La reina Sofía se queda en Atenas tras la pérdida de su hermana arropada por Irene Urdangarin: su plan con su nieta en su país natal

La hija de la infanta Cristina es uno de los grandes apoyos de su abuela, como también lo fue de Irene de Grecia, quien la ha designado principal heredera

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Irene Urdangarin y la reina
Irene Urdangarin y la reina Sofía (EFE)

El reciente fallecimiento de Irene de Grecia ha supuesto un punto de inflexión emocional para la reina Sofía, quien ha buscado el calor de sus allegados en estos delicados momentos. Tras el funeral de su hermana, la monarca emérita ha permanecido acompañada de figuras especialmente cercanas durante su estancia en Atenas, entre ellas su nieta Irene Urdangarin. La vinculación entre ambas, ya estrecha desde su convivencia en el Palacio de la Zarzuela en 2023, se ha reforzado ante la ausencia de Irene de Grecia, calificada como irreemplazable por el entorno familiar.

Según recoge El Debate, mientras los reyes Felipe y Letizia volvían a España para atender la tragedia de Adamuz, la reina Sofía ha sido vista almorzando en el Hotel Electra Metrópolis de la capital griega apenas un día después de despedir a su hermana. La comida se ha celebrado en la última planta del establecimiento, conocido por sus vistas privilegiadas y su proximidad a la Catedral Metropolitana, donde el día anterior se había celebrado el funeral.

Lejos de buscar privacidad absoluta, Sofía ha compartido ese momento con amigos y familiares, dejando patente el apoyo incondicional de su nieta Irene, quien no se ha separado de la monarca durante esta visita a Grecia. La elección del Hotel Electra Metrópolis no ha sido casual: su enclave ofrece refugio y cierta normalidad en un periodo marcado por la tristeza.

La princesa Irene de Grecia ha sido enterrada en Tatoi, Atenas, en el mismo cementerio en el que reposan los restos mortales de sus padres, los reyes Pablo I y Federica, y de su hermano, el rey Constantino II

El plan de la reina Sofía e Irene Urdangarin

Los comensales del restaurante, ubicado en la décima planta frente a un gran ventanal, han podido comprobar el temple y la cortesía de la reina Sofía. El citado medio subraya que la emérita no ha solicitado un espacio apartado, ha interactuado con quienes la reconocían y ha demostrado una vez más su educación, incluso en circunstancias difíciles.

La vigilia e inhumación de Irene de Grecia, celebradas en el Palacio de Tatoi y la Catedral Metropolitana de Atenas, han congregado a los descendientes de las familias reales española y griega. Tal y como recoge Semana, el primer encuentro familiar tras el sepelio ha tenido lugar en otro céntrico hotel, el Grande Bretagne.

La familia real española, con
La familia real española, con la reina Sofía emocionada, en el funeral de Irene de Grecia (EFE).

Este hotel es frecuentado habitualmente por la familia real española durante sus desplazamientos a la capital helena. Allí, la reina Sofía, junto a otros miembros del clan, ha compartido una comida privada a base de recetas mediterráneas, en un claro intento de buscar consuelo colectivo ante la pérdida.

El apoyo de Irene Urdangarin

Después de estos actos en tierras griegas, la Reina tendrá que encarar la vuelta a España, donde le espera el reto de adaptarse a la ausencia de quien ha sido su principal compañera de vida. Sofía e Irene, separadas por solo cuatro años, han mantenido desde niñas un vínculo inquebrantable, materializado en una convivencia diaria durante los últimos años de la princesa en Zarzuela.

La reina Sofía, las infantas
La reina Sofía, las infantas Elena y Cristina e Irene y Miguel Urdangarin en el funeral de Irene de Grecia, Atenas (Casa Real de Grecia).

El papel de los nietos de la emérita resulta determinante, especialmente el de Irene Urdangarin. Además de compartir residencia en Zarzuela, la joven de 20 años también ha mantenido una relación cercana con su tía abuela Irene de Grecia. Según ha publicado ESdiario, Irene Urdangarin ha sido designada como principal heredera de los bienes personales de la princesa, una decisión que ha sorprendido a quienes daban por hecho que serían instituciones benéficas las receptoras de ese patrimonio.