El estrés crónico se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la salud moderna, no solo por su vínculo con trastornos emocionales, sino también por sus efectos sobre la biología corporal. Entre las consecuencias menos conocidas, destaca el impacto directo del estrés sostenido sobre la capacidad del organismo para desarrollar y mantener masa muscular.
Diversos estudios han mostrado que el desequilibrio hormonal inducido por el estrés puede dificultar el crecimiento muscular, asunto que suele pasar desapercibido fuera del ámbito médico. La influencia del estrés crónico sobre la capacidad del cuerpo para crear músculo se explica directamente por el aumento de ciertas hormonas, entre ellas el cortisol, según comenta el médico especialista en longevidad Sebastián La Rosa en su TikTok (@dr.larosa).
Como él mismo expone, “El problema es el estrés, no el cortisol per se. Y lamentablemente, el cortisol también es la principal hormona catabólica de destrucción de proteínas, de degradación de músculo, etcétera”, resume, subrayando la manera en que el estrés termina perjudicando el desarrollo muscular.
Efectos del cortisol en el músculo
Esta relación entre el estrés y el músculo tiene implicancias tanto para deportistas como para personas que buscan mejorar su composición corporal o su salud general. El planteo de La Rosa detalla que el proceso comienza cuando una persona se ve sometida a estrés y, como consecuencia, su organismo eleva la producción de varias hormonas diseñadas para sobrellevar esa situación de tensión.
“Cuando te estresas, aumentas las hormonas que disparan las reacciones para lidiar con el estrés, como el cortisol, que están bien que aumenten, tienen que aumentar frente a tu estrés”, señala, diferenciando entre el efecto útil a corto plazo y el impacto dañino a mediano plazo.
El especialista aclara que, en situaciones agudas, el incremento de cortisol cumple una función protectora. Sin embargo, cuando los niveles permanecen elevados durante semanas o meses, los efectos sobre el tejido muscular se intensifican y dificultan la recuperación tras el ejercicio. La explicación va más allá de lo bioquímico e introduce la dificultad de combatir el estrés en la vida diaria.
La Rosa puntualiza la particularidad de este obstáculo: “La dificultad está en que reducir el estrés es algo complejo y las estrategias son muy genéricas. Por eso a una persona le funciona meditar, a otro le funciona dormir más, a otro le funcionan suplementos, etcétera”.
Menos masa muscular y más fatiga
Esta alteración hormonal conlleva un deterioro paulatino y directo sobre la fuerza y el tamaño de los músculos. Como describe el especialista, “el aumento de cortisol lleva a menos fuerza y a menos masa muscular”.
Y añade el concepto de resistencia al proceso opuesto, el anabolismo: “Piénsalo si quieres, como esa resistencia al anabolismo que hablábamos antes, donde tienes más destrucción de proteínas en lugar de crear nuevas y donde generas más fatiga en el sistema nervioso, que afecta negativamente cuando vos vas a entrenar fuerza”.
Además, investigaciones recientes han dejado en claro que el control del estrés debe formar parte de cualquier estrategia orientada a la mejora muscular. El entorno social, la calidad del sueño y los hábitos cotidianos influyen en los niveles de cortisol y, por lo tanto, en la respuesta del cuerpo al entrenamiento.
Si bien las recomendaciones pueden variar, el consenso científico señala que el equilibrio entre el descanso, una nutrición adecuada y la gestión emocional resulta clave para contrarrestar los efectos indeseados del estrés crónico sobre el músculo.