Donald Unger, el hombre que demostró que crujirse los dedos no provoca artritis: experimentó con su cuerpo durante 60 años

El ruido que se escucha no pertenece ni al hueso ni a la articulación, sino a la rotura de burbujas de gas

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Donald Unger, el hombre que
Donald Unger, el hombre que demostró que crujirse los dedos no genera artritis. (Canva)

Cuando escuchas el chasquido, ya sabes lo que es. Aunque no estés a favor de esta práctica, ya sea por grima o incomodidad, lo cierto es que todos sabemos identificar el sonido que produce el crujido de los dedos. Muchos de los haters suelen refugiarse en el mito de que esta acción perjudica a la salud a largo plazo, pero la realidad es que hay evidencia científica que lo desmiente. De hecho, el ruido que se escucha no pertenece ni al hueso ni a la articulación, sino a la rotura de burbujas de gas, principalmente dióxido de carbono y nitrógeno, presentes en el líquido sinovial, el fluido que lubrica las articulaciones

Uno de los pioneros en este descubrimiento fue Donald Unger, quien, tras una investigación de 60 años, consiguió ganar el Ig Nobel de Medicina en 2009, unos premios humorísticos que distinguen investigaciones científicas que “primero hacen reír y luego pensar”, fomentando la curiosidad por la ciencia, la medicina y la tecnología. El médico estadounidense estaba harto de escuchar, primero en su madre y después en terceras personas, que “crujirse los nudillos causa artritis”, así que decidió tomar cartas en el asunto y hacer su propio seguimiento con su cuerpo como objeto de estudio.

Durante seis décadas, se propuso chasquear únicamente los dedos de su mano izquierda, dejando la derecha intacta. Unger logró demostrar que no existe una diferencia significativa en la salud articular entre aquellos que se crujen habitualmente los huesos y los que no. Al recoger el premio en la gala de los Ig Nobel, el médico quiso agradecer a la academia “por darme mis 15 minutos de fama [...] Ahora solo me queda decidir qué quiero en mi lápida. Debería decir: ‘Aquí yace Donald Unger, que por fin ha dejado de crujir los nudillos’”.

Donald Unger, el hombre que
Donald Unger, el hombre que demostró que crujirse los dedos no genera artritis. (Canva)

Inflamación, movilidad y fuerza de agarre: ¿qué es mito y qué es real?

En 1971, un equipo del Grupo de Bioingeniería para el Estudio de las Articulaciones Humanas de la Universidad de Leeds publicó en Annals of the Rheumatic Diseases una investigación pionera en la que se analizaba el origen del sonido característico. Para ello, los científicos usaron radiografías y modelos mecánicos con las que pudieron concluir que “la formación y el colapso de las cavidades de vapor son responsables del característico ruido de crujido”. En otras palabras, el proceso, conocido como cavitación, libera un gas que se disuelve en el líquido sinovial de forma abrupta. De este modo, lo que se escucha es su explosión.

Además, según el estudio de la Universidad de Leeds, se sabe que tres cuartas partes de la energía gastada en la cavitación se libera justo en el instante del crujido. Es decir, después de cada ‘clack’, la articulación requiere alrededor de 15 minutos para que la presión y el estado del líquido sinovial retornen a su condición inicial, lo que explica por qué no puedes hacer sonar una misma articulación dos veces seguidas. Igualmente, a pesar de, que de primeras, este crujido pueda parecer un autosaboteo para la salud, hasta la fecha ninguna investigación ha mostrado “una correlación significativa entre el crujido habitual de nudillos y la presencia de artrosis de mano”, aseguró Rojeh Melikian, el cirujano ortopédico en DISC Sports and Spine Center, para National Geographic.

De esta forma, aunque “algunos estudios han indicado que los ‘crujidores’ de nudillos habituales pueden experimentar más hinchazón de la mano y una menor fuerza de agarre”, la evidencia más reciente apunta en otra dirección. Otro estudio de 2017 publicado en Hand Surgery & Rehabilitation no halló diferencias en la fuerza de agarre entre quienes crujen los nudillos frecuentemente y quienes no lo hacen, aunque sí detectó el engrosamiento del cartílago en los primeros.

El yoga combina ejercicio físico y meditación para mejorar fuerza, postura y flexibilidad. Favorece la respiración consciente, reduce ansiedad, fortalece huesos y articulaciones, mejora el sueño, la inmunidad y la salud cardiovascular, aportando equilibrio emocional y bienestar integral.

La satisfacción de su sonido

Los investigadores de este ámbito también han analizado otros aspectos más allá de la fisiología de este fenómeno. Matthew Cavanaugh, quiropráctico de Lafayette, incluso afirma en National Geographic que lo principal es que “realmente sienta bien”. La teoría que sustenta esta apreciación sugiere que el movimiento brusco puede estimular terminaciones nerviosas alrededor de la articulación, reduciendo el dolor e incluso liberando endorfinas. Sin embargo, este efecto beneficioso aún no se ha demostrado de forma concluyente.

Del mismo modo, el experto relacionó la satisfacción que sienten muchos por el sonido con la tendencia de los videos ASMR: “Hay gente que solo quiere oír el sonido del estallido. Ni siquiera consiguen la liberación física”.

Aun así, los expertos destacan que no todas las articulaciones reaccionan de la misma forma. Uno de los principales errores es proporcionar una fuerza incorrecta o un empuje en una dirección inadecuada. “Mientras sigas el movimiento normal de la articulación, es bastante seguro hacerlo”, señala Cavanaugh. De esta forma, aunque “no existe una relación aparente entre el crujido de los nudillos y el posterior desarrollo de artritis en los dedos”, como indicaba Unger, los expertos de Arthritis UK advierten: “Si tiene hinchazón o rigidez en las manos o los dedos que no puede explicar y que no desaparece en unos días, o si le duele tocarse las articulaciones, consulte a su médico de cabecera”.