Un hombre salva la vida a de un padre y su hijo escalando el Mont Blanc: “Ocurrió muy rápido, pero fue como a cámara lenta”

Sin experiencia, pero buscando un camino diferente en su vida, Madalin “Cris” Cristea no pensaba que esa experiencia le cambiaría por completo

Guardar
Un hombre salva la vida
Un hombre salva la vida de otros dos escalando. (Pixabay)

La escalada puede transformar destinos y vidas. Madalin “Cris” Cristea lo comprobó en carne propia en lo alto del Mont Blanc, la montaña más alta de los Alpes. En medio de vientos huracanados y una visibilidad mínima, el joven alpinista se lanzó contra la pendiente para frenar la caída de un padre y su hijo que se deslizaban hacia el vacío.

“Desapareció frente a mí”, recordó en la CNN. El hombre que caía era James, un excursionista británico de unos 50 años, y atado a él su hijo Matt, de aproximadamente 20. “Lo vi boca abajo, deslizándose. Se te enciende toda la columna del miedo”. Fue un resbalón provocado por una fuerte ráfaga de viento la que hizo que el padre perdiera el equilibrio.

Pero la idea de que Cris estuviera allí no fue por su pasión por el alpinismo. Todo comenzó hace meses, durante la víspera de Año Nuevo. Estaba en Barcelona paseando con su novia, Viv, cuando se detuvo en frente de una tienda Montblanc, “la que vende relojes y bolígrafos”. Medio en broma, lanzó una frase que terminaría por marcarlo: “¿Crees que si escalara el Mont Blanc me harían descuento?”

La risa se quedó atrás, pero no la idea. Ya en su Londres natal, Cris, que trabajaba como socorrista, se sentía perdido, atrapado en una rutina que no lo llenaba. “Quizás estaba deprimido. Fue un momento muy bajo en mi vida”, reconoció. Un día lluvioso, camino al trabajo “se me ocurrió la idea: ‘Voy a escalar el Mont Blanc. Y lo voy a hacer este año’”.

La vertiente italiana del Mont
La vertiente italiana del Mont Blanc: detrás del pico rocoso del Mont Blanc de Courmayeur, se distingue la cúpula nevada del Mont Blanc (Wikipedia)

Sin experiencia, pero con determinación

El problema era evidente. “No tenía ninguna habilidad para el montañismo”, admitió. Solo había escalado el monte Olimpo y no contaba con dinero suficiente para contratar un guía. Aún consciente del riesgo, siguió adelante. “Fue una imprudencia en su momento. No fue la decisión correcta”, reflexionó. Pero para él, la montaña le daba algo que “no había sentido en mucho tiempo: el entusiasmo de una misión”.

El ascenso comenzó mejor de lo esperado. La madrugada previa al intento de cumbre fue “mágica”, dijo. “Eran las dos o tres de la mañana y se podían ver las luces de Chamonix abajo. Era precioso”, recordó. Sin embargo, al amanecer, llegaron el viento feroz, la fatiga y los efectos de la altitud. Cerca de los 4.600 metros, “estaba luchando por llegar a la cima… el viento me empujaba de izquierda a derecha”.

Fue entonces cuando se encontró con James y Matt, a quienes había visto la noche anterior en un refugio. El nerviosismo era evidente. “Esto es una idea pésima. Cada vez peor”, le dijo Matt. Para Cris, fue una señal. “Pensé: ‘Al diablo con esto. Volvamos’”.

Madalin “Cris” Cristea. (Instagram/traintosummit)
Madalin “Cris” Cristea. (Instagram/traintosummit)

El descenso, lejos de aliviar la tensión, se convirtió en una escena de peligro extremo. De repente, una ráfaga de viento derribó a James. El hombre comenzó a deslizarse cuesta abajo, y la cuerda amenazó con arrastrar también a su hijo. Por un segundo, Cris quedó paralizado. “Simplemente, me desperté y estaba en el aire, yendo hacia la cuerda”, contó. Se lanzó boca abajo, la agarró con una mano, clavó el piolet en la nieve dura y hundió los crampones con todas sus fuerzas.

“Conseguí detener la caída y eso fue todo. Ese fue el momento”, resumió. Cuando volvió a mirar, James estaba detenido unos diez metros más abajo, a escasa distancia de un precipicio de más de 1.200 metros. Matt estaba en la cresta, inmóvil. “Tenía una expresión de terror absoluto”, señaló Cris.

“Si no hubiera estado allí…”

James todavía revive ese instante. “Ocurrió muy rápido, pero fue como a cámara lenta”, explicó. Según él, una de las puntas de sus botas se había soltado. “El viento, que probablemente era de unos 80 km/h, me empujó hacia atrás. Perdí el equilibrio y caí”. Pero no duda del desenlace si Cris no hubiera estado allí. “Creo que hubiera sido un final terrible. Habría caído unos 1.200 metros y probablemente habría arrastrado a mi hijo hasta la muerte”.

Aunque salió ileso, la carga emocional fue devastadora. “Sentí una culpa abrumadora. Eso fue lo peor”, confesó. Esa noche, ya en Chamonix, James invitó a cenar a su hijo y al joven que les había salvado la vida. Incapaz de mirar a la montaña, se sentó de espaldas al Mont Blanc. “Imagino que fue una experiencia difícil para él”, comprendió Cris.

Antes de despedirse, James fue directo: “Me salvaste la vida”. Diez años después, mantienen el contacto. Padre e hijo jamás volvieron a escalar. Pero Cris volvió dos años más tarde, esta vez mejor preparado. Llegó a la cima y a día de hoy sigue escalando, ahora acompañado de Viv, ya su esposa. “Cuando pienso en todo lo que pasó, de alguna manera creo que ellos también me salvaron la vida a mí”, concluyó Cris.