La inseguridad o la baja autoestima no es siempre como la representan en las películas, las series o demás producciones de ficción. En muchas ocasiones esa ausencia o insuficiencia de amor propio se traduce en una falta de confianza en uno mismo, en el proceso y en el futuro.
Sin embargo, las dudas no son un reflejo per sé de la inseguridad propia, pues todos, hasta los más seguros de sí mismos, en algún momento nos enfrentamos a la incertidumbre. La diferencia está en cómo gestionamos esa incomodidad, cómo nos tratamos a nosotros mismos ante la duda.
La psicología tiene una explicación para estas situaciones. Ainhoa Vila es psicóloga y, a través de un vídeo publicado en sus redes sociales (@ainhowins), cuenta que la inseguridad no aparece simplemente porque dudemos. "Aparece porque cuando dudas, te quedas sola contigo“.
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Para la psicóloga, las personas que son seguras de sí mismas o tienen una autoestima fuerte no son aquellas que no se equivocan nunca, sino “la gente que, incluso estando confundida, no se abandona emocionalmente”. Para aclarar esta idea, Vila propone la imagen mental de conducir de noche sin luces: "No da miedo el camino, sino que lo que realmente da miedo es no ver nada mientras tú estás avanzando".
La psicología de la conducta ha estudiado este tipo de comportamiento humano y le ha dado un nombre: déficit de autoapoyo emocional. Vila expone que este fenómeno se da cuando el sistema interno no se activa para sostenernos, pero realmente se trata de la incapacidad para gestionar y consolar las emociones propios de manera autónoma.
Esta especie de analfabetismo emocional acaba por generar un agotamiento y una desregulación emocional que “lo que genera es que tu mente entre en una alerta constante”, de ahí que aparezca la hipervigilancia. “No porque seas una persona débil, sino porque tu cerebro aprendió que equivocarse tenía unas consecuencias emocionales reales”.
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La seguridad de no dejarnos solos
Para Vila, es en este punto donde está la verdadera clave. “No necesitas eliminar, por tanto, la duda para sentirte segura o seguro, sino que necesitas saber acompañarte mientras estás dudando, porque la seguridad real no es una certeza”.
La seguridad, como bien la describe la psicóloga en sus redes sociales, “es saber que, pase lo que pase, no te vas a dejar sola. Te vas a acompañar en el camino”. Solo de esta manera podemos cuidarnos, querernos y protegernos.
Cómo ejercer un autocuidado de las emociones
Una de las principales estrategias para mejorar el autoapoyo emocional es desarrollar la autoconciencia emocional. Esto implica aprender a identificar y nombrar las propias emociones tal como se presentan, sin juzgarlas ni reprimirlas. Reconocer lo que se siente es el primer paso para comprenderse mejor y responder de forma saludable ante distintas situaciones.
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Asimismo, practicar el autocuidado resulta esencial. Atender las necesidades físicas y emocionales básicas, como mantener una rutina equilibrada, realizar ejercicio con regularidad y descansar adecuadamente, contribuye a sostener la energía emocional y prevenir el desgaste psicológico.
Otra estrategia importante es fomentar un diálogo interno positivo. Reemplazar la autocrítica constante por una actitud de autocompasión permite tratarse con mayor amabilidad, aceptando los errores como parte del aprendizaje y fortaleciendo la autoestima.
Por último, establecer límites saludables ayuda a proteger el bienestar emocional. Aprender a decir no, respetar las propias necesidades y reducir la dependencia de la validación externa favorece una identidad más sólida. Además, buscar apoyo en la terapia psicológica puede ser de gran ayuda, ya que ofrece herramientas para gestionar las emociones, comprender la propia experiencia y reforzar el crecimiento personal.
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