Ainhoa Vila, psicóloga: “Cuando alguien dice constantemente que le da igual, casi nunca le da igual”

La indiferencia puede ocultar emociones reprimidas, por lo que es importante abordar estas circunstancias con honestidad

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Ainhoa Vila explicando que implica la frase "me da igual". (TikTok: @ainhowins)

Es evidente que cada persona es diferente y, por ende, tiene su propia forma de ver el mundo. Esa diversidad de perspectivas influye en la manera en que interpretamos lo que ocurre a nuestro alrededor, en las decisiones que tomamos y en las prioridades que establecemos.

Por ese motivo, una frase puede ser dicha por dos personas diferentes y que no signifique lo mismo. Un claro ejemplo es “me da igual”. Sobre esta misma cuestión ha profundizado la psicóloga Ainhoa Vila en uno de los últimos vídeos que ha publicado en su cuenta de TikTok (@ainhowins).

“Cuando alguien dice constantemente me da igual, casi nunca le da igual”

Lejos de expresar indiferencia real, la especialista explica que la repetición constante de esa frase suele ser una estrategia de protección emocional. Desde la psicología, este mecanismo se relaciona con formas de evitación que la mente activa para reducir el malestar.

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Cuando una persona ha aprendido, de manera consciente o inconsciente, que mostrar lo que siente puede generar rechazo, conflicto o incomodidad en los demás, optar por aparentar desinterés puede convertirse en una solución rápida y eficaz.

Este patrón se entiende como una especie de “anestesia emocional”. No implica que no exista emoción, sino que se bloquea o se minimiza para no tener que afrontarla. A corto plazo puede resultar útil, porque reduce la intensidad del malestar.

Sin embargo, a largo plazo tiene un coste: dificulta la identificación de las propias necesidades y empeora los vínculos, ya que conectar con otros exige, precisamente, reconocer lo que uno siente.

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Cómo evitar que ocurra este fenómeno

La evitación emocional es un fenómeno ampliamente estudiado en psicología. Diversas corrientes, como la terapia cognitivo-conductual o los enfoques basados en la regulación emocional, señalan que reprimir de forma sistemática lo que afecta no elimina la emoción, sino que puede intensificarla.

En este contexto, expresiones como “me da igual” funcionan como un escudo que protege del dolor, pero también limita la autenticidad en las relaciones personales. Frente a este automatismo, la experta propone un ejercicio sencillo de autoconciencia, que consiste en preguntarse qué emoción podría estar detrás de esa aparente indiferencia.

El objetivo no es juzgarse, sino identificar si lo que hay es tristeza, enfado, miedo o decepción. Reconocerlo es el primer paso para gestionarlo de forma más saludable y darle un enfoque adecuado.

Lo que ocurre cuando normalizamos la desconexión

Acostumbrarse a restar importancia a todo puede parecer una forma eficaz de evitar conflictos, pero con el tiempo termina pasando factura. Cuando una persona se habitúa a rebajar lo que siente, corre el riesgo de no identificar sus propias necesidades.

Esa falta de registro emocional no solo afecta al bienestar individual, sino también a la calidad de las relaciones, donde la comunicación honesta es clave. La dificultad no está en experimentar emociones incómodas, sino en no darles espacio.

Identificarlas, ponerles nombre y comprender su origen ayuda a tomar decisiones más acertadas. Reconectar con lo que uno siente no implica dramatizar, sino enfrentar la situación con madurez y responsabilidad emocional.