Una familia crea una casa de cristal: un diseño sostenible que aprovecha el calor del sol y no necesita calefacción

Un diseño que combina eficiencia energética y autosuficiencia, mientras se aleja del concepto de vivienda convencional

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Casas de cristal (Pixabay)
Casas de cristal (Pixabay)

Una familia noruega construye una vivienda envuelta en una cúpula de vidrio para enfrentar el frío extremo de los inviernos nórdicos sin recurrir a los sistemas de calefacción tradicionales e intensivos. Un diseño que combina eficiencia energética y autosuficiencia, mientras se aleja del concepto de vivienda convencional que se conoce en las ciudades occidentales, inclusive las menos cálidas.

Este proyecto consiste en una casa situada dentro de una gran estructura de vidrio que actúa como un invernadero gigante. El efecto invernadero es la clave técnica de este “truco”, ya que la luz solar atraviesa el cristal y calienta el espacio interior, manteniendo la temperatura elevada incluso cuando en el exterior se registran valores bajo cero. Es por ello, por lo que la vivienda requiere muy poca calefacción adicional y se puede prescindir de ella en ciertos momentos extremos del invierno.

Su cúpula de vidrio está diseñada para retener la máxima cantidad de calor posible. Durante las horas de sol, la luz se filtra y calienta el aire que hay dentro de la estructura, creando un microclima cálido y estable para los miembros que habiten en ella. Consigue proteger el hogar y sus habitantes de los vientos, la nieve y la lluvia tan característicos del clima noruego.

Beneficios aporta una vivienda de vidrio

Además de la mejora térmica que provoca este tipo de vivienda, también permite disfrutar de la luz natural que hay durante todo el día, a pesar de que en Noruega no es una gran cantidad. La familia ha convertido el interior en un amplio jardín, donde cultivan frutas, verduras y plantas que normalmente no resistirían a las duras condiciones del exterior.

Este diseño, también, incorpora principios de sostenibilidad como el aprovechamiento de la energía solar y la recolección de agua de lluvia destinada a distintos usos domésticos.

El microclima generado en el interior de la cúpula se ha presentado como un modelo de recurrencia entre quienes buscan alternativas que reduzcan el consumo energético, más allá de ser una particularidad doméstica. El uso de la tecnología pasiva orientada al aislamiento y la autosuficiencia muestra cómo la arquitectura puede responder a los desafíos climáticos más exigentes sin condenar al alto gasto de energía.

Una tendencia que va más allá del frío noruego

La idea de esta familia noruega no es algo exclusivo, ya que existen viviendas en otras ciudades y países donde el clima es más cálido que también han dejado atrás el ladrillo y han cubierto su forma con cristales. Es una tendencia vista en lugares como Los Ángeles, donde la innovación arquitectónica está en alza.

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En estos casos, no solo es una mejora térmica sino que también la naturaleza y el exterior tiene un sentido más profundo. Se difuminan los límites del interior y de lo que se ve fuera, aunque esté en un edificio en las alturas.

“La generalización de su uso permitió que la luz natural penetrara a raudales en los interiores, lo que no solo tuvo efectos importantes en la percepción espacial, sino incluso en un aspecto no tan evidente, pero igual de fundamental: la salubridad y la influencia sobre el estado emocional de las personas”, argumenta Itziar Narro en la revista Arquitectura y Diseño.

En definitiva, las casas de cristal tienen una serie de beneficios. Los grandes ventanales que van del suelo al techo, consiguen crear estampas diferentes a lo largo de todo el día, sea el salón, el comedor o la cocina. Además, su función de invernadero gigante en los entornos más fríos es una apuesta para reducir el uso de sistemas de calefacción tradicionales, que puede ser positivo para el cambio climático y la utilización de recursos.