olvidado?
R: Tengo la sensación de que Mañueco es un político absolutamente impermeable a cualquier crítica. Un presidente que ha pasado años sin comparecer ante los medios ni responder preguntas demuestra muy bien cómo entiende la rendición de cuentas y el funcionamiento de la democracia. Esa forma de actuar explica también cómo se ha gestionado la Junta durante años, como si fuera un cortijo particular. Casos como la ‘trama eólica’ vuelven a poner el foco en esa imagen de corrupción que ha acompañado demasiado tiempo a la comunidad. Hemos visto condenas, multas millonarias y centenares de años de cárcel para personas que formaban parte de ese entorno político. A veces da la impresión de que el Partido Popular es consciente de que Mañueco es el peor candidato y que ha sido el peor presidente, pero lo pone ahí porque vale más por lo que calla que por lo que hace o sabe.

P: Y con todo este telón de fondo, ¿por qué cree que ni el PSOE ni ninguna otra alternativa han sido capaces de romper la hegemonía del PP en Castilla y León desde 1987?
R: Una de las primeras cosas que hicimos al asumir responsabilidades fue hacernos esa pregunta y realizar un ejercicio de autocrítica. Parte del problema ha sido nuestro y parte ha sido una virtud del propio Partido Popular, que ha aplicado con eficacia la lógica del “divide y vencerás”. Durante años hemos funcionado como si cada territorio librara su propia batalla, mientras la Junta quedaba en una especie de vacío institucional y las reivindicaciones se dirigían al Gobierno central o a los ayuntamientos.
Por eso ahora intentamos construir un proyecto verdaderamente autonómico. La despoblación, la sanidad o las infraestructuras no son problemas aislados. Cuando sales de tu provincia descubres que hospitales que no se construyen, centros de salud que no llegan o servicios que se deterioran se repiten en toda la comunidad.
P: Ha propuesto que la lista más votada sea quien gobierne en Castilla y León. Entonces, en el caso de que el PSOE no sea esa primera fuerza, ¿cuáles serían las condiciones mínimas para vetar, apoyar o facilitar la investidura de un presidente autonómico?
R: Nosotros hemos planteado una regla clara antes de las elecciones: que gobierne la lista más votada. Hablamos exclusivamente de la investidura, no del desarrollo posterior de políticas o de acuerdos presupuestarios, que siempre requieren negociación. Queríamos fijar ese principio de respeto al resultado electoral antes de votar para evitar cambiar las reglas después. El Partido Popular ya ha dicho que no acepta esa propuesta, y por tanto hasta ahí llega nuestra oferta. Lo que no puede ser es que el PP juegue siempre con las cartas marcadas, con un embudo ancho para ellos y estrecho para los demás. Nosotros queríamos salir al terreno de juego con reglas claras.
P: El PSOE, y especialmente Pedro Sánchez, está experimentando un cierto repunte de apoyo por su postura en la guerra de Oriente Medio. ¿Cree que ese posicionamiento puede beneficiar al partido en estas elecciones autonómicas?
R: Posicionarse a favor de la paz, del derecho internacional y de los derechos humanos no se hace pensando en el rédito electoral, sino en principios. Otra cosa es que la ciudadanía vea claramente que existen dos modelos. Cuando dirigentes como Feijóo o Abascal dicen defender los intereses del país y al mismo tiempo se alinean con posiciones que justifican al agresor, la gente percibe esa diferencia. Yo no hablo del lado bueno de la historia, me suena muy rimbombante, pero sí del lado correcto, es decir, la legalidad internacional, el Estado de derecho y la diplomacia como forma de resolver conflictos. Europa aprendió después de la Segunda Guerra Mundial que la cooperación y el diálogo son la única vía para garantizar la paz. Volver a la lógica de la ley del más fuerte pondría en riesgo décadas de avances en derechos y convivencia democrática.
Carlos Martínez, candidato del PSOE a las elecciones de Castilla y León del próximo 15 de marzo, afronta su primer examen autonómico con la intención de convertirse en la alternativa socialista al largo ciclo de gobiernos del PP.
P: Algunos partidos de derecha están centrando su campaña en Castilla y León en “derrotar al sanchismo”, pero el candidato es usted, no Pedro Sánchez. ¿Cómo intenta centrar el debate en Castilla y León y apartar el discurso nacional?
R: Lo dije hace tiempo: cuando escucho a Mañueco decir que quiere hablar de Castilla y León, sé que no es verdad. Al día siguiente vuelve a aparecer Sánchez, Sánchez y más Sánchez en su discurso. Es una forma de evitar hablar de los problemas reales de la comunidad. Ignorar un problema no lo hace desaparecer. En Castilla y León hay cuestiones muy claras: la despoblación, la falta de servicios públicos o la falta de oportunidades para los jóvenes. Mañueco representa un modelo de cuarenta años que no ha sido capaz de resolverlos y, además, sabe que podemos ganarle las elecciones. Por eso intenta trasladar el debate al terreno nacional en lugar de discutir sobre lo que ocurre aquí.
“No podemos seguir gestionando Castilla y León con el piloto automático”
P: Si resulta elegido presidente de la Junta, ¿qué cinco medidas pondría en marcha durante el primer año de gobierno?
R: Lo primero sería presentar un presupuesto, porque es la principal herramienta para plasmar un proyecto político. A partir de ahí hay dos leyes fundamentales: una Ley de Despoblación y una Ley de Ordenación del Territorio que permitan planificar inversiones y equilibrar oportunidades entre provincias y comarcas. En paralelo, la sanidad debe convertirse en una prioridad absoluta con un plan de inversiones que modernice infraestructuras y refuerce plantillas. También es imprescindible abordar la vivienda mediante un consorcio público que amplíe el parque de vivienda asequible en colaboración con los ayuntamientos. Y, junto a todo ello, impulsar políticas de movilidad, educación y servicios sociales que garanticen igualdad de oportunidades en todo el territorio.
P: ¿Qué mensaje le lanzaría a los votantes indecisos o a quienes están pensando en abstenerse el domingo 15 de marzo?
R: Les diría que se atrevan a cambiar. Si queremos que nuestros jóvenes tengan futuro aquí, que quienes se marcharon puedan volver y que nuestros mayores vivan con tranquilidad, no podemos seguir gestionando Castilla y León con el piloto automático. El cambio depende de nosotros mismos. Nadie desde fuera va a resolver nuestros problemas si nosotros no damos el paso. Lo que proponemos es sustituir la resignación por ambición y la desidia por trabajo. Lo único que podemos ofrecer es honestidad, humildad y capacidad de trabajo, pero necesitamos una oportunidad para demostrar que otra forma de gobernar Castilla y León es posible.
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