Felipe VI al descubierto: un sentido del humor “domesticado por el cargo”, un deporte que define su carácter y las “grietas” por donde asoma su lado más personal

Infobae ha hablado con Cristian Salomoni, criminalista experto en lenguaje no verbal, para conocer cómo es el rey en las distancias cortas

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El Rey Felipe VI en
El Rey Felipe VI en el día de su 58 cumpleaños. (Casa Real)

Felipe VI ha cumplido este 30 de enero 58 años. Y lo ha hecho en un momento de clara estabilidad, tanto en el plano institucional como en el personal. La cifra llega a su vida en un punto muy dulce, cuando el monarca parece haber consolidado su propio estilo al frente de la Corona, lejos de los sobresaltos que marcaron el final del reinado de su padre, Juan Carlos I, y con una estrategia definida para reformular la imagen de la monarquía ante la ciudadanía.

En los últimos años, el rey ha trabajado en una modernización silenciosa pero constante de la Casa Real, basada más en los gestos que en los grandes titulares. Transparencia económica, reducción del núcleo institucional y una exposición pública medida han sido algunas de las claves con las que Felipe VI ha tratado de reconstruir la confianza y proyectar una monarquía acorde a los tiempos, más cercana en las formas, pero firme en el fondo.

Esa estabilidad, visible en el ámbito institucional, se refleja también en su manera de estar en público. Y aunque es cierto que ha habido un esfuerzo por dotar de mayor naturalidad a la institución, la Casa Real española sigue estando lejos de otros modelos europeos, como el británico o el noruego, cuyos miembros conceden entrevistas televisivas o participan con mayor frecuencia en formatos menos rígidos. Por eso, para intentar comprender cómo es realmente Felipe VI en las distancias cortas, Infobae se ha puesto en contacto con Cristian Salomoni, criminalista experto en lenguaje no verbal y director del IIAC, Instituto Internacional de Análisis de la Conducta, quien ha analizado distintos vídeos públicos del monarca para trazar un perfil más personal.

Las imágenes de la visita de Sus Majestades los reyes Felipe VI y Letizia al lugar del accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, Córdoba, que han generado polémica.

A partir de ese análisis aparecen lo que Salomoni define como “grietas controladas”: momentos públicos en los que el guion institucional se relaja lo justo para dejar entrever una dimensión más personal del rey. No se trata de espontaneidades improvisadas ni de gestos fuera de lugar, sino de espacios cuidadosamente modulados donde Felipe VI permite que asome algo de sí mismo sin que el peso del cargo se vea comprometido.

“En la intimidad real de Felipe VI nadie ajeno a su círculo puede entrar”, explica Salomoni, “pero sí podemos observar cómo se comporta cuando el marco afloja ligeramente”. Y es ahí donde se detecta un patrón claro: el monarca no rompe el rol, lo matiza. Su presencia pública es serena, previsible y poco dada a la improvisación, pero no rígida. Se apoya en pequeños recursos —una frase medida, un gesto mínimo, una sonrisa breve— para humanizar la escena sin desdibujar la autoridad.

“Tiene sentido del humor, aunque está domesticado por el cargo", explica el experto a Infobae, explicando que el rey es un hombre divertido, aunque no de manera “expansiva” ni de carcajada escénica. “El suyo es más bien humor de precisión, breve, de frase corta. De esos que ‘aflojan’ la tensión para volver rápido al marco”.

La reina Letizia junto al
La reina Letizia junto al rey Felipe en la Recepción en el Palacio Real del Cuerpo Diplomático acreditado en España (José Oliva / Europa Press)

La importancia de su pasión por el deporte

Cristian Salomoni cuenta también que uno de los elementos que mejor ayuda a entender este estilo es su relación con el deporte, especialmente con la vela, disciplina que practicó a nivel olímpico. Para el experto, no se trata de un simple dato biográfico. “La vela entrena control emocional, atención sostenida, lectura constante del entorno y paciencia táctica”, señala el director del IIAC. “Y esa lógica se parece mucho a su manera de estar en público: firme, poco gestual, resistente al ruido. Que Casa Real destaque explícitamente su participación olímpica no es casual: es un rasgo identitario que encaja con la marca de ‘seriedad serena’”.

Además, según el análisis que Salomoni ha hecho para Infobae, Felipe VI es también muy consciente de su postura corporal. Se mantiene “vertical y estable, realiza movimientos de baja amplitud, manos contenidas y centradas —que marcan más estructura que emociones—”. “Posee una gestión muy consciente de la proxémica, acercándose lo necesario sin invadir, para sostener cercanía sin perder jerarquía", continúa.

Spain's King Felipe VI attends
Spain's King Felipe VI attends a welcoming ceremony at the Great Hall of the People in Beijng, China November 12, 2025. REUTERS/Maxim Shemetov/Pool 

La mirada responde a la misma lógica. Suele ser sostenida y regulada, lo suficiente para transmitir atención y escucha, pero sin una búsqueda insistente de aprobación. Es una mirada que afirma presencia más que emoción. En cuanto a la sonrisa, aparece como una herramienta funcional: válida, acompaña y desactiva tensiones cuando la situación lo requiere, pero se retira rápidamente para devolver la escena al marco institucional.

En conjunto, estas “grietas” no debilitan la figura del Rey, sino que la refuerzan. Felipe VI no se permite excesos ni improvisaciones gratuitas. Cuando deja ver algo de sí mismo, lo hace de forma coherente con el cargo. En las distancias cortas no hay un Felipe distinto, sino el mismo, afinado. Un monarca que no improvisa su cercanía, sino que la administra con la misma precisión con la que gobierna su imagen pública.