Del visón europeo al urogallo cantábrico: las nueve especies en situación crítica en España cuya conservación es clave para evitar su extinción

El cambio climático, la degradación de los hábitats o la introducción de especies invasoras suponen un serio problema para la biodiversidad en el país

Cuatro de las nueve especies en situación crítica en España: el visón europeo, el urogallo cantábrico, la jara de Cartagena y el desmán ibérico. (Montaje Infobae con imágenes de Europa Press)

España, al igual que ocurre en la mayoría de regiones de todo el mundo, enfrenta un serio problema en su biodiversidad. Con más de 200 especies, subespecies y poblaciones en peligro de extinción y otras cerca de 140 bajo la categoría “vulnerable”, el país corre el riesgo de perder uno de sus tesoros más valiosos: su flora y su fauna.

El cambio climático, la destrucción de hábitats, la presión cinegética, la sobreexplotación del agua o la introducción de especies invasoras a través del comercio o el turismo, entre otros, han motivado que, en los últimos siglos o incluso décadas, algunas especies hayan visto drásticamente reducidas sus poblaciones, así como sus áreas de distribución.

Los esfuerzos por protegerlas y motivar su recuperación por parte de administraciones públicas, grupos ecologistas o el conjunto de la ciudadanía en general resultan claves para que no terminen por desaparecer en nuestro país, que es el único lugar del mundo en el que muchas de ellas habitan. Precedentes nos muestran que es posible, como el del lince ibérico —que pasó de ser considerado “en peligro crítico de extinción” a “vulnerable” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) después de décadas de trabajos para aumentar su población— o el del águila imperial ibérica —que ha pasado de 39 parejas reproductoras en 1974 a 841 en 2023—.

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Primera suelta de lince ibérico en Palencia. (WWF)

Conseguir remar al unísono y en la misma dirección en este sentido no siempre es fácil. Así lo demuestran los retrocesos en materia de protección de la biodiversidad que han tenido lugar tanto en nuestro país como a nivel europeo en los últimos tiempos. Por ejemplo, la eliminación de la protección del lobo ibérico al norte del río Duero, después de que en marzo de 2025 el Congreso aprobase —gracias a los votos de PP, Vox, Junts y PNV— su salida del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE).

Actualmente, en España hay nueve especies declaradas en situación crítica, el grado de amenaza más elevado y el previo a la extinción. Desde 2018 forman parte de esta lista siete taxones: la jara de Cartagena, el alcaudón chico, la margaritona o náyade auriculada, la cerceta pardilla, el visón europeo, la nacra común y el urogallo cantábrico; en mayo de 2025 se aprobó la inclusión de dos más, la focha moruna y el desmán ibérico.

El visón europeo y el desmán ibérico: mamíferos semiacuáticos en peligro por la degradación de los ríos

En todo el continente, la población global del visón europeo (Mustela lutreola) ha disminuido de manera alarmante, con una reducción estimada del 95%. Así, según destaca la Sociedad de Ciencias Naturales Gorosti en un reciente estudio dedicado a este animal, es “uno de los mamíferos más amenazados en Europa”.

Visón europeo. (Europa Press)

La caza intensiva durante los siglos XVIII y XIX, la destrucción masiva del hábitat fluvial, la contaminación de los ecosistemas acuáticos con pesticidas o materiales pesados y la fragmentación de poblaciones, que provoca un aislamiento genético, han llevado a la UICN a clasificar a la especie como “en peligro crítico”.

La situación en España no es muy distinta, aunque su papel en la recuperación de la especie es aún más clave: según el estudio de Gorosti, en el país hay solamente 142 ejemplares del visón europeo, con Navarra como el último refugio de la especie; de hecho, se estima que es aquí donde se encuentra alrededor del 70% de la población del suroeste continental europeo.

