
Cuando bajan las temperaturas y el horizonte se torna gris, tenemos la necesidad de darle un poco de color dentro de casa que anime cada pequeño rincón al que no llegue la poca luz solar en los meses fríos. Sin duda, una decisión completamente acertada para lograrlo sería decorar con plantas de interior que son capaces de florecer en otoño e invierno.
Una alternativa especialmente eficiente, que además tiene beneficios extra en nuestra salud, ya que no solo favorecen la ambientación estética, sino que también inciden en la calidad del aire. Pero, ¿qué variedad de especie puede adaptarse a estas condiciones? Una lista que también recoge la revista Hola lo responde.
Desde una floración colorida hasta una planta más elegante
Durante el otoño, el anturio (Anthurium andreanum) se presenta como una de las opciones más atractivas para quienes buscan color y presencia tropical. Esta planta, conocida como lengua de fuego, desarrolla brácteas de colores vivos—rojo, blanco o naranja—y una espiga central amarilla, apta para lucirse bajo luz abundante pero sin exposición directa al sol. La especie requiere riegos espaciados y humedad ambiental, características que la hacen idónea para convivir con sistemas de calefacción.

Por su parte, la gardenia (Gardenia jasminoides) es reconocida por un aroma singular y una imagen clásica. Sus flores blancas aparecen dos veces al año, incluso en los meses fríos, siempre que reciba un ambiente sin fluctuaciones bruscas y riegos constantes. Esto la posiciona como favorita entre quienes priorizan perfumes naturales en interiores y una sensación de limpieza y luminosidad.
La amarilis (Hippeastrum hybridum) ha ganado prestigio por su capacidad de florecer tras la plantación del bulbo, si se planifica con anticipación. Sus flores en forma de trompeta, de colores rojo, blanco o rosa, tienen un tamaño considerable. Sin embargo, requieren buena luz y temperaturas estables, además de un reposo postfloración para reutilizar el bulbo en la siguiente temporada.
El espatifilo (Spathiphyllum wallisii), también llamado flor de luna, figura entre las plantas más resistentes y purificadoras del aire disponibles para la vida en departamentos y espacios cerrados. Esta especie mantiene su floración todo el año, aunque siempre bajo luz suave y humedad constante. Pero sus hojas verdes y sus flores blancas no solo decoran, sino que contribuyen activamente en la reducción de contaminantes interiores.
Dentro de las especies que mejor representan la estación fría se encuentra la prímula (Primula obconica), conocida por sus flores de colores vivos—rojas, rosas, amarillas o blancas—que surgen desde mediados del invierno y se extienden hasta iniciada la primavera. Requiere un entorno fresco, alejado de radiadores, y un riego que no comprometa la salud de la raíz por exceso de agua. Estas florecillas figuran entre las especies más sencillas de mantener en recipientes pequeños, ideales para ventanas o escritorios.
Mientras, en los espacios con mayor amplitud se recomienda optar por azucenas (Lilium candidum), que sorprenden por su aroma pronunciado y flores blancas de gran tamaño. Aunque suelen florecer de forma natural en primavera o verano, en condiciones de interior bajo iluminación adecuada pueden adelantar su ciclo, posibilitando apreciar sus flores dentro de la casa durante las noches frías. El mantenimiento implica luz directa, temperaturas no extremas y riegos prudentes.
La cala (Zantedeschia aethiopica), por su parte, sobresale por sus espatas blancas o de colores intensos. Esta especie suele comercializarse ya en flor, por lo que su presencia en el hogar es más bien temporal durante las semanas invernales. Una vez culminada la floración, lo conveniente es trasladarla al exterior para asegurar el ciclo vital del bulbo.
En cuanto a la campánula (Campanula isophylla) se observa una de las especies de floración generosa en maceta. Sus flores, de tonos azulados, lilas o blancos, aportan frescura y ligereza visual a salones y dormitorios medianos. Esta variación debe situarse en lugares con luz filtrada y un riego frecuente pero cuidadoso. Terminada la floración, se sugiere cambiarla al exterior para su periodo de reposo.
Entre las plantas vivaces, la alegría del hogar (Impatiens walleriana) mantiene un porte compacto y una floración continua en interiores donde la temperatura sea estable y la iluminación indirecta. Sus flores, con una gama de colores desde rosa intenso a blanco puro, se sostienen varios meses al año. Pero son una elección frecuente en climas donde el invierno es húmedo y no demasiado frío.
Finalmente, el crotón (Codiaeum variegatum) aporta un contraste cromático mediante su follaje, más que por sus raras flores. Las hojas, con vetas en verde, amarillo, naranja y rojo, permanecen vivas en estaciones de baja luminosidad exterior. Para su correcto desarrollo necesitan ambiente húmedo y temperaturas sin cambios bruscos, lo que permite mantener decorados vibrantes en medio del invierno.
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