La masacre que acabó con la vida de 77 mujeres y niños en Serbia durante la Edad de Hierro: “El patrón indica que estaban de espaldas al agresor”

La disposición de los cuerpos y la ausencia de saqueo animal indican que fue un entierro deliberado y ceremonial

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La masacre que acabó con
La masacre que acabó con la vida de 77 mujeres y niños en Serbia durante la Edad de Hierro (Nature Human Behaviour)

Un equipo internacional de científicos ha analizado los restos fósiles de una gran fosa común en Gomolava (norte de Serbia) que data del siglo IX a.C. durante la Edad de Hierro Temprana. El interés de los investigadores radica en la irregularidad de estas tumbas, ya que la práctica general era el entierro individual a través de la inhumación o la cremación. El estudio, publicado en Nature Human Behaviour, ha revelado una masacre mediante una violencia sistemática y selectiva, que tuvo como víctimas principalmente mujeres y niños.

Según han desvelado Linda Fibiger y Miren Iraeta-Orbegozo, autores principales de la investigación, en la fosa había restos óseos de 77 personas a los que se les ha practicado un análisis bioarqueológico. Asimismo, a 25 de ellos se les han podido hacer estudios biomoleculares que han dado unos resultados esclarecedores a la par que inquietantes: el 70,8% de las víctimas cuyo sexo pudo determinarse eran mujeres, y más del 67% eran niños o adolescentes. Mientras que los hombres adultos estaban significativamente subrepresentados, lo que apunta a una violencia dirigida intencionalmente hacia grupos particulares.

Pese a la sangrienta matanza, los expertos han determinado que la tumba -de tres metros de diámetro y medio metro de profundidad- fue cuidadosamente preparada y protegida, y en ella se depositaron, junto a los cuerpos humanos, huesos de animales, cerámica y objetos de bronce. Además, la disposición de los cuerpos, principalmente articulados, y la ausencia de saqueo animal han llamado especialmente la atención, ya que esto indicaría que se hizo un enterramiento deliberado y ceremonial, probablemente concebido para que el lugar permaneciera como un espacio de memoria colectiva.

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La masacre que acabó con la vida de 77 mujeres y niños en Serbia durante la Edad de Hierro (Nature Human Behaviour)

Los restos indican “ejecuciones sumarias o ataques mientras huían” de personas de diferentes asentamientos

Tal y como han expresado los autores en el estudio, la mayoría de las víctimas presentaba señales de traumatismos mortales, especialmente en la cabeza, atribuidos a violencia extrema ejercida de manera cercana y eficiente. En el 20% de los restos se identificaron lesiones asociadas con violencia, tanto peri-mortem (en el momento de la muerte) como ante-mortem (sanadas, previas a la muerte), incluyendo heridas defensivas y marcas de armas contundentes y armas arrojadizas, como flechas o lanzas. “El patrón de los golpes indica que muchas víctimas estaban de espaldas al agresor o en el suelo, lo que sugiere ejecuciones sumarias o ataques mientras huían”, asegura Linda Fibiger.

Uno de los hallazgos más notables del estudio genético realizado en 25 individuos fue la casi total ausencia de vínculos familiares cercanos entre los enterrados. Solo se detectó un caso de parentesco directo: una mujer adulta junto a dos niñas, identificadas como sus hijas. “Las víctimas provenían de diferentes asentamientos de un área extensa en el sur de la llanura panónica, con una población estimada en decenas de miles de personas”, indican los autores. De hecho, los análisis de isótopos de estroncio —que permiten rastrear el lugar de cría de una persona según la geología local— confirmaron esa diversidad, pues un 35% de los individuos era originario de otros lugares, incluso a decenas de kilómetros de distancia.

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La interpretación más plausible que se desprende de la evidencia es la de una acción planificada de violencia instrumental, dirigida a desarticular la estructura social y económica de las comunidades de la región. De esta manera, los expertos sugieren que el asesinato selectivo de mujeres y menores pretendía desestabilizar las redes familiares y sociales, afectando el futuro demográfico y reproductivo de los grupos atacados. “No fue una matanza indiscriminada, sino un acto intencionado de destrucción social que buscaba fragmentar y someter colectivamente a las comunidades rivales”, afirma Barry Molloy, coautor del estudio.

El contexto arqueológico revela además que el evento sucedió en una época de profundos cambios y tensiones entre poblaciones seminómadas y sedentarias, en una región donde la movilidad humana, los conflictos territoriales y la diversidad cultural estaban al alza. Asimismo, en la necrópolis también se hallaron cerámicas y objetos fabricados con metal procedente tanto de los Alpes como de estilos orientalizantes, lo que atestigua contactos a larga distancia y complejas redes socioeconómicas.