La mera supervivencia de una especie ya es suficiente para ser necesaria su protección, pero es que, además, el visón europeo es clave en el ecosistema fluvial porque es “un indicador fundamental de la calidad ambiental de los ríos”, ya que su presencia señala que este “está en buen estado, libre de especies invasoras y con una rica y variada vida acuática”. Su significativa disminución, por tanto, indica que estos ecosistemas se han degradado alarmantemente.

De igual manera, el desmán ibérico (Galemys pyrenaicus) también ha sufrido una fuerte fragmentación, regresión y aislamiento. Este mamífero de costumbres semiacuáticas, endémico de la Península ibérica, ocupó en tiempos históricos los cursos de agua de prácticamente la mitad norte del territorio. Sin embargo, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), en España quedan solamente cinco núcleos poblacionales y en muchas zonas su presencia ha desaparecido o es testimonial.

Desmán ibérico. (David Pérez/Wikimedia Commons)

Incendios, degradación de humedales o agricultura intensiva: sus efectos sobre las aves

Cuatro especies de aves componen una parte sustancial del listado de especies en situación crítica de España: la focha moruna (Fulica cristata), el alcaudón chico (Lanius minor), la cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris) y el urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus).

Según destaca la ONG SEO/BirdLife, la situación de la focha moruna “es crítica y, de no poner pronto remedio, parece condenada a extinguirse en poco tiempo”. Esta se ve especialmente afectada por la degradación de los humedales del sur de España —por, entre otros, la alteración de los niveles hídricos, la explotación abusiva de los acuíferos o el empobrecimiento de la calidad del agua—. Sin embargo, la caza (debido a que resulta muy difícil de distinguir de la focha común a cierta distancia) y la introducción de especies como el cangrejo rojo y la carpa también están motivando su decrecimiento.

Focha moruna volando sobre un humedal. (Greenpeace/Europa Press)

“Sería preciso promover la recuperación de los humedales susceptibles de albergar a este rállido, auspiciar la eliminación de las especies introducidas, confeccionar programas coordinados de cría en cautividad y de reintroducción para poder seguir con esta línea de trabajos, evitar la alteración de las inmediaciones de los humedales ocupados por la especie para frenar su colmatación, prohibir la caza de focha común en las zonas húmedas usadas por la moruna y promover un programa coordinado de seguimiento y conservación con Marruecos y Portugal”, señalan desde SEO/BirdLife.

El alcaudón chico es considerada una de las especies de vertebrado más amenazadas de la Península Ibérica, pues en 2018, según el MITECO en base a los datos de la Asociación TRENCA, no había en el territorio ninguna pareja reproductora. Afectada por la agricultura intensiva y de regadío —por la “aniquilación de los pastizales estacionales” o el “envenenamiento masivo de insectos por el abuso en la utilización de plaguicidas”, por ejemplo—, así como por la “avalancha de proyectos de placas fotovoltaicas”, para la recuperación de esta especie SEO/BirdLife destaca la importancia de desarrollar tanto actuaciones directas como el manejo de la especie como indirectas, tales como las mejoras de su hábitat.

Alcaudón chico. (Daniel Bastaja/Wikimedia Commons)

También la cerceta pardilla se ve gravemente afectada por la pérdida del medio en el que vive, que ha mostrado una tendencia regresiva desde el siglo pasado. Así, la ONG propone medidas como “una adecuada gestión del hábitat en cuanto a niveles hídricos”, “controlar las poblaciones de depredadores oportunistas introducidos por el hombre en las zonas de interés de esta cerceta” o “aumentar el conocimiento biológico de la especie”, algo fundamental en materia de biodiversidad porque lo que no se conoce no se protege o no se hace correctamente.

Ejemplar de cerceta pardilla. (MITECO/Europa Press)

El urogallo cantábrico es uno de los símbolos del problema de la extinción en España. Según los datos ofrecidos por el MITECO, esta ave se localiza actualmente en una reducida zona de León y Asturias, cifrando en 209 los ejemplares en 2024, un incremento del 8% con respecto al anterior muestreo, realizado en 2019. Los esfuerzos para su conservación, por tanto, siguen siendo claves.

