
Tres días después, el robo en el museo del Louvre sigue despertando un intenso debate. Por un lado, sobre cómo podría haberse evitado: todo apunta, según reconoció el propio gobierno francés, a “fallos” en la seguridad —así lo constató un informe preliminar que advirtió de deficiencias—. Por el otro, sobre qué fallos pudieron haber cometido los delincuentes, a los que la fiscal de París, Laure Beccuau, describió como un “comando” que actuó con “precisión” y “preparación”.
Fueron apenas siete minutos, a plena luz del día y en el corazón de París. Dos de los ladrones ingresaron a la galería tras abrir un hueco en el cristal de una ventana. Otros dos subieron utilizando un montacargas, vestidos como obreros con chalecos amarillos. La activación inmediata de las alarmas provocó la evacuación del museo, pero los asaltantes consiguieron huir antes de que la policía pudiera interceptarlos.
Escaparon en motocicletas de alta velocidad, transportando parte del botín en mochilas. De acuerdo con la policía francesa, se llevaron ocho piezas, aunque una de las más valiosas, la corona de la emperatriz Eugénie, esposa de Napoleón III, fue abandonada accidentalmente y hallada posteriormente en el suelo, con daños leves. En total, el botín asciende a 88 millones de euros, según las estimaciones de los expertos.
25 robos y 18 millones de dólares robados
La prensa francesa calificó el hecho como el “robo del siglo”, subrayando el impacto no solo económico, sino también simbólico, ya que las joyas sustraídas representan parte del patrimonio nacional francés. Para analizar el caso, la cadena estadounidense CNN recurrió a Larry Lawton, exladrón de joyas y actual experto en seguridad, quien cumplió varios años de prisión por robos a mano armada. Tras examinar las imágenes y los datos disponibles, Lawton consideró que, aunque los delincuentes demostraron valor y una planificación meticulosa, cometieron errores que evidencian su falta de profesionalismo.
“Han estudiado el lugar, sabían exactamente qué equipos utilizar, pero fallaron en la ejecución. Dejar caer una joya es una acción propia de aficionados. Yo nunca dejé caer una joya, en 25 robos y 18 millones de dólares robados”, afirmó.
El exdelincuente también sugirió que los autores del robo probablemente contaron con información interna del museo, ya que, sin ayuda desde dentro, habría sido imposible conocer detalles como qué ventanas estaban reforzadas, la ubicación de las alarmas y las rutas seguras de acceso y escape. “No puedes saber qué ventanas están reforzadas, dónde están las alarmas y cuál es la ruta segura sin ayuda interna. Claramente, alguien les proporcionó información precisa”, explicó Lawton a CNN.
A su juicio, la decisión de atacar en pleno horario de apertura, con el museo lleno de visitantes, revela una sangre fría notable, aunque la banda descuidó aspectos fundamentales. “Dejar rastros, perder una pieza, ser localizado por las motocicletas abandonadas, son errores de principiantes”, añadió Lawton en la misma entrevista.
El experto da tres posibles destinos de las joyas
Respecto al destino de las joyas robadas, Lawton expuso tres posibles escenarios. El más probable, según su experiencia, es que las piezas sean desmanteladas y fundidas, separando el oro y las piedras preciosas, y cortando los diamantes en fragmentos más pequeños para dificultar su identificación. “Estas piedras no son modernas, no están cortadas con láser, sino manualmente, con cincel de diamante. Son únicas, pero aun así pueden ser fragmentadas y vendidas por partes”, detalló.
Otra posibilidad es que los ladrones esperen una recompensa. En ocasiones, las compañías de seguros ofrecen sumas considerables para recuperar discretamente los objetos robados. “Si el seguro es de cinco millones, pueden ofrecer un millón de inmediato, sin hacer preguntas. Muchos ladrones esperan eso”, explicó.
La tercera opción, menos frecuente, sería que las joyas terminen en una colección privada, adquiridas por un coleccionista adinerado interesado en poseer trofeos históricos. “No creo que hayan sido contratados por alguien, pero existen personas dispuestas a pagar cualquier precio por una joya real. En este mundo, todo tiene un precio”, concluyó.
El Louvre no había sido atacado desde 1911, cuando se robó la Mona Lisa. A más de dos días del incidente, los investigadores franceses admiten que carecen de pistas claras sobre la identidad de los autores y el paradero de las joyas. Un senador francés entrevistado por esta cadena consideró “muy posible” que los ladrones y los objetos robados ya hayan abandonado Francia.
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