La especie, además, según un informe elaborado por la Universidad de León, se vio perjudicada por la oleada de incendios de este verano, que quemaron entre el 8 y el 15% del pequeño territorio que ocupa. Lo mismo sucedió con el desmán ibérico, puesto que el 17% de las subcuencas hidrográficas ocupadas por este mamífero se vio afectada por la contaminación de arroyos por las cenizas.

Urogallo cantábrico. (Europa Press)

La jara de Cartagena: de 4 a 800 ejemplares en diez años

La única planta que se encuentra dentro de la lista de especies en situación crítica en España es la jara de Cartagena (Cistus heterophyllus subsp. carthaginensis), descrita en 1904 como abundante. Según su ficha del MITECO, relativa a su consideración con tal nivel de peligro, esta planta fue declarada como extinta en 1973, pero en 1986 volvió a descubrirse en la Sierra Calderona (Comunidad Valenciana) y en 1993 en Llano del Beal (Región de Murcia), unos ejemplares que desaparecieron por un incendio en 1998. Gracias a la aplicación de riegos, se consiguió reactivar el banco de semillas del suelo y germinaron nuevas plántulas.

En 2024 se conoció que la jara de Cartagena había pasado de tener solamente cuatro ejemplares en la Región de Murcia en 2014 a 800, un ejemplo de la importancia de los proyectos de conservación y recuperación.

Jara de Cartagena. (Carme Ripollés/Europa Press)

Un parásito acabó con el 99% de las poblaciones de un molusco

La almeja perlífera gigante de río (también conocida como margaritona o náyade auriculada debido a su nombre científico, Margaritifera auricularia) y la nacra común (Pinna nobilis) también se encuentran en situación crítica en nuestro país. La primera de ellas ha pasado de tener una gran presencia en los grandes ríos de Europa occidental y África del norte a ver prácticamente desaparecida su población en casi todo nuestro continente.

Así, se estima que el 99% de la margaritona se encuentra localizado en la cuenca del río Ebro, en los tramos de Navarra, La Rioja, Aragón y Cataluña. Este molusco, que puede alcanzar los 20 centímetros de longitud, se ha visto afectado por la contaminación de las aguas, especies exóticas invasoras como la almeja asiática o su complejo sistema de reproducción, ya que necesita un pez hospedador para que sus larvas sobrevivan. Programas como el Proyecto LIFE Naturaleza han estudiado durante años distintas técnicas para su cría en cautividad.

Concha de margaritona, 'Margaritifera auricularia'. (Francisco Welter Schultes/Wikimedia Commons)

Con respecto a la nacra común, el molusco bivalvo endémico más grande del mar Mediterráneo y uno de los más grandes del mundo, en la década pasada sufrió una mortalidad masiva que ha llevado a la especie a la casi extinción en toda la costa española. Solo quedan ejemplares aislados y unas únicas poblaciones en la zona del delta del Ebro y en la del mar Menor.

Según destacan los expertos de L’Aquàrium de Barcelona, en 2016, la presencia del protozoo parásito Haplosporidium pinnae, que afecta directamente a su sistema digestivo y le provoca la muerte, provocó un brote que hizo desaparecer el 99 % de las poblaciones. Además, la destrucción de los prados de posidonia, el fondeo de embarcaciones, la contaminación del agua y la captura por parte de algunos submarinistas representan algunas de las amenazas de la especie.

Nacra común. (CARM Canal Mar Menor)

Algunos proyectos como el de ‘Salvemos las nacras, ni una nacra menos’ han tratado de conservar este molusco. La iniciativa, impulsada por el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), la Universidad de Barcelona (UB) y el Centro Mediterráneo de Investigaciones Marinas y Ambientales (CMIMA-CSIC), busca la creación de un santuario para la especie en la zona del delta del Ebro para preservar y facilitar la recuperación de las poblaciones de la nacra común en el Mediterráneo.

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